un mes en Laos, Malasia y Brunei, octubre 2011 (1ª parte)

Es nuestra cuarta incursión en el sudeste asiático, una zona del mundo que nos encanta por muchos motivos: la simpatía de sus gentes, una cultura totalmente diferente a la nuestra, sus increíbles paisajes con el verde más espectacular que hayamos visto, una rica gastronomía y por qué no decirlo, unos precios muy ajustados que nos permiten alargar el viaje a 35 días, el más largo de los que hemos hecho hasta ahora.

Esta vez visitaremos tres países: en la primera parte del viaje pasaremos 15 días en Laos, uno de los países más tranquilos de la zona. Recorreremos el país de norte a sur llegando hasta la zona conocida como las 4.000 islas, donde parece que se haya detenido el tiempo. De Laos saltaremos a Malasia, un país emergente con una diversidad de culturas brutal donde aprenderemos lo que es el respeto y la convivencia entre gentes de orígenes muy diversos. Pasaremos un par de semanas en el país de las Petronas, repartiendo los días entre la multicultural Kuala Lumpur, antiguas ciudades coloniales como Malaca o Georgetown y lugares como las Cameron Highlands, donde las espectaculares plantaciones de té y los trekkings por la jungla son los auténticos protagonistas. Para finalizar, pasaremos un largo fin de semana en el desconocido sultanato de Brunei, un mini-estado situado en la exuberante isla de Borneo.

Pues si hasta aquí habéis llegado y estáis interesados en visitar alguno de estos países en un próximo viaje, o simplemente os invade la curiosidad de ver cómo vive la gente por estos lugares, os invito a despegar con nosotros y leer el diario de nuestro viaje, hecho con la única intención de intentar transmitir nuestra experiencia y ayudar en algo a futuros viajeros.

martes 27 de septiembre de 2011, COMIENZA LA AVENTURA!!

Hoy empieza el viaje para nosotros, porque aunque no salimos para Malasia hasta mañana, esta noche la pasaremos en Barcelona. Y es que el vuelo de la Turkish Airlines que nos llevará hasta Estambul, donde haremos escala antes de coger el avión de Malasia Airlines con destino a Kuala Lumpur, sale mañana a las 6 de la mañana del aeropuerto del Prat. Como el vuelo sale tan temprano hemos decidido coger el último Euromed que sale de la estación de Castellón con destino a Barcelona y pasar la noche en el aeropuerto. Más que nada es porque pensamos que apenas íbamos a dormir esa noche en la ciudad Condal, teniendo que levantarnos a las 3 de la mañana para estar en el aeropuerto un par de horas antes de la hora de salida de nuestro vuelo.

Una vez más abusamos un poco de nuestro gran amigo Fabri y le pedimos que nos lleve hasta la estación de Castellón. Allí nos despedimos de él repitiendo la escena del año pasado cuando nos dejó en el mismo lugar para coger un tren, esa vez con destino a Madrid, donde cogeríamos un vuelo que nos llevaría hasta Japón (que gran país y que grandes recuerdos de aquel viaje…).

A las 20:48 h. salimos en tren dirección a Barcelona donde llegaremos a las 23:45 h después de un cómodo viaje, bocadillo de berenjenas gratinadas con queso incluido (hecho en casita, por supuesto). Cómo a esas horas ya no hay servicio de bus ni de cercanías para llegar hasta el aeropuerto, nos toca coger un taxi (36 €), lo que sin duda  supondrá el traslado terrestre, con diferencia, más caro de todo el viaje (es lo que tiene no haber previsto este punto…). Tanto el trayecto en el tren como la posterior espera en la terminal 1 del aeropuerto del Prat hasta poder facturar nuestras mochilas, lo pasamos muy entretenidos entre guías de viaje, apuntes y recomendaciones de otros bloggers, y por qué no decirlo, decidiendo un poco la ruta, ya que a esas horas aún no teníamos claro del todo lo que íbamos a hacer tanto en Laos como posteriormente en Malasia. Lo único claro que teníamos es que el último fin de semana del viaje lo pasaríamos en el desconocido sultanato de Brunei.

miércoles 28 de septiembre de 2011, AHORA SÍ QUE NOS VAMOS!!

A las 06:00 h. en punto despega nuestro avión de la Turkish con destino al aeropuerto de Ataturk (Estambul). Son 3:15 h. de cómodo vuelo en el que nos dan de desayunar. Este mismo vuelo lo cogimos en abril del año pasado cuando pasamos una semana en Estambul con nuestros amigos Rodri y Vicky, impresionante ciudad a la que nos prometimos volver alguna vez. En Ataturk tan solo tenemos que recoger nuestra tarjeta de embarque en la zona de “transfers” ya que las mochilas las hemos facturado en el Prat hasta Kuala Lumpur. Esperando la salida del vuelo de Malasia Airlines nos conectamos a internet con nuestro pequeño netbook (free wifi en todo el aeropuerto), enviamos un par de emails a nuestra gente y reservamos el B&B donde nos quedaremos a nuestra llegada a Kuala Lumpur dentro de medio mes, y es que como llegaremos bastante tarde y el aeropuerto está algo retirado de la ciudad, preferimos tener algo reservado.

A las 14:00 h. (hora prevista) despega el imponente Airbús A320 de Malasia Airlines con destino a Kuala Lumpur. Nunca habíamos volado con esta compañía, pero he de decir que tanto el avión, la atención prestada por el personal de cabina y la comida fueron exquisitos. Ahora sí que estamos “de viaje”!!, y es que tanto para Valle como para mí, cuando nos metemos en un avión de éstos un porrón de horas es cuando realmente empezamos a sentir que nos vamos lejos de casa. Son un total de 11 horas de vuelo donde nos da tiempo a comer, leer, ver películas, dormir y volver a leer, comer etc…

jueves 29 de septiembre de 2011, KUALA LUMPUR, VIENTIANE Y FIN DE UN LARGUÍSIMO VIAJE.

Aterrizamos en el aeropuerto internacional de Kuala Lumpur (KLIA) a las 05:30 h. En Kuala Lumpur existen dos aeropuertos: el Aeropuerto Internacional (KLIA) y el Low Cost Carrier (LCCT), que es donde opera la excepcional compañía malaya de bajo coste Air Asia. Hay shuttle bus entre los dos aeropuertos que los conectan en unos 20 minutos y que salen cada media hora. Como el vuelo que nos tiene que llevar hasta Vientiane es de Air Asia, después de pasar por inmigración y recoger las mochilas, cogemos el shuttle bus (2,5 RM) que conecta los dos aeropuertos. El aeropuerto LCCT fue abierto para atender a los pasajeros de las compañías de bajo coste, especialmente a los pasajeros de Air Asia. Antes de ser destinado a este uso, el LCCT fue utilizado para fines de carga. La intención es que se va a volver a este uso una vez que la nueva terminal del KLIA se inaugure en octubre de 2012.

Pues bien, nos plantamos en el LCCT a eso de las 7 de la mañana y hasta las 15:00 h. no sale nuestro vuelo a Vientiane. Barajamos la posibilidad de acercarnos hasta Kuala Lumpur pero la descartamos enseguida porque no paraba de llover y no nos apetecía estar unas cuantas horas en la ciudad con la que estaba cayendo. Eso sí, la opción “b” no era mucho más alentadora: pasar 8 horitas en otro aeropuerto. Finalmente nos decantamos por esta última y bueno, la verdad es que entre desayunar, ver una peli, consultar internet y alguna cabezada que otra se nos pasó la mañana.

El vuelo de Air Asia con destino a Vientiane despega puntual y a las 16:40 h. aterrizamos en el pequeño aeropuerto de Wattay. No me cansaré de recomendar esta eficaz compañía que opera por todo el sudeste asiático llegando incluso a Australia, Japón o Europa (Londres y París), siempre a unos precios bastante ajustados. A nosotros el vuelo Kuala Lumpur-Vientiane nos salió por 65 € i/v. Al aterrizar nos toca retrasar el reloj puesto que en Laos es una hora menos que en Malasia.

Con algo más de 600.000 habitantes, Vientiane es la capital de la República Democrática Popular de Laos, que es como oficialmente se conoce al país y su traducción al laosiano sería “ciudad del sándalo”. Aunque grande en extensión, es una ciudad tranquila en la que es muy fácil orientarse debido a su situación, en un meandro del Mekong, convirtiéndose este, como no, en el principal protagonista de una ciudad que vive volcada al gran río. El barrio conocido como Chantabuli es donde se encuentran gran parte de los edificios oficiales, los hoteles, los restaurantes y los templos históricos, siendo “el centro” de la ciudad y donde nosotros habíamos decidido alojarnos en los días que queríamos pasar en la capital laosiana.

Los trámites para obtener el visado on-arrival en el aeropuerto son sencillos, basta con entregar a los policías de inmigración el pasaporte, una fotografía tamaño carnet y pagar 35 dólares USA (no olvidar llevar unos cuantos dólares americanos puesto que no se puede pagar en otra moneda). Después de cambiar algunos euros a Kips, la moneda laosiana, salimos al exterior de la terminal de llegadas internacionales con la intención de coger un medio de transporte para llegar hasta la ciudad, situada a unos 4 kilómetros del aeropuerto. Antes de explicar la forma de llegar hasta Vientiane, comentaré que en el aeropuerto fue donde encontramos el mejor cambio de todo el país. 1 €=10800 Kips. Ojo!! que la numeración en los billetes está también en laosiano y al principio eso nos puede confundir.

Ya en el exterior del aeropuerto nos damos cuenta de que no hay buses que lleven hasta Vientiane, por lo que decidimos coger un taxi. Hay un mostrador donde se compra el billete de taxi al precio cerrado de 7 $ hasta el centro de la ciudad. La segunda opción y la más económica es cruzar el parking del aeropuerto, salir hasta la calle y parar un jumbo o un tuk-tuk, que por unos 3 dólares te puede acercar hasta el centro de la ciudad.

En cuestión de 10 minutos el taxista nos deja en la calle Manthatulat, muy cerca del río y donde se encuentran varias guesthouses económicas. Dejándonos aconsejar por otros blogs de viajes así como por la Lonely (error) miramos disponibilidad de habitación en la Saysouly GH y decidimos quedarnos allí sin mirar más porque estamos muertos después de tantísimas horas de viaje. Después nos daríamos cuenta de que por el mismo precio habían opciones bastante más decentes en el mismo barrio, pero el cansancio nos pudo y después de pagar al no muy amigable chico de la recepción las dos noches que pensábamos pasar en Vientiane, nos pegamos una ducha y nos tiramos a la cama a descansar algo. La habitación doble con AA, TV, wi-fi, nevera y baño con agua caliente nos salió por 120.000 Kips la noche, lo que sin duda supondría el alojamiento más caro de todos en los que estuvimos en Laos.

Tras descansar un rato salimos, ya de noche, y paseamos por la agradable ribera del Mekong donde hay mercadillos y puestos de comida por todos lados. La ciudad nos recuerda bastante a Phnom Penh, ciudad en la que hemos estado un par de veces y que siempre nos ha parecido interesante. La temperatura a esas horas es agradable y enseguida nos invade ese ambiente del sudeste asiático que tanto nos gusta y que nos ha traído un año más por estas tierras. Después de dar un paseo y situarnos un poco en la zona donde estamos durmiendo decidimos cenar en uno de los chiringuitos callejeros que hay junto al Wat Chantabuli. Cenamos nuestro primer plato de noodles acompañado de gambas y calamares, un plato de arroz con ternera, unos rollitos y una ensalada de papaya (especialidad del país). La comida está deliciosa y no pagamos más de 5 € entre los dos. Nuestra primera impresión del país es buena aunque a los laosianos no los encontramos tan encantadores, auténticos e inocentes como nos los habían pintado años atrás varios viajeros que nos recomendaron encarecidamente visitar el país. Supongo que Laos está empezando a despegar con la apertura del país y la cada vez mayor llegada de turistas, por lo que el desarrollo y con ello el despertar de la “pillería” con respecto al turista o viajero, como a cada cual le guste denominar, es inevitable. Esa noche nos vamos a la cama después de tomar un pancake de plátano y un shake de frutas, parte de nuestra dieta diaria en Laos.

viernes 30 de septiembre de 2011, DESCUBRIENDO VIENTIANE, UNA CAPITAL MUY TRANQUILA

Nos Levantamos a las 06:30 h. completamente repuestos del viaje. Salimos a la calle y nos recibe esa pegajosa humedad típica de esta parte del mundo. Aunque la previsión era de lluvias y ayer estaba bastante nublado la verdad es que hoy hace un día magnífico y no hay apenas nubes, eso sí, si a estas horas hace este calor, veremos a ver la que nos espera… Lo primero que hacemos es desayunar en la esquina de las calles Manthatulat y Setthathirat. Lo hacemos en el moderno “True Coffee”, una franquicia que más tarde comprobaríamos que está presente por todo el país. La verdad es que es un poco caro (café=12.000 Kips), pero tienen wi-fi y aprovechamos para obtener algo de información de Vientiane, ciudad a la que nos disponemos a hincar el diente.

 

Decidimos hacer el circuito que marca la LP (página 105 de la edición en español de febrero de 2.008), aunque por supuesto, modificado a nuestro antojo. Empezamos por la calle Setthathirat hasta llegar al Palacio Presidencial, una casona de la época colonial francesa construida para alojar al gobernador galo de la colonia. En la actualidad es usada para recepciones oficiales. Hacemos un par de fotos de los exteriores y continuamos por la amplia avenida Lan Xang, conocida como “Los Campos Elíseos de Oriente” (aunque la verdad es que no tiene mucho que ver). En la calle Bartholomle giramos a la izquierda con la intención de ver el That Dam, una de las estupas budistas más antiguas de la ciudad y que resulta estar un poco abandonada. Muy cerca de la estupa se encuentra la embajada de USA, como en todos los países, hipercustodiada. Salimos de nuevo a “Los Campos Elíseos” y subimos en dirección al Patuxai. Por el camino nos desviamos un rato y visitamos el enorme mercado de Talat Sao y el laberíntico Talat Khua Din, lugar donde vemos los primeros típicos bocadillos laosianos, hechos con paté y verduras.

Continuamos por Lan Xang y rápidamente llegamos hasta el Patuxai. Este “Arco del Triunfo” (traducción literal de su nombre en laosiano) es el monumento más característico de la ciudad y fue construido en la década de 1960 con cemento estadounidense inicialmente destinado a la construcción del nuevo aeropuerto. Hay una inscripción muy curiosa en un rincón del monumento que dice algo así como que, visto de cerca, el templo “parece aún menos impresionante, como si fuera un monstruo de hormigón”, total sinceridad la de los amigos laosianos…

Tras pagar la entrada (3.000 Kips), subimos al nivel superior por unas escaleras plagadas de tiendas de recuerdos y disfrutamos de las vistas de la ciudad. Una vez de nuevo en la calle pasamos un buen rato haciendo fotos al Patuxai desde el parque que hay en las inmediaciones y que a esa hora está plagado de turistas asiáticos (tailandeses, chinos, taiwaneses, etc…) haciendo lo mismo que nosotros. Tras la visita al Patuxai cogemos la calle That Luang y llegamos al Pha That Luang, símbolo de la religión budista y de la soberanía nacional de Laos. Esta enorme estupa dorada, considerada el monumento más importante del país, fue construida a mediados del siglo XVI por el rey Settahirat, cuando trasladó la capital del país desde Luang Prabang a Vientiane. Como ya casi es mediodía y vemos que el monumento está cerrado de 12:00 a 13:00, decidimos ir a comer algo y lo hacemos en la esquina de That Luang con la calle Nongbone. Comemos en un tranquilo restaurante unos noodles y un arroz frito con cerdo por 35.000 Kips, refrescos incluidos.

Ya con renovadas energías nos disponemos a visitar el Pha That Luang (entrada 5.000 Kips). Pasamos un rato muy agradable atendiendo las explicaciones de un simpático laosiano de avanzada edad, que en un divertido inglés nos puso al día de la construcción del monumento. También estuvimos curioseando a una pareja de novios que estaban haciéndose un reportaje fotográfico en el lugar.

Al salir del Pha That Luang estuvimos echando un vistazo a los templos de alrededor, donde hicimos unas cuantas fotos a los jóvenes monjes que allí viven y que en ese momento se encontraban leyendo, seguramente estudiando algunas de sus asignaturas. Todos los monjes sonreían al vernos y nos saludaban practicando inglés con nosotros y a todos, como no, les pedíamos permiso para hacerles alguna foto. Después de estas distraídas visitas en las que no coincidimos con ningún otro “falang” (extranjero en laosiano), decidimos regresar a la guesthouse dando un largo paseo por That Luang y por los “Campos Elíseos”.

Tras una reparadora ducha salimos a dar un paseo (ya casi de noche) por la ribera del río, disfrutando a esas horas de una agradable brisita. Nos tomamos unos shakes de frutas en el famoso “Sticky Fingers”, un restaurante de la calle Francois Nginn. En esa misma calle compramos los billetes del VIP bus (150.000 Kips) para mañana por la mañana irnos a Luang Prabang, ya que en nuestros planes no entraba pasar mucho más tiempo en Vientiane. Lo hacemos en el Hotel Mixay Paradise (habitación doble con AA, TV: 120.000 Kips), en la misma calle Francois Nginn, un lugar muy recomendable donde dormir y que desafortunadamente descubrimos un poco tarde. Comentar que en esa calle y prácticamente por todo el barrio abundan las agencias donde venden transportes a todos los lugares importantes del país y países de alrededor (léase Tailandia, Vietnam y Camboya). Vamos, que enseguida nos damos cuenta de que en Laos, al igual que en el resto de países del sudeste asiático donde hemos estado es muy sencillo desplazarse y organizar cualquier ruta sobre la marcha.

Esa noche cenamos en el coqueto restaurante Douang Devane, en la misma calle del Sticky Fingers. Probamos un exquisito “Lao Herbs Chicken”, unos rollitos y unos noodles con ternera, Beer Lao incluida por 80.000 Kips. Mientras estamos cenando comienza a llover bastante fuerte, pero afortunadamente solo dura unos minutos. Antes de retirarnos a descansar nos tomamos un shake de chocolate en el cercano “Aroma Café”, donde tienen wi-fi, por lo que aprovechamos para consultar el correo. De camino a la GH aún nos hacemos un pancake de plátano en un puesto callejero, y es que estos viajes tienen un puntito de gastronómicos…

sábado 1 de octubre de 2011, LLEGAMOS A LA MARAVILLOSA LUANG PRABANG, ESO SÍ, DESPUÉS DE 12 HORAS DE DURA CARRETERA LAOSIANA…

Ha estado toda la noche lloviendo, pero aunque por la mañana amanece nublado, no parece que de momento vaya a llover. A las 07:00 h. nos vienen a recoger a la GH en un tuk-tuk y en cuestión de 15 minutos llegamos a la estación de autobuses del norte, situada a unos 2 km. al nordeste del centro. El traslado hasta la estación está incluido en el precio del billete que pagamos ayer. En la estación lo primero que hacemos es buscar nuestro bus y dejar las mochilas en el maletero. Como todavía queda un rato hasta las 08:00 h., nos da tiempo de desayunar en uno de los bares-tienda que hay en el recinto (2 cafés laosianos y dos churros enormes: 12.000 Kips). La estación es bastante moderna y hay unas cuantas tiendas donde se puede uno aprovisionar de algo de comida y bebida antes de emprender el viaje. A esas horas hay bastante gente tanto saliendo como llegando en autobuses nocturnos desde el norte del país o algunas ciudades vietnamitas o incluso chinas.

Vemos que otros viajeros compran directamente los billetes en la estación. A nosotros nos han costado 150.000 Kips en el hotel de Vientiane donde los compramos ayer y en los mostradores de la estación los vemos a 130.000 Kips. Contando que si los compras en la estación tienes que coger un tuk-tuk para llegar hasta ella, vemos que el precio que hemos pagado está bastante ajustado.

El autobús está muy decente y solo contamos a dos parejas más de mochileros entre los pasajeros. El resto son laosianos que se dirigen a Luang Prabang, seguramente por temas de trabajo o para ver a algún familiar. Nada más salir de la ciudad nos damos cuenta de los estragos que han ocasionado las últimas lluvias en la carretera. El asfalto está bastante mal y hay tramos en el que el autobús casi tiene que detenerse porque los baches son auténticos cráteres. El viaje acaba por alargarse cerca de 12 “bacheadas” horas, en las que hacemos un total de tres paradas, dos de ellas para comprar algo de comer o beber desde la ventanilla y sin bajarse del autobús (costumbre muy del sudeste asiático) y la tercera para comer.

La comida la hacemos en plena ruta 13, pasado ya Vang Vieng, en un restaurante de carretera y el precio de la misma está incluido en el precio del billete de bus, cosa que nos sorprende agradablemente y que sin duda inclina la balanza del todo ya hacia el precio de nuestro billete con respecto al de la estación de autobuses. El viaje en sí resulta divertido, riéndonos de vez en cuando con los laosianos por las sacudidas del bus en algunos baches o por las caras que ponemos al probar algunas de las comidas que compramos durante el trayecto. El paisaje según nos vamos adentrando más hacia el norte del país es precioso. Interminables montañas de un verde intenso se suceden entre campos de arroz escalonados.

Al llegar a Luang Prabang el bus se detiene en la estación de autobuses del sur, situada a unos 2 km del centro de la ciudad. Enseguida nos ponemos de acuerdo con los otros mochileros que han venido con nosotros desde Vientiane (dos chicas francesas y dos chicos australianos) y regateamos el precio con el conductor de un tuk-tuk para que nos lleve hasta el centro de la ciudad. Lo conseguimos bajar hasta 20.000 Kips por barba aunque nos sigue pareciendo algo caro, pero bueno, estamos en Luang Prabang, el lugar más visitado del país y eso ya se empieza a notar. El conductor del tuk-tuk nos deja en el night market y allí nos deseamos suerte todos los ocupantes y nos despedimos, poniéndonos en ese mismo momento con la ardua tarea de situarse y comenzar a buscar alojamiento.

Luang Prabang es una ciudad con un centro histórico precioso. Rodeada de montañas y situada en la confluencia de los ríos Mekong y Nam Khan, es como ya he comentado antes, el lugar más turístico de Laos. Casi todos los viajeros terminan alargando unos días más su estancia en este maravilloso lugar. Y es que los largos paseos entre bonitos templos de color blanco, dorado y granate, la visión de decenas de monjes y novicios vistiendo sus túnicas color azafrán y unos cuantos sitios interesantes situados en los alrededores, hacen que merezca mucho la pena la visita a Luang Prabang. La ciudad ha sido declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, de lo que enseguida uno se percata por lo cuidado que está el centro de la ciudad así como por la restricción al tráfico pesado, cosa impensable en cualquier otra ciudad laosiana. Luang Prabang fue morada de la monarquía laosiana hasta la revolución llevada a cabo en 1975, fecha en que la capital se trasladó hasta la “fea” Vientiane. En 1981 los últimos herederos reales murieron en circunstancias un tanto “extrañas” en su destierro en la provincia de Hua Phan. El Gobierno de la RDP de Laos aún no se ha pronunciado sobre el paradero de la familia real. Los franceses, durante sus años de colonización permitieron que el país mantuviera la monarquía de Luang Prabang, trayendo incluso a obreros de otros países para levantar oficinas y mansiones, lo que dan ese aspecto “decadente colonial” que tanto impresiona cuando uno visita la ciudad.

Después de andar un rato con las mochilas por la calle Sisavangvong observando el coqueto mercado nocturno, examinamos un par de GH y finalmente nos decidimos por la Soutikone GH 1, situada en uno de los estrechos callejones que van a dar al río Mekong, muy cerca de la calle Sisavang Vatthana. La guesthouse toda de madera de teka resulta muy acogedora y después de regatear unos minutos nos dejan la habitación doble con AA, baño con agua caliente y wi-fi por 70.000 Kips. Nos acomodamos y nos refrescamos un poco y salimos a la calle principal a ver el ambiente y cenar algo.

Han sido 12 largas horas de baches y la verdad es que estamos igual de cansados que de hambrientos por lo que nuestro primer paseo por el mercado nocturno lo hacemos muy corto y rápidamente nos sentamos a cenar en el restaurante Khmut, en la misma calle del mercado.

 

En la calle Sisavangvong hay números restaurantes, todos ellos con lucecitas y muy acogedores, el sitio nos recuerda bastante a Hoi An, en Vietnam. Resultamos acertar de pleno con el sitio porque nos metemos una de las mejores cenas de todo el viaje. Degustamos unos noodles con curry y un pollo con leche de coco que nos saben a gloria. Pagamos 104.000 Kips con un par de refrescos incluidos. Después de cenar nos retiramos a la GH agotados.

domingo 2 de octubre de 2011, COMENZAMOS EL DÍA VISITANDO TEMPLOS Y LO ACABAMOS CON UNA BARBACOA MUY LAOSIANA.

Nos levantamos temprano con muchas ganas de comenzar a descubrir esta ciudad. Después de desayunar en una cafetería de la calle Sisavang Vatthana nos dirigimos al Royal Palace Museum. Enseguida nos percatamos de que esto no se parece en nada a Vientiane, encontrándonos grupos de turistas por todos lados. Vemos gente de todo el mundo pero abundan los chinos y es que parece que en estas fechas ellos tienen una semana de vacaciones. Al ser domingo el edificio del museo resulta estar cerrado pero aún así pasamos un buen rato recorriendo sus cuidados jardines y visitando el coqueto Wat Ho Pha Bang. Es un buen lugar donde relajarse un rato y está todo muy cuidado.

Al salir de las instalaciones del museo solo hay que cruzar la calle Sisavangvong y subir unas escaleras para comenzar la ascensión al Phu Si, una colina situada en el centro de la pequeña península que forman los ríos Mekong y Nam Khan. Las vistas de la ciudad y alrededores desde lo alto del Phu Si son realmente espectaculares. Comenzamos la subida y enseguida nos encontramos con el Wat Pa Huak, un templo muy pequeño con una fachada de madera tallada y mosaico espectacular. Pasamos al interior y vemos unos murales con unos colores muy vistosos. Es una pena que se encuentre en el estado de abandono que se encuentra. Seguimos subiendo y enseguida llegamos al lugar donde cobran la entrada (20.000 Kips) para llegar hasta la cima de la colina.

Tras una cómoda subida que no llega ni a diez minutillos llegamos a la That Chomsi, estupa que corona la colina. Esta estupa de 24 m de altura fue construida en 1804 y es visible desde casi cualquier punto del centro de la ciudad. Allí permanecemos un buen rato disfrutando de las vistas de Luang Prabang y haciendo un montón de fotos. No hay casi nadie con nosotros y resulta un momento de esos para recordar. Solo somos interrumpidos por los aviones de Lao Airlines que de vez en cuando aterrizan en el pequeño aeropuerto que hay al otro lado del Nam Khan y que pasan muy cerca de nosotros.

Al bajar lo hacemos por el otro lado atravesando un pequeño santuario conocido como Wat Tham Phu Si. Es curioso de ver, sobre todo una cueva donde hay una imagen enorme de un Buda también “enorme”. Terminamos el descenso y salimos a King Kitsarat, una calle que discurre junto al Nam Khan. Paseamos por esa parte de la ciudad y buscamos un sitio donde tomar un refresco. Me acuerdo en ese momento de un lugar que vi recomendado en un foro: el pub-restaurante Utopía, y que de memoria situaba por esa zona de la ciudad. Después de dar unas cuantas vueltas llegamos hasta la calle Phommatha donde vemos un cartel que indica el nombre del sitio que estamos buscando. Nos metemos por una serie de zigzagueantes callejuelas y enseguida llegamos a Utopía. Se trata de un lugar decorado de una forma muy particular: motos y otros utensilios colgados del techo, carcasas de antiguos torpedos y misiles haciendo de mesas, etc… El sitio está enfocado hacia un público únicamente “falang”. Observamos a los típicos mochileros tocando la guitarra, fumando marihuana, contándose sus largos viajes, etc… (eso sí, con el último modelo de Iphone en el bolsillo, que uno puede ser mochilero y muy alternativo pero no tiene por qué estar desconectado del mundo mundial). En fin, que aunque bastante postizo, la verdad es que el lugar es muy agradable, sobre todo por su situación y es que tiene una terracita con el suelo de bambú que da directamente al Nam Khan muy maja. Allí nos tomamos un par de shakes de frutas, como no, a un precio bastante más alto que en otros lugares de la ciudad.

Este tentempié nos ha abierto el apetito, así que salimos de Utopía y comemos en la terraza de un restaurante que hay en la calle Phommatha, justo enfrente del callejón de entrada al Utopía. Es un lugar muy agradable donde disfrutamos de unos riquísimos noodles con tofu, huevo y cerdo (50.000 Kips). Después de terminar la comida pasamos un buen rato haciendo fotos a los niños que se acercaban a un cercano puesto de crepes, mientras tomábamos un par de cafés laosianos con hielo.

Tras este descanso continuamos nuestra ruta por la ciudad. Enseguida nos detenemos para visitar los templos de Wat Wisunarat y el Wat Aham. Continuamos paseando por la calle Wisunarat y giramos a la derecha por Kitsarat hasta Sisavangvong. Nos metemos en el Wat Suwannaphumaham, donde observamos y fotografiamos a unos jovencísimos monjes trabajando la madera.

De allí salimos a la calle Khem Khong y vamos bordeando el Mekong hasta el Wat Xieng Thong, situado en el extremo norte de la pequeña península formada por el Mekong y el Nam Khan. Este templo es el más grande y el más visitado de Luang Prabang. Se construyó en 1560 y en él destaca el Sim central rodeado de varias estupas y santuarios. Una de las cosas que más nos impresionó de este templo fue la carroza fúnebre de 12 m de altura que hay en el interior de uno de los santuarios.

Durante la visita a este templo comienza a caer el sol, y ya agotados ponemos punto y final a nuestro día de templos por Luang Prabang. Antes de retirarnos a nuestra GH a pegarnos una ducha y descansar algo, mantenemos una animada conversación con Herminio y Susana, una majísima pareja de Barcelona que nos encontramos en el Wat Xieng Thong y que nos cuentan sus peripecias para llegar hasta Luang Prabang procedentes del norte de Tailandia.

Después de la ducha y ya con renovadas energías, nos damos un paseo por el mercado nocturno de camino al Lao Lao Garden, en calle Kingkitsarat. Este restaurante que habíamos visto recomendado por varios viajeros ofrece típicas barbacoas laosianas en una terraza enorme dispuesta en varias alturas. La verdad es que es un sitio muy divertido porque te haces tú mismo la cena en unas parrillas que los camareros te colocan encima de la mesa. Cenamos una enorme barbacoa de carne y verduras para dos personas y unos rollitos por 45.000 kips. Esa noche dormimos de un tirón soñando en cómo sería nuestro próximo día por Luang Prabang, esta vez motorizados, ya que nuestra intención para mañana es alquilarnos una moto y visitar los alrededores de la ciudad.

lunes 3 de octubre de 2011, MAÑANA EN LAS CASCADAS DE TAT KUANG SI Y TARDE EN BUSCA DE LA TUMBA DE MOUHOT, EL DESCUBRIDOR DE ANGKOR WAT.

Nos levantamos y le alquilamos una moto a la dueña de nuestra GH. Lo hacemos por 130.000 Kips las 24 horas, un precio bastante correcto comparado con el resto de sitios de la ciudad donde ayer vimos que alquilaban motos, y encima nos la traen a la puerta de GH. Para alquilar la moto solo nos piden el pasaporte, documento que se quedan ellos como fianza hasta que le devuelves el vehículo. Esta práctica también es habitual en el resto de países de la zona donde hemos alquilado una moto, que han sido varios. Una vez motorizados lo primero que hacemos es visitar el matutino mercado de alimentos que montan de lunes a sábado en las calles de detrás del Wat Mai Suwannaphumaham. Se trata de un lugar muy animado donde puedes ver todo tipo de “animales comestibles”. Allí mismo desayunamos un par de bocadillos de paté y verduras y un par de cafés helados.

 

Prácticamente en todas las agencias de la ciudad ofrecen el mismo paquete de excursión de un día: las cascadas de Tat Kuang Si y de Tat Sae y las cuevas de Pak Ou. Nosotros decidimos visitar las de Tat Kuang Si por haber oído anoche a unos chicos como comentaban que eran más espectaculares que las de Tat Sae, aunque se encuentran algo más lejos que estas, a unos 32 km. de Luang Prabang. Voy a intentar describir como llegar a estas cascadas desde Luang Prabang porque nosotros a pesar de consultar en la LP la ubicación de las mismas y de preguntar a un par de lugareños, dimos unas cuantas vueltas antes de encontrar el camino correcto.

Lo primero que hay que hacer para salir del centro de la ciudad es coger la calle Kitsarat y después la Setthathirat hasta el cruce con la calle Naviengkham. En este cruce giraremos a la derecha y seguiremos por la calle Naviengkham que es la que nos sacará de la ciudad en dirección sur hasta llegar al Estadio Provincial de Luang Prabang. Nada más pasar el estadio y antes de llegar a la estación sur de autobuses giraremos a la derecha y nos meteremos por una calle que va bordeando el estadio. Seguiremos unos metros por esta calle y justo cuando empieza a coger pendiente hacia arriba giraremos a la izquierda en dirección al Hospital chino. Digo lo del Hospital como referencia porque lo dejaremos a la izquierda continuando por esa carretera hasta el primer cruce que veamos en el que giraremos a la izquierda incorporándonos de esta manera a la ruta 1, que seguiremos hasta llegar a las cascadas de Tat Kuang Si. El resto del camino está ya indicado y es una sucesión de campos de arroz y pueblecitos como el bonito Ban Tat Paen.

La sensación de libertad que da la moto es brutal y el paisaje es magnífico, lo que hace que disfrutemos un montón del recorrido hasta las cascadas parando cada dos por tres a hacer fotos. Los niños de los poblados salen a saludarnos a nuestro paso y la carretera es un continuo slalom entre búfalos, pollos, gallinas, perros, patos, cerdos, etc… En cuestión de poco más de una hora llegamos a las cascadas (parking=2.000 Kips) y compramos la entrada (20.000 Kips). Desde la entrada principal del recinto solo hay que andar unos metros por un camino entre la vegetación para llegar hasta los primeros estanques que van formando los diferentes niveles de la cascada. El color del agua es espectacular pero coincidimos con un montón de turistas chinos que se están bañando en ese momento entre risas y gritos, quitándole bastante de encanto al lugar. No obstante continuamos la ascensión hasta la cascada principal donde hacemos un par de fotos y nos sentamos un rato a descansar y a disfrutar del lugar entre los grupos de chinos cada vez más numerosos que hay por allí.

Al salir del recinto y antes de llegar a la puerta principal nos detenemos un rato a contemplar el centro de recuperación de osos asiáticos que han montado en medio del bosque, justo delante del camino de subida a las cascadas y que está lleno de osos negros malayos confiscados a los cazadores furtivos. Observamos un rato el ir y venir pausado de los osos y salimos del recinto de las cascadas con la intención de parar a comer en alguno de los poblados que hay en la carretera de regreso a Luang Prabang.

Cogemos la moto, sorteamos a los ganchos de las numerosas tiendas de recuerdos y restaurantes que hay en el exterior de las cascadas y ponemos rumbo a Luang Prabang. Después de recorrer unos cuantos kilómetros paramos en un restaurante de carretera que hay muy cerca de Ban Tat Paen. El restaurante resulta ser un complejo donde tienen una recreación de un antiguo poblado khamu. Estamos nosotros solos y dos jovencísimas camareras muy simpáticas, por lo que el rato en el restaurante resulta ser muy divertido. Comemos un sabrosísimo arroz con pollo y verduras, distrayéndonos con la camada de perritos que juegan por los alrededores y que una y otra vez son rescatados a última hora por sus jóvenes dueñas cuando están a punto de meterse debajo de alguna moto que circula por la carretera. Esa estampa, unida al silencio total que se respira en el lugar, nos hace recordar que estamos en Laos, un país muy tranquilo.

Después de pasar un buen rato en el restaurante nos despedimos de las camareras y ponemos rumbo a  Luang Prabang. Como llegamos a la ciudad y aún queda una hora más o menos de luz solar, cogemos la carretera que conecta la ciudad con el aeropuerto y preguntamos en un cruce cómo llegar hasta Ban Phanom. Esta pequeña localidad situada unos 6 kilómetros al este de Luang Prabang y que descansa junto al río Nam Khan, es conocida por su algodón y su seda tejidos a mano. Pero lo que nosotros nos proponemos visitar esta tarde en Ban Phanom no es ninguna tienda de artículos de seda ni observar a los tejedores artesanales, lo que queremos hacer es encontrar la perdida tumba de Henri Mouhot, el descubridor de Angkor Wat. Mouhot falleció de malaria en Luang Prabang en 1.861 y fue enterrado junto al río Nam Khan a unos 4 kilómetros de Ban Phanom. Nosotros seguimos las indicaciones que marca la LP y encontramos el letrero que señala su tumba, pero después de andar un buen rato por senderos casi impracticables lo dejamos por imposible porque entre otras cosas se estaba haciendo de noche, no llevábamos linternas y los mosquitos eran ya de tamaño XXL.

Un poco decepcionados por el fracaso en nuestra particular aventura “Indiana Jones” del día volvemos a Luang Prabang y hacemos una última parada en el enorme Wat Phon Pao, situado en una colina desde donde hay unas magníficas vistas de la ciudad de Luang Prabang. Allí mismo, debajo de la Phra That Khong Santi Chedi disfrutamos a solas de un “sunset” espectacular. Ya de noche volvemos a la GH a pegarnos una merecida ducha.

Después de un “break” en la GH, salimos a cenar y lo hacemos en un garito que habíamos visto volviendo de las cascadas y que está situado a las afueras de la ciudad, muy cerca del Hospital chino. Allí alucinan un poco con nuestra presencia porque somos los únicos “falangs” y porque entre otras cosas no hablan ni papa de inglés. Así que entre risas y “beer Laos” pasamos la velada donde degustamos una comida laosiana muy rica y donde probamos por primera vez la carne de búfalo. Al regresar a Luang Prabang damos una vuelta por el mercado nocturno, donde ya están casi recogiendo y nos encontramos a Herminio y a Susana, nuestros amigos de Barcelona que habíamos conocido ayer en el Wat Xieng Thong. Así que acabamos una intensísima jornada entre dulcísimos shakes de oreo, contándonos nuestras particulares aventuras del día y despidiéndonos de nuestros amigos de Barcelona que al día siguiente continuarían viaje hacia el sur con el deseo de encontrarnos en algún otro lugar de Laos.

martes 4 de octubre de 2011, NUESTRO ÚLTIMO DÍA EN LUANG PRABANG: BICIS Y EXCURSIÓN POR BAN XANG KHONG Y BAN PHANOM

Hoy decidimos alquilar un par de bicis y pasear por los tranquilos pueblos de los alrededores de Luang Prabang. La ciudad nos ha gustado mucho y estamos disfrutando de nuestra estancia aquí pero queremos comenzar a bajar hacia el sur porque el día 15 tenemos un vuelo a Malasia y nos gustaría llegar hasta las 4.000 islas. Alquilamos las bicis en un puesto de la calle Sisavang Vatthana (15.000 Kips) y después de cambiar algo de dinero (1€=10.500 Kips) en una oficina de la calle Sisavangvong, nos paramos a desayunar un par de bocadillos. Recomiendo comparar el cambio de moneda en varios sitios porque en la calle Sisavangvong hay varias oficinas y la diferencia en el tipo de cambio de unas a otras es notable. Antes de salir de la ciudad compramos en una agencia de la calle Sisavangvong los billetes (80.000 Kips cada uno) de la mini-van que mañana por la mañana nos llevará hasta Phonsavan, el lugar en cuyos alrededores se encuentra la misteriosa llanura de las jarras y donde nos hemos propuesto hacer la próxima parada.

Ya con nuevas energías y con la salida de Luang Prabang asegurada nos disponemos a cruzar el puente de hierro que divide la ciudad. El primer lugar al que nos dirigimos es a Ban Xang Khong, un pequeño pueblo situado a orillas del Mekong, unos 3 kilómetros al este de Luang Prabang. En cuestión de 20 minutos estamos circulando por las calles sin asfaltar de Ban Xang Khong. Hay varios talleres de tejidos y telas y tiendas donde venden toda clase de vestidos hechos a mano. El pueblo se cruza por una calle de tierra que discurre paralela al río. Visitamos un par de templos que nos encontramos por el camino y pasamos un rato muy agradable con la gente que sale a nuestro paso a saludarnos, y es que con el calor que hace no abundan demasiados falangs en bici por el lugar.

Desde allí y preguntando a la gente que nos vamos encontrando por el camino, llegamos después de pedalear una media hora a Ban Phanom. Este pueblo es más grande y también se dedica a la industria de la seda. Aquí visitamos una sala de exposiciones con talleres de artesanía donde nos permiten ver cómo trabajan los tejedores y cual es el proceso para fabricar las prendas que luego venden. Nosotros no compramos nada pero para futuros compradores comentaré que los precios que vimos eran más baratos que los de Luang Prabang. Después de esta visita nos entró hambre y nos paramos a comer en un restaurante situado en la misma carretera que cruza Ban Phanom. La chica del garito alucinó bastante con nuestra presencia y sin hablar ni una sola palabra, puesto que no hablaba nada de inglés, nos sirvió una rica sopa de noodles y unos plátanos de postre. Y así comimos, junto a la camarera y con la televisión como protagonista, ya que en ese momento estaban emitiendo una serie tailandesa donde los zombies, búfalos fantasma y demás criaturas extrañas hacían las delicias de la chica.

El resto de la tarde la pasamos por la orilla menos conocida de Luang Prabang hasta que ya cansados de bicis, las devolvimos y nos fuimos a la GH a pegarnos una merecida ducha. Después de descansar un rato hicimos las últimas compras en el mercado nocturno y cenamos en el restaurante donde lo hicimos en nuestra primera noche en Luang Prabang. Aquí conocemos a una chica de Palma de Mallorca que está dando la vuelta al mundo y que está cenando acompañada de dos chicos argentinos con los que coincidimos durante los días que pasamos en Vientiane. En este tipo de viajes te das cuenta de que con lo grande que es el planeta y lo diferentes que somos las personas a la hora de planear o planificar nuestros viajes, al final acabamos yendo casi todos a los mismos sitios. Bueno, pues saboreando un pescado con leche de coco que estaba para chuparse los dedos y conversando con este simpático trío, acabamos nuestra estancia en Luang Prabang, un lugar que ya lo hemos hecho un poquito nuestro.

miércoles 5 de octubre de 2011, DE LUANG PRABANG A PHONSAVAN, OTRAS 7 HORAS DE CARRETERA LAOSIANA.

Nos levantamos temprano, desayunamos y esperamos en la puerta de nuestra GH al jumbo que nos llevará hasta la estación de autobuses para coger la minivan hasta Phonsavan. A pesar de que ayer en la agencia donde compramos los billetes nos dijeron que nos recogerían en nuestra GH a las 8 de la mañana, no pasan a por nosotros hasta las 8 y media, cosa muy habitual en Laos, y es que por aquí el tiempo se mide de forma diferente…

Pasamos por otros hoteles y GH para recoger a más viajeros y a las 9 en punto estamos en la estación de minivans de la ciudad, justo enfrente de la estación de buses del sur. A esas horas hay mucho jaleo y vemos como salen bastantes minivans cargadas hasta los topes de turistas con sus mochilones a lugares como Vientiane o Vang Vieng. A Phonsavan, un destino mucho menos visitado, solo vamos cuatro personas: un francés, un joven japonés y nosotros dos. Pues bien, con nuestros nuevos amigos de aventura nos disponemos a pasar 7 bacheadas horas en la “lujosa” minivan que nos llevará hasta Phonsavan por las rutas 13 y 7.

Hacemos tres paradas en una de las cuales comemos unos bocadillos. Nos llama la atención el hecho de que nada más salir de Luang Prabang el conductor de la minivan se detiene y sube a un joven laosiano que nos acompañará hasta Phonsavan. Esta práctica la veremos en casi todos nuestros desplazamientos por el país y es que en Laos un medio de transporte con asientos vacíos es un auténtico desperdicio. No hace falta decir que ese nuevo pasajero viaje de balde, mejor dicho a costa de los cuatro falangs de turno, o sea: de nosotros, del japonés y del francés. Pero bueno, por esta parte del mundo es lo normal, además, el viaje es más divertido compartiéndolo con algún laosiano simpático.

Al llegar a la estación de minivans de Phonsavan un grupo de jóvenes ganchos nos asaltan ofreciéndonos alojamiento y excursiones a los alrededores. Al no haber casi turistas en el pueblo nos ofertan todas las guesthouses a precios bastante bajos. Finalmente nos unimos con el chico francés que ha venido con nosotros desde Luang Prabang y nos dejamos llevar por el conductor de una furgoneta que nos deja en el centro y nos enseña unas cuantas GH, de manera totalmente “altruista”. Después de ver tres o cuatro alojamientos, nos decidimos por Dokkhoun GH (viene en la LP). Está situada en la calle principal y por 50.000 Kips conseguimos una habitación con agua caliente, ducha, televisión y una cama enorme con un colchón muy cómodo.

Dejamos las mochilas en la habitación y salimos a reconocer un poco el pueblo antes de que caiga la noche. Se nota que hemos subido de altitud (1.200 m) y aquí la temperatura es más fría que en Luang Prabang. Enseguida nos damos cuenta de que somos muy pocos “falangs” y que en Phonsavan, una vez cae la noche, hay verdaderamente poco que hacer. Paseamos por la calle principal por donde no paran de pasar camiones y autobuses que siguen la ruta 7 hasta la cercana frontera con Vietnam. En esta es donde están casi todas las GH y las agencias que organizan rutas por los alrededores, todas ellas a la llanura de las jarras. También alquilan motos y bicis por si el viajero se anima a realizar la ruta por su cuenta.

Phonsavan es la capital de la provincia de Xieng Khuang, compuesta por altas montañas verdes, frondosos valles e impresionantes formaciones kársticas. Esta fue la provincia más devastada por la guerra, prácticamente todas las ciudades y pueblos fueron bombardeados entre 1.964 y 1.973. Muy cerca de Phonsavan se encuentra la llanura de las jarras, un lugar misterioso sobre el que se han escrito numerosas teorías y leyendas. El caso es que diseminadas por varios prados hay docenas de enormes jarras de piedra y aún nadie ha acreditado con exactitud el por qué de la existencia de dichas jarras. Echamos un vistazo en un par de agencias y cerramos el precio en una de ellas para alquilar mañana por la mañana una moto y adentrarnos en la llanura de las jarras.

Estamos algo cansados después de la palicilla del viaje y como solo hemos comido unos bocadillos decidimos cenar e irnos a dormir tempranito. Lo hacemos en el restaurante Simmaly, situado en la calle principal muy cerca de nuestra GH. Es un lugar aconsejable, con camareras muy serviciales y platos de comida económicos y enormes. Después de cenar nos dejamos arrastrar hasta la GH y cogemos enseguida un sueño profundo mientras vemos el culebrón de moda laosiano.

jueves 6 de octubre de 2011, DE RUTA POR LA LLANURA DE LAS JARRAS ENTRE BARRO Y ALDEAS PERDIDAS.

Hoy nos levantamos bastante pronto y desayunamos donde cenamos ayer, en el “Simmaly restaurant”, muy bien de precio y con un servicio muy simpático, bananas de regalo incluidas. Una vez calmados nuestros estómagos nos disponemos a alquilar una moto con la intención de pasar el día en la llanura de las jarras. Después de preguntar precios en unas cuantas agencias de las que hay situadas a lo largo de la calle principal del pueblo, nos decidimos por “Amazing Lao Travel” situada justo enfrente de nuestra GH y pagamos 70.000 Kips por una moto para todo el día. Como el tiempo la verdad es que no acompaña, anoche decidimos pasar solo un día en Phonsavan, así que en esta misma agencia compramos los billetes para irnos mañana por la mañana en bus a Vang Vieng (minivan: 110.000 Kips). Por el mismo precio y después de insistir un rato nos dan un mapa de la zona. Así que con la moto, nuestro mapa, la LP y equipados con chubasqueros y ropa de abrigo nos lanzamos a la aventura de recorrer la llanura de las jarras y alrededores hasta que anochezca.

Bajo un cielo bastante gris que amenaza lluvia lo mires por donde lo mires salimos de Phonsavan por la ruta 10 en dirección al yacimiento número 1. La llanura de las jarras se compone de tres yacimientos que se extienden al sudoeste de Phonsavan y comprenden una zona muy amplia que se puede recorrer fácilmente en un día en moto. También es factible hacer el recorrido en bici, eso sí, dándote una buena paliza. Es muy fácil de encontrar ya que circulando por la ruta 10, a unos 10 km. de Phonsaban te encuentras con un cartel enorme indicando un desvío a la derecha con una imagen del yacimiento. Después de dejar la carretera hay un camino asfaltado que llega hasta la entrada al recinto donde hay un parking donde dejar la moto. La entrada son 20.000 Kips y dejar la moto nos cuesta 2.000 Kips.

En la oficina donde venden las entradas hay un pequeño bar donde tomarte un refresco o un café y unas cuantas fotografías y recortes de periódicos explicando la historia del lugar y mostrando visitas de ilustres paisanos al yacimiento. También hay unos enormes letreros donde avisan de las consecuencias de salirse del camino marcado ya que en la zona aún existentes restos de artefactos explosivos sin detonar.  Bajo una fina lluvia empezamos la visita que nos llevará casi una hora subiendo y bajando laderas de pequeñas montañas y haciendo unas cuantas fotos de las casi 250 jarras que hay diseminadas por el lugar. Este yacimiento es el que cuenta con el mayor número de jarras de los tres. La visita es muy agradable porque estamos prácticamente solos y a pesar de que está lloviznando el lugar tiene su gracia. Una vez dada por finalizada la visita cogemos la moto y volvemos a salir a la ruta 10 continuando dirección sur hasta los otros yacimientos.

 

El desvío al 2º y 3º yacimiento está algo más escondido, así que recorridos unos 5 kilómetros más aproximadamente hay que estar atentos a las señales para no pasarse el mismo (como nos pasó a nosotros). Una vez dejada la ruta 10 y tomado el desvío que indica la dirección a estos dos yacimientos comienza la aventura de verdad y es que ahora la carretera deja de ser asfaltada, circunstancia que unida a las últimas lluvias han convertido el camino en un auténtico barrizal por donde debemos circular con muchísima precaución si no queremos acabar de bruces en el suelo. Observando tanto el mapa que nos han dado en la agencia donde hemos alquilado la moto como el que aparece en la LP (pág. 178), nos damos cuenta de que es un recorrido enorme y circular que pasa por varias aldeas y por los yacimientos números 2 y 3.

A pesar del estado del camino y del día que hace disfrutamos mucho de esa excursión, puesto que el paisaje es chulísimo, la tranquilidad absoluta y la gente de las pequeñas aldeas que vamos atravesando es muy simpática y sale a nuestro paso a saludarnos. Y es que el contacto con la gente del lugar vuelve a convertirse en lo mejor de la jornada: jugamos con unos críos a lanzarnos una pelota de trapo, somos testigos e invitados de excepción en una especie de “fiesta-procesión” en un templo budista, etc…


Las entradas a los yacimientos 2 y 3 cuestan los mismo que el 1º pero tienen bastantes menos jarras. Nos gustó especialmente el yacimiento número 3, situado en la cima de una colina a donde se llega después de atravesar un campo de arroz y unos terrenos por donde pastan unas vacas enormes. Las vistas desde la cima son muy bonitas y merecen la pena la corta ascensión. Ya de vuelta quisimos llegar hasta la cascada de Tat Lang pero el camino estaba cortado y es que por esa zona era ya casi imposible la circulación, llegando en algunos tramos Valle a bajarse la moto e ir caminando, tocándome a mí hacer auténticos malabarismos para no acabar con la moto en el suelo.

De vuelta a Phonsavan y ya en la ruta 10 paramos a comer algo ya que era bastante tarde y estábamos con unas cuantas galletas y bananas que llevábamos en la mochila. En momentos como esos, cuando comentamos las peripecias del día tomando una sopa de noodles y una mirinda (fanta de naranja laosiana), en un garito de carretera con la botas y la moto llenas de barro y con la única compañía de la señora del bareto con una cara de relax total, es cuando te das cuenta de lo bien que estás a más de 10.000 kilómetros de casa y sin ninguna obligación más que la de decidir dónde vamos el día siguiente.

Ya casi de noche estamos de vuelta en Phonsavan y antes de entregar la moto, aprovechando la luz que nos brinda el atardecer, visitamos los dos únicos monumentos que hay en la ciudad: “el monumento a los caídos laosianos” y “el monumento a los caídos vietnamitas”. Se trata de dos enormes estupas situadas en sendas colinas al sur de la ciudad, una enfrente de la otra. Son lugares bastantes austeros y tanto en uno como en otro solo encontramos a jóvenes parejas de laosianos cogidos de la mano, haciéndose caritas y prometiéndose amores eternos de muy dudosa credibilidad. Una vez entregada la moto y después de una reparadora ducha de agua caliente nos vamos a pasear por el pueblo haciendo un poco de tiempo para cenar y es que ha sido un día bastante duro y tenemos un hambre atroz. Nos perdemos por el interesante mercado de alimentos y nos conectamos a internet en la misma agencia donde hemos alquilado la moto (1 h: 10.000 Kips) para enviar un par de correos a familia y amigos.

Esa noche cenamos en el restaurante indio “Nisha”, situado en la calle principal, muy cerca de nuestra GH. Es un sitio muy recomendable y barato, aunque no tanto como el “Simmaly”. Degustamos unos exquisitos platos del norte de la india: samosas de verduras, pollo al curry, pollo lessanikabab, dhal y de postre unos lassis y una crep de chocolate (100.000 Kips). Después de cenar nos vamos a la cama derrotados pensando ya en que nos deparará el día de mañana, nueva jornada de traslado esta vez hacia el sur, hacia la querida/odiada Vang Vieng.

viernes 7 de octubre de 2011, DE NUEVO EN LA CARRETERA. PRÓXIMO DESTINO: VANG VIENG.

Nos levantamos a las 07:00 h. y desayunamos en el restaurante indio donde cenamos anoche. Un par de lassis, unas crepes y una ensalada de frutas nos salen por 22.000 Kips. A las 09:00 h. estamos en la puerta de la GH esperando el tuc-tuc que nos llevará hasta la estación de minivans del pueblo y que también está incluido en el precio. Esta práctica, como he explicado en algún otro punto del relato, es habitual en Laos. Una vez en la estación nos acoplan en una minivan junto a una joven pareja de franceses que ha llegado hasta el sudeste asiático en bicicleta desde Marsella, el mismo chico japonés con el que llegamos a Phonsavan dos días atrás y un chico malayo que también viaja solo. Nada más salir de Phonsavan el conductor, como no, hace una “caritativa” parada y recoge a una mujer de avanzada edad que nos acompañará hasta casi nuestro destino final.

El viaje hasta Vang Vieng transcurre por las rutas 7 y 13 a través de unos montañosos y espectaculares paisajes. El viaje resulta durar unas seis horas y hacemos un par de paradas, una de ellas para comer en la tranquila localidad de Kasi. Según nos vamos acercando a Vang Vieng la carretera comienza a empeorar hasta llegar a convertirse en un auténtico “camino de cabras”. Este hecho, unido a la lluvia que comienza a caer y que ya comienza a convertirse en tormentón, seguramente sumado con el cansancio acumulado durante el eterno día de viaje hace que a cada bote que pega la furgoneta nos partamos todos de risa como si fuéramos un grupo de críos en su primera excursión lejos de casa.

Tras 6 horas de baches y paisajes de postal la minivan nos deja en la nueva estación de autobuses de Vang Vieng, ahora sí bajo un tormentón del quince. Nada más bajarnos de la furgoneta y sin apenas tiempo de coger nuestras mochilas, unos cuantos conductores de tuc-tuc nos acosan ofreciéndonos sus servicios para llevarnos hasta el centro del pueblo, distante unos dos kilómetros de la estación de autobuses. Nos decidimos por uno (10.000 Kips por barba) y montamos junto a la pareja de franceses y el chico malayo en busca de una guesthouse. Los franceses nos hablan de un alojamiento donde ellos ya han estado y que lo lleva un chico francés. Lo mejor del lugar, sin duda, es que se encuentra al otro lado del río Nam Song, algo retirado del epicentro de Vang Vieng, o lo que es lo mismo: lejos de los garitos donde decenas de falangs se ponen ciegos de cerveza y de “happys” pizzas mientras ven en pantallas gigantes de plasma episodios “refritos” de la serie “Friends”. Y es que Vang Vieng se ha convertido en eso, en un lugar de peregrinación para jóvenes anglosajones que llegan hasta aquí con el único objetivo de beber la cerveza más barata del sudeste asiático y ponerse morados de pizzas y otros platos cuyo ingrediente principal es la marihuana, el opio o las metanfetaminas. El segundo (o primer) pasatiempo de las hordas de jóvenes que hasta Vang Vieng se acercan es la de practicar el tubing por el río Nam Song. El tubing consiste en bajar parte del río sentado en la cámara de un neumático de tractor. Esta actividad ha llegado a ser tan famosa entre jóvenes mochileros de todo el mundo, que en las orillas del Nam Song se han instalado bares donde a todas horas se vende Beerlao y comida. Por todo lo anteriormente expuesto, la escena en el centro de Vang Vieng de cualquier noche es la de decenas de jóvenes en bañador y bikini, borrachos (o algo más) deambulando entre los restaurantes y el resto de falangs que hacen lo que podríamos denominar un turismo más convencional.

Pero todo esto no es solo lo que hace que la gente se acerque hasta Vang Vieng. Los paisajes de los alrededores del pueblo son de una belleza espectacular y las excursiones y trekkings por la zona son inolvidables. En busca de esos paisajes llegamos nosotros en esta lluviosa tarde de octubre hasta Vang Vieng.

El tuc-tuc nos deja justo en el puente situado al sur del pueblo y que es el único que cruza hasta el otro lado del Nam Song, que es donde se sitúan los alojamientos más tranquilos, algo separados del epicentro de la “marcha”. Nos bajamos del tuc-tuc, nos colgamos las mochilas a la espalda y todavía bajo la lluvia cruzamos el puente siguiendo a la pareja de franceses. Para cruzar el puente hay que pagar 4.000 Kips por persona, 6.000 Kips por bici y 10.000 Kips por moto.

El alojamiento al que nos llevan nuestros amigos franceses resulta ser el “Chez Mango”, un conjunto de espartanos pero preciosos bungalows situados en torno a un frondoso jardín. Los bungalows con agua caliente y baño propio salen por 60.000 Kips la noche y los que tienen el baño compartido por 40.000 Kips. “Chez Mango” está regentado por Noe, un parisino cuarentón muy cachondo y su mujer Mango, una laosiana de Vientiane. La historia de Noe y Mango es fácil de imaginar: Noe viaja de mochilero hace algunos años por el sudeste asiático y llega hasta Laos donde conoce a Mango. Cuando acaban sus vacaciones y regresa a su apartamento de París, se le cae el mundo encima y decide dejarlo todo y volver a Laos con la intención de montar un negocio. Primeramente monta un restaurante en Vientiane pero se estresa y decide huir Hasta Vang Vieng y desconectar del todo montando una guesthouse. Ahora Noe es superfeliz y como pudimos comprobar está totalmente integrado en la vida laosiana.

Después de charlar un rato con Noe y compañía, nos acomodamos en nuestro bungalow y nos tumbamos en las hamacas de la terraza esperando a que deje de llover para salir a conocer algo el pueblo y cenar. Ya de noche, salimos de la GH y damos nuestro primer paseo por Vang Vieng. Hacemos una primera batida y efectivamente comenzamos a comprobar que lo que habíamos leído sobre este lugar era cierto. Decenas de jóvenes están tirados en las terrazas de los garitos flipando todos con la serie “Friends”. Elegimos uno de los restaurantes que dan al río y cenamos mientras nos conectamos a internet con nuestro pequeño netbook.

sábado 8 de octubre de 2011, DE RUTA EN MOTO POR LOS ALREDEDORES DE VANG VIENG.

Nos despertamos en nuestro bungalow y enseguida nos damos cuenta de que ha salido el sol y de que hace un día estupendo. Desayunamos en Chez Mango una baguette con mantequilla y mermelada y le pedimos a Noe consejo para alquilar una moto, ya que nuestra intención es la de pasar el día dando vueltas por los alrededores de Vang Vieng. Nos dice que hay multitud de sitios donde poder alquilar un scooter y que un buen precio son 40.000 Kips por una scooter para todo el día. Finalmente la alquilamos en un garito que hay cerca de la GH y como Noe nos acompaña nos “regalan” un par de litros de gasolina. Noe nos deja un mapa de la zona y nos aconseja un par de rutillas. Finalmente decidimos hacer un “mix” de las rutas de Noe y de la que aparece en la LP de Laos (pag. 132, 1ª edición febrero 2008).

Como estamos al otro lado del río solo tenemos que coger un camino de tierra que sale de la misma esquina donde está la Maylyn GH y que conduce a la zona oeste de Vang Vieng, un lugar precioso lleno de campos de arroz e impresionantes formaciones kársticas, albergando unas enormes cuevas, muchas de ellas visitables. Aunque la noche pasada dejó de llover y hay un sol radiante, el camino está bastante chunguillo y lleno de unos enormes charcos que nos hacen circular muy despacio. Salimos del pueblo y circulamos por una larga recta sin asfaltar (todos los caminos de la zona son de tierra) hasta que llegamos a donde está la primera señalización, que indica las “Phu Hikam Cave”. Nos desviamos con la moto en dirección a las cuevas y el camino de pronto literalemente “desaparece” y se convierte en un auténtico pedregal. Y es que no es un camino en sí, es un río seco que está lleno de cantos bastantes grandes por donde avanzamos con la moto con mucha dificultad. Hay momentos en los que Valle se tiene que bajar de la moto para poder avanzar. En uno de los golpes de la parte inferior de la moto contra las piedras, algo se suelta y la moto empieza a hacer un ruidillo algo raro, pero continuamos circulando sin problemas.

Ya pensando que nos habíamos perdido, observamos sentado en un lugar estratégico del camino a un chaval de no más de 12 años que nos para y nos dice que nos lleva hasta la cueva y que nos la enseñará, por supuesto, previo pago de 10.000 Kips. Como ya habíamos perdido un buen tiempo circulando por ese auténtico “camino de cabras”, decidimos decirle que sí y le seguimos hasta la susodicha cueva. Una vez en los exteriores de la cueva el chaval nos deja unas linternas y nos mete por unas aperturas que hay en la pared de una montaña hasta el interior de lo que parece una estancia enorme. El lugar es alucinante, contando incluso con un buda al que los lugareños deben de venir a venerar puesto que el suelo está lleno de cera y de variadas ofrendas. Pero enseguida el chaval comienza a serpentear por el interior de la cueva, que cada vez se torna más estrecha y llena de cruces que dan acceso a otras cuevas. La verdad es que llega un momento en que nos vemos un poco perdidos y nos damos cuenta de que solo contamos con la ayuda de las linternas de “juguete” que llevamos en la mano y de la orientación de un crío de 12 años. Un poco nerviosos le decimos al chico que ya habíamos viso bastante y que nos sacara fuera de la cueva. La verdad es que que el chaval en cuestión de 5 minutos nos sacó de allí, o sea, que tan mal guía no era…  Estuvimos hablando un rato con él y nos despedimos continuando con nuestra ruta que no había hecho más que empezar.

La próxima parada la hacemos en la “Blue Lagoon”, un lugar precioso con una laguna que se forma por el ensanche de un pequeño riachuelo rodeado de campos de arroz de un verde espectacular. En este lugar tan paradisiaco hay incluso una especie de cabañitas en las que puedes descansar y tomar el sol. Dejamos la moto aparcada y nos pegamos un chapuzón en las frescas aguas de la laguna azul. En el lugar hay un chiringuito donde comemos unos noodles deliciosos (15.000 Kips el plato) y donde coincidimos con un par de mochileros mexicanos muy simpáticos. Después de un animada charla en “español” nos despedimos de esta pareja y volvemos al camino en busca de la “verdadera” Blue Lagoon, ya que esta primera es una especie de imitación, pero que está mucho más tranquila que la de verdad.

Tras continuar unos pocos kilómetros circulando por el camino principal  tomamos un desvio a la derecha, siempre siguiendo las indicaciones a la “Blue Lagoon”. Enseguida llegamos al enorme parking (10.000 Kips) que hay situado a los pies de la “Phu Kham Cave”, la cueva que está justo encima de la laguna. En este momento comienza a llover con fuerza y tenemos que resguardarnos de la lluvia en los chiringuitos que hay en el complejo. Mientras sigue lloviendo y resguardados por el espesor de la vegetación que cubre la escalera que da acceso a la cueva, subimos hasta la misma donde nos quedamos un rato contemplando una enorme figura de buda mientras esperamos a que pase la tormenta.

Como sigue cayendo una fina lluvia decidimos no bañarnos en la laguna y continuar con nuestra ruta y no hacer más paradas, puesto que van quedando pocas horas de sol y queremos hacer la ruta larga (28 km). Al poco deja de llover y disfrutamos un montón del recorrido circular que vuelve hasta Vang Vieng y que atraviesa pequeñas aldeas donde al paso de la moto salen los niños a saludarnos, teniendo todo el rato como único horizonte un paisaje kárstico espectacular.

Después de todo el día en moto y ya casi de noche llegamos a la GH, nos pegamos una ducha y nos tiramos un rato en las tumbonas de la terraza del bungalow a descansar.

Cuando ya tenemos otra vez las fuerzas a punto, dejamos la moto donde la habíamos alquilado, les damos las gracias a la pareja que lleva el local y nos cruzamos el río al pueblo a dar una vuelta, comprar los billetes para irnos mañana de Vang Vieng y cenar algo antes de irnos a la cama.

Tras comparar precios en alguna de las muchas agencias de viaje que hay en el centro de Vang Vieng, compramos unos billetes para irnos mañana al mediodía hasta Don Det, una isla del Mekong situada al sur del país, muy cerca de la frontera camboyana. Para llegar hasta allí debemos de atravesar el país entero de norte a sur y el billete incluye el vip bus desde Vang Vieng a Vientiane, el night bus desde Vientiane a Pakse, la minivan desde Pakse a Ban Nakasang y el bote desde Ban Nakasang a Don Det… un total de 19 horas de viaje.

Esa última noche en Vang Vieng cenamos en uno de los “animados” restaurantes del centro del pueblo junto a un grupo de alemanes en bañador y bikini que no paran de beber cerveza y contarse lo divertido de su experiencia del día haciendo “tubing”.

domingo 9 de octubre de 2011, DE VANG VIENG A DON DET, EL TRASLADO MÁS LARGO DE TODO EL VIAJE.

Hemos disfrutado un día entero de los alrededores de Vang Vieng y no queremos irnos de Laos sin visitar la zona de las 4.000 islas. Situada muy cerca de la frontera camboyana, esta región del sur del país es conocida con este nombre por las numerosas islas que se forman en el Mekong, que en esta zona llega a ensancharse 14 kilómetros. Si Laos es ya un país tranquilo y su gente muy pero que muy “relajada”, en esta zona llegan a su máximo nivel de “no estrés”, puesto que en este grupo de islas del río Mekong no hay nada que hacer más que pasear a pie o en bici, por los campos de arroz y por los pequeños pueblos de pescadores que hay en ellas. Con ese único objetivo nos embarcamos en un viaje de una jornada entera de duración, en el que atravesaremos todo el país de norte a sur y lo haremos en todo tipo de transportes por el módico precio de 280.000 Kips. (algo caro para la zona, pero como he comentado antes en este relato, los laosianos se están subiendo ya un poco a la parra con los precios).

Nos levantamos, cruzamos el puente y nos vamos a desayunar al pueblo. Lo hacemos en “Bakery Bar”, un lugar un poco pijo pero que tiene wifi (bastante veloz) y que permite conectarnos a la red y poder mandar así un par de emails a nuestra gente. Una vez que hemos contado a los nuestros nuestras peripecias por el norte de Laos, cambiamos algo de dinero (1 €=10.200 Kips) en una casa de cambio de la misma calle donde hemos desayunado y nos vamos a la GH a recoger nuestras mochilas. Hacemos el check-out, nos despedimos de Noe y Mango y cruzamos de nuevo el puente para esperar al tuk-tuk que nos debe de llevar hasta el vip bus que cogeremos para llegar hasta Vientiane.

A las 14:00 h. (con casi 1 hora de retraso, cosa muy normal en este país) pasan a por nosotros en un tuk-tuk y nos llevan “volando” hasta el lugar donde saldrá el vip bus. Dejamos las mochilas en el maletero del bus, nos acomodamos y nos disponemos a pasar unas nuevas 5 bacheadas horas.

A eso de las 19:00 h. y con un inesperado cambio de bus incluido, llegamos al centro de Vientiane. Nos paran justo delante de un par de restaurantes, compramos unos bocatas y nos vuelven a trasladar “volando” en un tuk-tuk hasta la estación de buses del sur de la ciudad, donde a esas horas hay un montón de “sleeping bus” calentando motores para salir hacia el sur del país y hacia Camboya.

Es la primera vez que subimos en un bus de este tipo y la verdad es que la primera impresión es buena. Es un autobús modernete al que le han quitado todos los asientos y le han puesto un montón de literas divididas en especies de compartimentos de dos plazas. Por supuesto, que para aprovechar espacio y como la media de estatura laosiana nada tiene que ver con la occidental, los colchones no son muy largos, pero bueno, la verdad es que no está nada mal. Nada más arrancar incluso nos reparten una botella de agua y unos rollitos a cada uno. Una vez que arranca el bus nos ponemos a cenar manteniendo una animada charla con los dos chicos de la litera de al lado: un andorrano y un chico de Barcelona que nos cuentan que están de excedencia y se encuentran viajando por el sudeste asiático hasta que se les acabe el presupuesto. Rápidamente nos quedamos dormidos mecidos por el suave vaivén del bus en las ahora sí, cómodas rectas de la ruta 13, carretera que nos llevará hasta Pakse.

lunes 10 de octubre de 2011, LLEGADA A DON DET, TRANQUILIDAD Y PUESTAS DE SOL ALUCINANTES.

Llegamos a Pakse a las 07:30 h. después de 11 horas, de esta vez, cómodo viaje en una litera. A futuros viajeros les recordaré que no olviden llevar un forro polar o prenda por el estilo cada vez que suban a un bus climatizado porque por estos lares el aire acondicionado lo ponen a tope y la verdad es que se llega a pasar bastante frío. A su llegada a Pakse, el bus para en la estación de autobuses VIP, en el centro de la ciudad. Allí nos da tiempo a comprar algo de comida y agua y enseguida nos distribuyen en furgonetas dependiendo del destino que tengamos: Don Khong, Don Det o Don Khon, las tres islas principales a donde suelen ir los turistas de todas las que hay en Si Phan Don (cuatro mil islas).

Don Khon, con sus 18 km de largo por 8 km de ancho es la mayor de todas ellas y es donde se encuentran los alojamientos más “lujosos” de todo el archipiélago. Don Det es a donde llegan casi todos los mochileros por su gran oferta de bungalows económicos y por el ambiente hippy que en cada rincón se respira, con lo bueno y lo malo que puede significar eso. Y por último Don Khon, que está a medio camino entre ambas islas y allí se encuentran las impresionantes cascadas de Li Phi, un conjunto de rápidos de singular belleza que se forman en el Mekong y que no queríamos perdernos. Nos decidimos por Don Det por su amplia oferta de alojamientos de bajo precio y porque se puede cruzar por un puente hasta Don Khon.

Una vez en la furgoneta nos acomodamos junto al resto de viajeros que nos acompañarían hasta Don Det y nos disponemos a pasar las últimas 2 horas de nuestro interminable viaje a través de Laos. Somos un total de 12 personas de diferentes nacionalidades y de todas las edades, porque al contrario de lo que mucha gente pueda creer, por aquí vienen hasta padres con hijos de corta edad, cosa impensable para nuestra “spanish culture”.

La furgoneta nos deja en el embarcadero de Ban Nakasang, un pequeño poblado situado a orillas del Mekong y desde donde parten los botes que van hasta Don Det y Don Khon. Hacemos un poco de cola y enseguida nos meten junto a nuestras queridas mochilas en uno de los botes. Cruzar el Mekong en un bote de popa larga al final de la temporada de lluvias es una experiencia que jamás de olvida. Las corrientes son bestiales y la pericia con la que el joven patrón surca las marrones aguas son dignas de concederle el título de Patrón de Yate (al menos). Tras poco más de diez minutos de navegación mekongniana llegamos al pequeño embarcadero de Don Det, situado junto a la Jomee GH. No para de llover y las calles de Ban Hua Det Son de tierra, por lo que la imagen del embarrado lugar en ese momento no es otra que la de un par de decenas de personas provenientes de distintas partes del mundo, con sus mochilas dando vueltas por las mismas callejuelas buscando alojamiento y dudando si calzarse chanclas o botas de treking.

Después de visitar un par de guest houses nos decantamos por Dalom GH, un “coqueto” lugar donde hay un mini bloque de apartamentos con un aspecto bastante decente y un grupo de bungalows mucho más auténticos, austeros y algo más económicos. Por supuesto nos decidimos por los Bungalows (30.000 Kips la noche) y fue un acierto porque justo en el bungalow de al lado estaban alojados Noel y Águeda, una pareja de valencianos que se han cogido un año sabático para dar la vuelta al mundo y que esos días se encontraban tomando fuerzas en Don Det. También son los autores de Samsara, un más que interesante blog donde cuentan las experiencias vividas en su extraordinaria aventura alrededor del mundo.

Ha sido un viaje muy largo el llegar hasta Don Det y la verdad es que estamos derrotados, pero como solo queremos pasar una noche en la isla (se acerca la fecha en la que cogeremos el vuelo a Malasia y aún queremos ver más cosas en Laos), nos pegamos una ducha y nos vamos a comer a la terraza de la  Jomee GH con la idea de recorrer esta tarde la isla con el beneplácito de la señora lluvia (beneplácito que conseguimos). La lluvia nos ha acompañado desde que esta mañana llegamos a Pakse, pero ahora mientras estamos comiendo a la vera del Mekong sale el sol, ese sol que en el sudeste asiático quema de verdad y que cambia el paisaje en un momento. La verdad es que el contraste entre el color marrón del río y el verde de las palmeras y los campos de arroz es de postal. Disfrutamos mucho de esa comida en el restaurante del hotel en el que nos encontramos casi solos. Degustamos unos noodles con pescado buenísimos y un pancake de chocolate y banana por 75.000 Kips.

Después de comer cogemos Sunrise Boulevard y recorremos toda la orilla este de la isla hasta llegar al puente que cruza hasta Don Khon. Cruzamos este puente, construido por los franceses en la época colonial para cruzar sus convoys ferroviarios entre islas dentro de su línea entre Saigón y Laos, y llegamos a Don Khon, no sin antes pagar los 20.000 Kips reglamentarios (tasa de cruce del puente).

Una vez en la otra isla, preguntamos a unos crios cómo llegar hasta las cascadas de Li Phi (Tat Somphamit) y nos señalan un camino que la verdad está bastante bien indicado. En las cascadas hay un complejo con varios restaurantes, tiendas de artesanía, etc…, pero ha esas horas de la tarde ya han cerrado y lo cierto es que disfrutamos casi en solitario de la vista de las cascadas. Es un lugar que merece bastante la pena visitar si se está al menos un día en Don Det o Don Khon. La mayor parte de la gente que llega hasta estas islas lo hace en un viaje organizado de un par de días desde Pakse o como parada de un par de días en su camino hacia el sur, hacia Camboya.

Volvemos a cruzar el puente y volvemos hasta la GH, esta vez por el camino que discurre por el centro de Don Det. La vista a uno y otro lado es la de campos de arroz, búfalos de agua, demás animales de granja y niños que salen a nuestro paso a saludarnos. Una vez en  Ban Hua Det Son somos testigos de una puesta de sol espectacular. Ha sido una tarde muy auténtica y relajada, la verdad es que ha merecido la pena el palizón de viaje que nos hemos pegado. Antes de llegar a la GH compramos el billete para mañana irnos a Pakse. Conseguimos un precio de 55.000 Kips por cabeza, incluido el bote para cruzar a Ban Nakasang.

Y como colofón a este gran día, después de una reparadora ducha, cenamos junto a nuestros vecinos de bungalow Noel y Águeda en el restaurante de la GH. Entre cervezas, noodles y arroz mantenemos una animada conversación en la que compartimos experiencias viajeras pasadas y futuras y en la que nos prometemos vernos algún día cuando finalicen su gran viaje, y es que vivimos muy cerquita, que casualidad habernos encontrado en Don Det. De esta forma acabamos nuestro día en Si Phan Don, un lugar que recomiendo visitar y que siempre lo recordaremos.

martes 11 de octubre de 2011, DESCUBRIENDO PAKSE.

Hoy nos vamos de Don Det. Comenzaremos nuestro viaje al norte rumbo a Vientiane, donde dentro de dos días cogeremos un avión de Air Asia para volar hasta Kuala Lumpur. Desde la capital malaya comenzaremos nuestra segunda etapa del viaje. Esa segunda parte del viaje la pasaremos en Malasia haciendo una última escapada de fin de semana a Brunei, el rico sultanato situado en la isla de Borneo. Para llegar hasta Pakse cruzaremos en un bote el Mekong hasta Ban Nakasang, donde cogeremos una furgoneta que en un par de horas nos dejará en la capital de la provincia de Champasak.

Desayunamos en el Jomee GH y volvemos a nuestro bungalow donde tenemos las mochilas preparadas. A las 11:00 h. comienzan a zarpar los botes del pequeño embarcadero que hay junto a la  Jomee GH en dirección a Ban Nakasang. Nos metemos en el primer bote y en cuestión de diez minutos estamos en tierra firme. En Ban Nakasang solo hay que acertar el bus en el que hay que meterse puesto que muchos de ellos salen en dirección a la cercana frontera de Camboya.

Una vez que sabemos cual es nuestro minibus, subimos las mochilas al techo y nos relajamos sabiendo que a pesar del calor sofocante que hace y de la falta de aire acondicionado del vehículo, solo tenemos un par de horas hasta llegar a Pakse. El trayecto resulta muy ameno porque en el mismo bus viajan una pareja de Ibiza con la que compartimos patatas fritas, galletitas pizza y unas coca colas. A las 14:30 h. llegamos a Pakse y después de dar unas cuantas vueltas buscando alojamiento, nos decidimos por el Thaluang Hotel, muy cerca de la conocida GH Sabaidee 2. Conseguimos una habitación doble con baño dentro y AA por 70.000 Kips.

Nos acercamos al animado centro comercial Champasak Plaza y comemos algo en los puestos callejeros que hay en los alrededores. Damos una vuelta por el pueblo y compramos los billetes para el sleeping bus que mañana nos llevará hasta Vientiane. Pagamos 160.000 Kips en la agencia que hay en los bajos del Royal Pakse Hotel, en la calle principal.

La intención de pasar un día en Pakse no es otra que la de visitar las ruinas de Champasak, un antiguo complejo religioso jemer. Si lo comparamos con los yacimientos de Angkor, Wat Phu Champasak es bastante más pequeño, pero su grandeza reside en las ruinas de los pabellones, en el ornado santuario dedicado al lingam de Siva y a la altura de sus árboles, que envuelven el lugar y que le otorgan un ambiente casi místico. Como las ruinas de Champasak están situadas a unos 45 kilómetros al sur de Pakse y queremos hacer el recorrido a nuestra bola y con una moto de alquiler, dedicamos gran parte de la tarde a echar un vistazo a los locales que se dedican al alquiler de motos. También cambiamos dinero (1 € = 10.600 Kips) y cuando ya ha anochecido nos sentamos a cenar en la terraza del restaurante Daolin, en la calle principal, muy cerca de nuestro hotel. Recomiendo este restaurante por la gran variedad de platos y el precio ajustado. Después de cenar nos vamos a tomar un shake al hotel Pakse. Subimos a las 6ª planta en el ascensor y disfrutamos de unas vistas muy chulas de la ciudad desde la azotea de este hotel de la época Colonial. Esa noche nos vamos a dormir pronto soñando con la ventura de mañana hasta las ruinas de Champasak.

miércoles 12 de octubre de 2011, EN MOTO HASTA EL WAT PHU CHAMPASAK, HERMANO PEQUEÑO DE LOS YACIMIENTOS DE ANGKOR.

Nos levantamos temprano y después de desayunar unos bocadillos de tortilla en el garito de enfrente del “Dao Coffee” de la calle principal, nos vamos al local que vimos ayer la moto que queríamos alquilar y firmamos el contrato de alquiler. Nos sale a 50.000 Kips todo el día, un precio muy correcto después de haber preguntado en unos cuantos sitios. La moto está nueva, funcionan todas las luces e intermitentes y además frena bastante bien, una verdadera maravilla para como suelen estar las motos de alquiler en Laos.

Le comentamos al chico que nos alquila la moto nuestra intención de llegar esta mañana hasta Champasak y le pedimos que nos deje un mapa de la zona. El joven laosiano accede, aunque lo que nos deja es un folio fotocopiado en el que apenas se distinguen carreteras y mucho menos el número o denominación de ellas. Ni mucho menos que ese triste mapa nos quita nuestras ganas de aventura, así que con ese “mapa”, la explicación de cómo llegar hasta Champasak que aparece en la LP y nuestras enormes ganas de aventura, ponemos rumbo a las ruinas jemeres más importantes de Laos.

Antes de salir de la ciudad nos damos cuenta de que hay mucho ajetreo de gente y autobuses que llegan con laosianos desde otros puntos de la provincia. Preguntamos y nos enteramos de que hoy es día festivo en Laos. Es el “Bun Awk Phansa”, día en el que los monjes salen de los monasterios después de tres meses de retiro durante la sesión de lluvias. El día se celebra con fiestas a orillas de los ríos, soltando la gente pequeños barquitos hechos con hojas de banano que transportan velas e incienso en una ceremonia llamada “Van Loi Heua Fai”. Además es la víspera del “Bun Nam”, día en el que en muchas poblaciones a orillas de los ríos, incluida Vientiane, se celebran regatas. Como mañana por la mañana llegaremos a Vientiane, después de una noche de viaje en sleepping bus, nos proponemos si nos da tiempo antes de la salida de nuestro vuelo, acercarnos hasta la orilla del Mekong a su paso por el centro de la ciudad a echar un vistazo a las regatas.

Pues bien, con nuestra flamante moto y con algo de comida y bebida en nuestras mochilas, cogemos la ruta 13 en dirección sur. Antes de salir de Pakse y justo delante del estadio, giramos a la derecha con la intención de cruzar el Mekong por el puente de aproximadamente 1 km de longitud. Llegamos a la otra orilla del río y continuamos por la misma carretera hasta que 2 ó 3 km más tarde vemos un cartel indicando un desvío a la izquierda en el que ya podemos leer “Wat Phu Champasak”. Ahora solo nos queda recorrer los cerca de 50 km que nos separan de las ruinas por una carretera de reciente inauguración que discurre paralela al Mekong. Hacemos el recorrido muy tranquilos ya que al ser festivo se ven muy pocos laosianos trabajando por el camino. Si que observamos que cada templo que pasamos, por muy pequeño que sea, está abarrotado de gente llevando sus ofrendas y yendo a visitar a los monjes. Las únicas paradas que hacemos son para saludar a niños que salen a nuestro paso corriendo y saludándonos con la mano.

Al llegar a la localidad de Champasak la carretera nueva se acaba y se convierte en un bacheado camino de cabras al más puro estilo laosiano. Atravesamos el pueblecito que da nombre a las ruinas y enseguida nos encontramos en la puerta de acceso al Wat Phu Champasak.

Paramos en las coquetas taquillas de la entrada y compramos un par de ellas (30.000 Kips). En la entrada al complejo hay un museo, además de la típica tienda de souvenirs. Cuando vuelvo a la moto me encuentro a Valle hablando con un grupo de vietnamitas que también están de turismeo y que al verla se le han acercado a practicar con ella inglés. Nos despedimos de los vietnamitas y seguimos en moto por la carretera que va hasta la entrada a lo que son ya las ruinas y donde hay un parking habilitado donde dejamos la moto.

Disfrutamos un montón de la visita al área de templos, porque aunque como ya dije anteriormente, nada tienen que ver con los de Angkor, nos resultan muy atractivos, recordándonos también a los de Bagán en Myanmar. En el nível superior pasamos un buen rato contemplando las maravillosas vistas del “baray”(las llanuras y el Mekong). Fue en ese mágico momento cuando oímos hablar español y enseguida nos unimos a un grupo de chicas de Barcelona y Granada que estaban acabando su viaje por Laos en el sur del país. Nos despedimos de ellas tras pasar un rato contándonos nuestras aventuras laosianas y nos fuimos a coger la moto. No queríamos irnos de Champasak sin visitar el museo y el cielo se estaba poniendo bastante negro. Visitamos el museo, comimos algo de lo que llevábamos en la mochila y pusimos rápidamente rumbo de vuelta a Pakse, porque el tormentón estaba ya muy cerca. De hecho nos pilló a mitad de camino y tuvimos que resguardarnos en una tienda que vimos en la carretera porque íbamos ya como una sopa.

Llegamos a Pakse y nos fuimos directamente a ducharnos al hotel. Ya con ropa seca y empapados de cultura jemer nos dispusimos, después de entregar la moto, a disfrutar un poco junto a los laosianos del “Bun Awk Phansa”. Dimos unas cuantas vueltas por las calles del centro y disfrutamos un montón presenciando coloridos desfiles y viendo como la gente soltaba globos hechos con velas.

Cuando ya se acercaba la hora de salida de nuestro bus, compramos algo de comida para cenar durante el viaje y fuimos al hotel a por nuestras mochilas. Como el centro estaba cerrado a la circulación, tuvieron que sacarnos en un tuk-tuk hasta una gasolinera de la ruta 13 donde paró el bus que venía de Camboya y al que nos subimos nosotros. Nos acomodaron en una litera junto a un chico vietnamita y una pareja laosiana. Ya expertos en esto de los sleepping bus, cenamos lo que llevábamos en la mochila y nos acomodamos como pudimos en nuestro colchón con la idea de despertarnos en Vientiane.

jueves 13 de octubre de 2011, MAÑANA EN LAOS, NOCHE EN MALASIA. ECUADOR DE NUESTRO MES POR EL SUDESTE ASIÁTICO.

Nos despertamos ya de día, después de una noche de ronquidos vietnamitas-laosianos-españoles, que no iba a ser menos yo, hombre!!. Tras 11 horas de viaje llegamos a nuestra vieja conocida estación de autobuses del sur de Vientiane. Allí nos asaltan los taxistas y los ganchos de los hoteles  y nos decidimos por coger un “jumbo” (bus con asientos de madera a los lados y medio descubierto) junto a otros laosianos hasta el centro. Pagamos 15.000 Kips cada uno. Nos deja muy cerca de donde pasamos nuestras primeras noches en Vientiane y nos vamos a desyunar al “Aroma Café”, en la calle Francois Nginn. Lo hacemos en este lugar porque recordábamos que tenía wifi y además iba bastante rápido.

Después de desayunar y consultar nuestros correos paseamos un rato por la ribera del río que a esas horas está abarrotada de puestos ambulantes y de gente. Se nota que es el “Bun Nam” porque en el río se están celebrando regatas y está lleno de barcazas decoradas con llamativos adornados. Pasamos el resto de la mañana paseando con nuestras mochilas a cuestas, hasta que ya cerca del mediodía y hartos del pegajoso calor que hace decidimos coger un tuk-tuk (20.000 Kips) hasta el aeropuerto.

Comemos en un japonés ya bajo el refrescante aire acondicionado del aeropuerto, repasando las casi dos semanas que hemos pasado por Laos. Nos hemos movido bastante, hemos visto un montón de sitios y conocido un montón de gente interesante. Nos vamos de Laos con la sensación de que en poco tiempo va a cambiar un montón y que poco a poco va a dejar de ser ese remanso de paz y tranquilidad del que tantos viajeros nos habían hablado.

El vuelo de Air Asia que nos llevará hasta Kuala Lumpur despega puntual a las 17:05 h. y en menos de dos horas nos plantamos en el Low Cost Carrier (LCCT), el aeropuerto en el que opera Air Asia en la capital malaya y auténtico centro de operaciones de la compañía. Para llegar hasta Kuala Lumpur Air Asia dispone de unos autobuses (de color rojo) conocidos como Sky-Bus. Compramos el billete en el mismo avión (9 MYR) por ganar algo de tiempo, porque el precio es el mismo que en las taquillas del hall de la terminal. Más tarde comprobaríamos que la compañía Air-Bus (autobuses de color amarillo) cuesta 8 MYR.

Bajamos del avión, pasamos por inmigración y recogemos las mochilas. Cambiamos algo de dinero (1 € = 4,19 MYR) en el mismo aeropuerto y buscamos el lugar donde salen los Sky-Bus de Air Asia y que está saliendo de la terminal a la izquierda. Los buses salen cada 30 minutos y el viaje hasta Kuala Sentral Station es de 1 hora.

Al llegar a la Sentral Station al ser ya algo tarde no hay metro ni Monorrail, por lo que la única opción de llegar hasta el B&B que hemos reservado en el centro de la ciudad es en taxi. No hay que parar a los taxis que se pasean por los alrededores de la Sentral Station, porque cobrarán un precio bastante más elevado que el precio “legal”. Lo que hay que hacer es dirigirse a los mostradores que las compañías de taxis de Kuala Lumpur tienen en la misma Sentral Station y comprar el billete.  Solo con decir la dirección a la que se desea ir, estos imprimirán un ticket y pagaremos el viaje allí mismo. Luego saldremos al exterior y el taxista nos estará esperando con el maletero abierto. Hay unas cuantas compañías, la más barata resultó ser la que tiene los coches rojos y blancos. El trayecto hasta el B&B nos costó 13 MYR.

En cuestión de 10 minutos el taxista nos paseó por el centro de KL y nos dejó en la puerta del B&B “Rain Forest”, un coqueto lugar que habíamos reservado por internet siguiendo el consejo de otros viajeros. Está situado en el denominado “Triángulo dorado”, muy cerca de las torres Petronas y del centro digamos “moderno” de la ciudad. Pagamos 70 MYR por una habitación doble con baño compartido, AA y desayuno incluído. Después de dejar las mochilas y pegarnos una ducha, cenamos en un restaurante indio que hay justo enfrente del B&B. Mientras cenamos nos empezamos a familiarizar con la nueva moneda que en las próximas dos semanas nos acompañará en nuestro recorrido por Malasia. Ya se sabe, nuevo país, nueva moneda, nuevas costumbres, etc….es lo que tiene esto de viajar y que tanto engancha. Agotados y sin haber descansado del todo la noche anterior en el sleepping bus laosiano, nada más acabar de cenar nos vamos a descansar.

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