fin de semana en Lanzarote, mayo 2011

Para este fin de semana he elegido visitar Canarias, y lo digo en primera persona porque le he dado una sorpresa a Valle después de una temporada de mucho trabajo. Es nuestro primer viaje a las “Islas Afortunadas” y lo hacemos a Lanzarote por un par de motivos: porque preferimos visitar una de las islas pequeñas y por el precio del billete de avión, y es que con Ryanair volamos desde el aeropuerto de Manises a Lanzarote por menos de 50 euros el billete. Dicen que Lanzarote es una isla diferente y ahora que la hemos visitado podemos confirmarlo. Es una lugar con unos paisajes lunares, aguas transparentes, áridas tierras y oasis de palmeras, sin duda un lugar de contrastes. Es la más oriental de las islas Canarias, solo le separan del continente africano 140 kms., identificándose por la gran cantidad de volcanes que se extienden por ella. Debido a la gran actividad volcánica de principios del siglo XVIII, la isla tiene gran parte de su superficie cubierta de malpaís (rocas erosionadas de origen volcánico).

Lanzarote, con una superficie de 845 kilómetros cuadrados y una población de poco más de 140.000 habitantes fue declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993, destacando por encima de todos sus espacios protegidos el Parque Nacional de Timanfaya.  Como dato curioso y para quienes lo desconozcan comentaré que a los lanzaroteños antiguamente se les conocía como “conejeros” debido al gran número de conejos que había en la isla, cuyas pieles se exportaban a Tenerife en el siglo XIX. Los habitantes de las otras islas todavía les llaman así.

Pues una vez hecha esta pequeña introducción y conociendo un poco más lo que es la isla, vamos allá con el relato de este apasionante fin de semana en Lanzarote:

jueves 26 de mayo: ATERRIZAJE EN ARRECIFE UNA HORA TARDE

Nuestro vuelo de Ryanair despega con una hora de retraso del aeropuerto de Manises-Valencia, por lo que aterrizamos en el pequeño pero moderno aeropuerto de Arrecife-Lanzarote pasadas la 01:00 de la madrugada tras poco menos de tres horas de cómodo vuelo. Y digo cómodo vuelo porque apenas si nos enteramos del mismo al ir viendo una peli en el netbook. Nunca me cansaré de repetir el buen provecho que estamos sacando a este mini-ordenador.

Esa noche poco nos da tiempo a hacer, únicamente recoger el coche de alquiler en el aeropuerto y llegar al apartamento que habíamos reservado en Costa Teguise. El coche lo habíamos reservado a través de la web de autoreisen, una empresa de alquiler de vehículos canaria que tiene unos precios sin competencia en las islas, y es que nos dieron un Renault Twingo para los tres días por solo 45 euros, seguro a todo riesgo y conductor adicional incluido. En un principio dudé sobre el lugar donde reservar el apartamento, barajando dos posibilidades: Puerto del Carmen o Costa Teguise, los dos núcleos turísticos principales de la isla, decantándome finalmente por la segunda localidad. Una vez allí nos dimos cuenta de que la elección fue la más acertada puesto que mientras Costa Teguise es un remanso de paz y tranquilidad, Puerto del Carmen es Guirilandia. Una Guirilandia llena de pubs, discotecas y demás garitos con la música a tope llenos de jovencitos ingleses y alemanes cervezorra en mano.

Nos alojamos en el complejo Camel’s Spring Club, donde nos dieron un apartamento genial por 25 euros al día. La reserva la habíamos hecho a través de booking, una web donde suelo reservar alojamientos por todo el mundo y que permite hacer modificaciones e incluso cancelar la reserva hasta 48 horas antes de la fecha de entrada sin coste alguno. Así que esa noche nos acostamos cerca de las 02:00 de la madrugada soñando en cómo sería el paisaje de la isla al día siguiente.

viernes 27 de mayo:  CÉSAR MANRIQUE, UN LANZAROTEÑO PRESENTE EN TODA LA ISLA

Nos levantamos temprano y desayunamos en la Panadería-Pastelería “Damien”, en los bajos de los Apartamentos Celeste, en Costa Teguise, a menos de dos minutos en coche desde nuestro apartamento. Es un rinconcito muy cuco donde puedes desayunar desde un cruasán recién hecho hasta un bocata de lo que te puedas imaginar.

Después de reponer fuerzas cogemos el coche y mapa en mano decidimos ir hacia la parte suroeste de la isla haciendo la primera parada en la “Fundación César Mánrique” (entrada 8 €), sin duda el lanzaroteño más reconocido. Para ello cogemos la Avenida del Golf y la LZ-1 hasta llegar a Tahiche, localidad donde está esta casa-fundación. En esta casa residió el artista hasta que en 1992 fue inaugurada oficialmente como “Fundación César Manrique”. El principal objetivo de esta Fundación cultural es el de contribuir a difundir la actividad artística, ocupándose cómo no de conservar, analizar y difundir la obra de César Manrique.

La verdad es que solo con ver la entrada del complejo, con ese jardín espectacular lleno de plantas exóticas, de ésas que solo florecen por la noche, y con ese contraste entre el negro de la tierra y el verde de palmeras y cactus ya te quedas impresionado. El resto de la casa es igual de espectacular, representando un auténtico ejemplo arquitectónico de perfecta integración en el paisaje, con su piscina, barbacoa, etc, o la espectacular planta inferior, formada por cinco burbujas volcánicas naturales comunicadas entre sí mediante pasillos horadados en la lava. En fin, que obras de arte incluidas, disfrutamos de esa visita mucho más de lo que esperábamos.

Desde allí, y siguiendo la carretera LZ-34 llegamos hasta la localidad de San Bartolomé. Una vez allí cogemos la LZ-20 hasta el cruce con la LZ-30, centro geográfico de la isla y lugar donde se encuentra la “Casa-Museo del Campesino y Monumento a la Fecundidad” (entrada gratuita). Se trata de una de las obras de César Manrique más cargada de referencias simbólicas. Visitamos este museo donde se pueden encontrar numerosos objetos y herramientas relacionados con la cultura insular y la agricultura, así como una exposición de maquetas a escala de las bonitas y blancas ermitas que hay diseminadas por toda la isla. Después de hacernos unas fotos debajo de la espectacular escultura denominada “Fecundidad”, dedicada al campesino lanzaroteño, cogemos de nuevo el coche y ponemos rumbo al Parque Nacional de Timanfaya, plato fuerte del día.

Desde el “Monumento al Campesino” cogemos la LZ-20 hasta llegar a la localidad de Tinajo y allí después de hacer alguna foto a su bonita Ermita de los Dolores, cogemos la LZ-67 que nos adentrará directamente hasta el interior del Parque Nacional. Nosotros, a pesar de llevar navegador en el coche, no lo usamos y es que las indicaciones tanto de los lugares de interés como de las distintas poblaciones están perfectamente colocadas en toda la isla. Quiero destacar esto y el estado de las carreteras lanzaroteñas, todas ellas perfectamente asfaltadas.

Entramos al Parque Nacional de Timanfaya desde Tinajo y  lo primero que nos encontramos es un cambio radical del paisaje, el cual se torna de color negro y donde solo se divisa lava volcánica petrificada. Realmente el paisaje es impresionante, totalmente distinto a nada que hayamos visto antes, pareciendo realmente que estemos en la Luna, por lo que constantemente paramos en la carretera a hacer fotos. Nos detenemos en el Centro de Visitantes e Interpretación de Mancha Blanca donde perdemos unos minutos y preguntamos sobre la forma de visitar el Parque. En este Centro de Visitantes se pueden contemplar distintas maquetas, pantallas interactivas o una exposición permanente donde el volcanismo y el nacimiento de las islas Canarias son los principales protagonistas. El edificio del Centro está semisumergido en la lava y está rodeado por una serie de pasarelas que “vuelan” sobre un mar de lava, lo que hace la visita bastante interesante.

Después de salir del Centro cogemos la carretera de nuevo en dirección a la entrada del Parque. La entrada son 8 €, aunque aquí aprovechamos y compramos el “Bono de 4 Centros”, que por 26 € y con una validez de 7 días permite la visita al Parque de Timanfaya-Montañas de Fuego, la Cueva de los Verdes, el Jardín de Cactus y los Jameos del Agua. Tras cruzar la barrera de entrada te encuentras dentro del Parque, donde ese paisaje volcánico que te acompaña prácticamente por toda la isla, se magnifica.

Nada más adentrarte en él te recibe el mismo diablo en forma de cartel para adentrarte en una carretera rodeada de las caprichosas formas que dejó la lava a su paso y que te hacen sentir como si estuvieses realmente en otro planeta. Esa estrecha carretera lleva hasta el parking situado en las Montañas de Fuego, lugar donde se encuentra el restaurante El Diablo y de donde salen las “guaguas” mediante las cuales se puede visitar el Parque. Es la única forma de visitarlo ya que afortunadamente la visita por libre no está permitida lo que es de agradecer porque si así fuera el paisaje no sería el mismo y seguramente el paso del hombre lo habría deteriorado.

En nuestra visita en guagua pudimos disfrutar del maravilloso paisaje que se muestra mientras una locución nos informa en español, ingles y alemán de la historia del lugar y como aconteció la erupción que transformó la isla de Lanzarote. El recorrido va haciendo varias paradas en las que se aprecian y se pueden fotografiar lugares tan bonitos como el islote de Hilario o el valle de la Tranquilidad. Tras unos 45 minutos de recorrido y otra vez de nuevo en el parking, asistimos a una demostración del calor que desprende esta tierra a modo de géiser, comprobando lo calientes que pueden estar las pequeñas piedras volcánicas del suelo. Otro de los atractivos turísticos de este parque es el recorrido en camello pero no os puedo informar porque nosotros ni nos acercamos. Creo que para un visitante a Lanzarote es ineludible esta visita que como decía antes te hace sentir como si estuvieras en otro planeta y que es de esos lugares mágicos y difíciles de olvidar.

Tras salir del Parque Nacional seguimos por la LZ-67 y tras una espectacular recta de unos 3 kms. en la que conduces entre lava volcánica de un negro intenso llegamos a la coqueta localidad de Yaiza. Allí, como ya es algo tarde, preguntamos a unos vecinos por un sitio donde podamos comer platos canarios pero que no sea excesivamente turístico. Estos nos comentan que es algo tarde (eran las 15:30 h), pero que siempre podemos comer unas buenas tapas o raciones de la tierra en el bar Stop, frente a la iglesia del pueblo.

Este bar resulta ser una especie de taberna de esas que se conservan como estaban hace un montón de años donde ofrecen comida típica canaria a un precio inmejorable, vamos, de esos sitios que te hacen pensar en volver otro día, cosa que nosotros cumplimos al pie de la letra. La verdad es que nos pusimos morados de cerdo en adobo, tortilla de papas, ropa vieja y frangollo y solo pagamos 16 euros bebidas y postres incluidos. Vamos, es un sitio muy recomendable si se quiere probar verdadera comida del lugar huyendo de los típicos restaurantes enfocados únicamente a turistas, eso sí, si a uno no le importan las estrecheces ni los sitios austeros y sencillos.

Desde Yaiza cogemos la LZ-704 en dirección a El Golfo, un pueblecito lleno de restaurantes de pescado frente al mar. Allí nos tomamos un café y mantenemos una animada conversación con la joven camarera que nos pone al día de la visita que hicieron Almodóvar y su equipo al restaurante hace 3 años, y es que en este lugar se inspiró el director manchego para crear la película Los Abrazos Rotos. Hay localizaciones de la película en lugares como el Mirador del Río, La Geria, Famara o en la misma Fundación César Manrique, vamos que se recorrieron la isla entera.

El principal atractivo de esta pequeña localidad costera sin duda es la laguna de color verde que ocupa el fondo del semicírculo de los restos del volcán que erupcionó allá en 1730. Su color verde se debe a las algas que habitan en su superficie. El mar pasa por medio de los restos del cráter formando una playa de arena negra que contrasta con el verde del lago, comunicándose con este por medio subterráneo. El lago fue declarado Reserva Natural, por lo que la zona está acotada y el baño por supuesto prohibido. Es otro lugar espectacular que no hay que perderse.

De allí y bajando por la costa suroeste de la isla por la LZ-703 pasamos por otros puntos de interés de la isla como los Hervideros o las Salinas de Janubio. El primero de ellos se trata de una zona de acantilados volcánicos donde se han formado cuevas en las que las olas del mar rompen sin parar, a las que se accede por un sistema de pasarelas. Las Salinas de Janubio representan un hábitat característico y representativo, cuya importancia ha sido reconocida por la Unión Europea, al incluirlo en la red de zonas de especial protección para las aves (ZEPA).

Tras estas dos visitas seguimos conduciendo en dirección al Parque Natural de los Ajaches, situado en el punto más suroriental de la isla, con la intención de pasar el resto de la tarde tumbados en alguna de las playas que conforman este Parque. Desde las Salinas de Janubio hay que coger la LZ-2 en dirección a Playa Blanca y justo al entrar a esta localidad ya vemos indicaciones para Los Ajaches y su playa estrella, la Playa del Papagayo. Aunque a la entrada del Parque hay una caseta con un par de guardas, no sé si debido a la hora que ya era o al no estar en temporada alta, no nos hacen pagar. Nos metemos con el coche por un polvoriento camino de tierra de unos 3 kms. que conduce sin ningún riesgo de pérdida hasta un gran parking desde donde se puede acceder a las cuatro playas que integran este Parque Natural: Playa del Papagayo, Playa Mujeres, Playa del Pozo y Playa de Puerto Muelas. Nosotros nos decantamos por la primera y allí pasamos un buen rato tumbados en una fina arena dorada con una bonitas vistas de la isla de Fuerteventura al fondo.

Después de intentar bañarnos en sus aguas de un bonito color turquesa y desistir en el intento por lo frías que están las mismas, (quizás nos hayamos malacostumbrado a la temperatura de nuestras playas de Benicàssim) decidimos regresar al apartamento a pegarnos una ducha antes de ir a cenar. Lo hacemos por la Avenida Femés hasta llegar a esta localidad desde donde hay unas espectaculares vistas de la punta suroriental de la isla con Fuerteventura al fondo.

Desde Femés cogemos la LZ-702 hasta la localidad de Uga, donde enganchamos la carretera LZ-30 que nos llevará hasta Teguise pasando por la zona conocida como La Geria. Se trata de otro Parque Natural en el que destaca la singularidad de su paisaje volcánico. Fue aprovechada para la plantación de vides y la producción de vino, por lo que hay unas cuantas bodegas diseminadas a lo largo del tramo de carretera que va desde Uga a Mozaga. El paisaje es muy bonito y constantemente se observan las vides plantadas en forma de conos protegidas por pequeños muros de piedra. Como dijo el chico alemán de la recepción de nuestro apartamento: “si no has visto La Geria, no has estado en Lanzarote”.

Conducimos hasta nuestro apartamento y tras una reparadora ducha después de un día agotador decidimos ir a cenar a Teguise, antigua capital de la isla. Tras dar una cuantas vueltas cenamos en el restaurante “Casa Cristóbal”, en las afueras del pueblo en dirección a Arrecife. Esa noche cenamos de nuevo platos genuinamente canarios: pimientos rellenos de cherne, vieja a la brasa con papas arrrugás y de postre bienmesabe. De solo recordarlo se me hace la boca agua, con eso creo que queda todo dicho. Así, con el estómago llenito, nos fuimos a dormir pensando en cómo sería el norte de la isla, zona que habíamos reservado para el día siguiente.

sábado 28 de mayo: CUEVAS CON SORPRESA Y COMIDA ESPECTACULAR EN ARRIETA

Nos levantamos totalmente repuestos y con ganas de conocer el norte de la isla. Esa mañana cogemos el coche con la intención de desayunar en el camino y lo hacemos en Tahiche, en una panadería con muy buena pinta en la misma travesía del pueblo.

De allí cogemos la LZ-1 en dirección norte y hacemos la primera parada en el Jardín de Cactus situado en plena carretera en el municipio de Guatiza. Aparcamos el coche en la gran explanada que hay fuera y aprovechamos que es pronto y aun no hay ningún autobús de turistas por la zona. Como habíamos comprado el bono el día anterior en las taquillas del PN de Timanfaya entramos sin tener que sacar ninguna entrada.

El acceso al recinto es de lo más espectacular del sitio puesto que está diseñada de forma que “oculta” la visión interior hasta que no se cruza la puerta donde están las taquillas, provocando un efecto sorpresa al visitante al encontrarse de repente con una visión panorámica de todo el recinto.

El lugar presenta una estructura circular tipo anfiteatro, formando una especie de gradas donde se exhiben los diferentes tipos de cactus. El lugar nos gustó bastante y pudimos contemplar cactus de todos los tipos y tamaños, provenientes de recónditos lugares como Madagascar o Perú.

Después de esta interesante visita continuamos por la LZ-1 dirección norte pasando las localidades de Mala, Arrieta y Punta Mujeres hasta llegar a los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes. Estos dos puntos de interés de la isla se encuentran muy cerca el uno del otro, junto a la carretera LZ-1. Hacemos un intento de visitar ambos pero tanto uno como el otro se encuentran en esos momentos a rebosar de gente y es que son de los sitios más turísticos de la isla. Por lo tanto decidimos meternos hacia el interior y visitar Haría, principal localidad norteña y lugar donde está enterrado César Manrique.

De la Cueva de los Verdes cogemos la estrecha carretera dirección a Haría que llega a salir a la LZ-201. Allí continuamos en dirección al Mirador del Río hasta desviarnos por la LZ-204 hasta la localidad de Ye. Desde este pueblecito sale una calle que lleva directamente al Mirador del Río. Desde este punto, situado a 475 m. de altitud, en la zona más septentrional de la isla, se puede observar el islote de La Graciosa, con los ferrys entrando y saliendo de su pequeño puerto con dirección al puerto de Órzola, lugar desde donde se comunica Lanzarote con La Graciosa.

Tras hacer unas cuantas fotillos del lugar retrocedemos hasta Ye y cogemos la LZ-201 poniendo rumbo ahora sí a Haría.  Por el camino pasamos las tranquilas y blanquísimas poblaciones de Guinate y Máguez y es que todos los pueblecitos que pasamos parece que estén recién encalados. Al llegar a Haría nos damos cuenta de que es una población más importante que las que acabamos de pasar y es que su centro está muy ambientado con una especie de mercadillo y con terrazas a rebosar de gente. Aparcamos el coche, nos damos una vuelta y nos sentamos a tomar algo en una animada terraza. Como ya son cerca de las 13:00 h. decidimos bajar hasta los Jameos del Agua para realizar esta visita y después de comer acercarnos hasta la Cueva de los Verdes.

Acertamos de pleno porque hicimos la visita a los Jameos prácticamente solos. Los Jameos del Agua se localizan en el interior de un túnel volcánico producido por la erupción del cercano volcán de la Corona. Deben su nombre a la existencia de un lago interior en el que habitan los famosos jameítos, que son unos cangrejos ciegos de color blanco debido a la falta de pigmentación provocada por la oscuridad de la gruta.

Al lugar se accede por el “jameo pequeño”, lugar donde se encuentra la laguna interior con sus jameítos y desde allí se accede al “jameo grande” donde de repente te das de bruces con un exuberante jardín donde florece una sorprendente vegetación de palmeras, cactus e higueras que rodean una espectacular piscina blanca de aguas de un azul muy intenso. El lugar se completa con un impresionante auditorio incrustado en el interior de una gruta volcánica.

Al salir del parking de los Jameos vemos a un vigilante y nos acercamos a él preguntándole por un sitio para comer en los alrededores, puesto que después de comer nuestra intención es visitar la Cueva de los Verdes. El hombre muy simpático, como el resto de los lanzaroteños con los que tuvimos contacto durante todo el fin de semana, nos indica un restaurante del cercano municipio de Arrieta. Así que haciéndole caso nos dirigimos hasta esta tranquila localidad costera de unos 300 habitantes.

El restaurante en cuestión resultó ser el “Amanecer”, situado en la calle La Garita, 46. La experiencia en este lugar fue tan sublime que tanto Valle como yo coincidimos que fue unos de los “high ligths” del viaje. El restaurante estaba a rebosar de  lanzaroteños y tuvimos que esperar un buen rato para sentarnos, pero la espera valió la pena, y tanto que valió la pena, porque el trato de la familia que lo lleva fue de 10 y la comida, ayyyyyy la comida, la comida fue de 11.

Nos metimos para el cuerpo unos entrantes de pulpo a la plancha y un queso fresco lanzaroteño buenísimos y como plato principal pedimos una corvina y un atún en adobo que se salían del plato, acompañados de unas papas arrugás que quitaban el “sentío”. Y como colofón nos pedimos un bienmesabe para compartir y nos pusieron una copa enooooorme, de la cual, por supuesto, no dejamos ni una miaja. Y de precio genial, porque apenas pagamos 30 € por todos estos manjares. Vamos, que salimos de allí más contentos que unas castañuelas con la intención de ver la Cueva de los Verdes.

Llegamos a la Cueva de los Verdes a las 16:50 h., justo 10 minutos antes de la última visita, y es que estas son guiadas, y si llegas tarde simplemente ya no puedes entrar. Aprovecho para recordar a todos los viajeros que miren los horarios de los lugares a visitar, cosa que a nosotros se nos olvidó completamente entre papas arrugás, pulpo a la brasa y filetes de corvina. La visita a la Cueva, que no es otra cosa que un túnel volcánico del que hay abierto un tramo de 2 kms. al público, se hace muy amena con las explicaciones de la simpática guía, todo ello acompañado de una música mística que hace la visita muy emocionante. Ah!, se me olvidaba, la visita incluye una sorpresa final que el lector que haya estado ya la conocerá y que desde aquí por supuesto no desvelaremos.

Después de esta amena visita cogemos el coche y circulamos de nuevo por la LZ-1 en dirección norte con la intención de realizar una rápida visita a la localidad de Órzola, la más septentrional de Lanzarote. Desde aquí, como he dicho antes, salen los ferrys con destino al cercano islote de La Graciosa. Tras una rápida visita a Órzola nuestra intención, antes de que se ponga el sol, es acercarnos hasta la Playa de Famara, situada al pie del Risco de Famara, en el oeste de la isla. Para ello, y desde Órzola, cogemos la LZ-204 y la LZ-201 hasta Haría. Desde allí cogemos la LZ-10 hasta Teguise. Una vez pasado Teguise hay que coger la LZ-402 que lleva directamente hasta Famara. De todas formas y como comenté antes, no hay que preocuparse porque las carreteras están perfectamente señalizadas.

Llegamos a Famara justo cuando comienza a atardecer por lo que el paisaje de la playa con el Risco de Famara al fondo y los surferos cabalgando las olas es realmente precioso. Después de estar un buen rato en la playa, y ya casi de noche, nos volvemos al apartamento a pegarnos una ducha antes de ir a cenar. Esa noche decidimos ir a cenar a Puerto del Carmen, localidad turística por excelencia de la isla y lugar que no nos termina de convencer mucho por lo excesivamente enfocada al turista que está. Debido a la opípara comida que nos habíamos pegado en Arrieta, únicamente nos tomamos unos helados paseando por el centro de Puerto del Carmen.

De regreso a Costa Teguise planificamos la ruta del día siguiente, último día de nuestra estancia en Lanzarote.

domingo 29 de mayo: MERCADILLO DE COSTA TEGUISE Y ÚLTIMA COMIDA CANARIA

Después de desayunar en la pastelería del primer día hacemos el check-out en el apartamento y nos despedimos del simpático joven alemán de la recepción. Aconsejados por guías y foros que habíamos leído ponemos rumbo a Teguise, antigua capital de la isla y lugar donde los domingos se celebra el mercadillo más grande de toda la isla. Nada más llegar a esta bella localidad de casas encaladas nos percatamos de las dimensiones de su mercadillo dominical, ya que todo el pueblo se encuentra cerrado al tráfico rodado, habilitando una serie de parkings en los accesos al pueblo. Dejamos el coche en uno de estos parkings (1,50 €) y pasamos un buen rato paseando por el pueblo y haciendo algunas compras.

Como a las 16:40 h. despega el vuelo que nos llevará de vuelta a Valencia y no queremos perder el avión, decidimos poner rumbo a Yaiza con la intención de comer en el bar Stop, la taberna donde comimos el viernes. De camino a Yaiza, paramos por Arrecife, Tías y Puerto Calero, haciendo unas rápidas visitas de estos tres lugares. En Yaiza damos un paseo por su plaza mayor, haciendo varias fotos, y es que este pueblo nos ha encantado. Comemos de nuevo unas típicas raciones canarias y mirando de reojo el reloj cogemos el coche en dirección ya al aeropuerto de Arrecife, poniendo de esta forma fin a nuestro fin de semana lanzaroteño.

Pasamos gran parte del vuelo de regreso divagando sobre el destino de la próxima escapada que queremos hacer a finales de mes aprovechando una festividad local en Castellón. Algún país de la antigua Yugoslavia suena con fuerza…

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2 comentarios

  1. Laura

    Hola,
    Somos tres personas que hemos pensado en ir 1 semana en noviembre a lanzarote y luego pasar con el ferry a fuerteventura unos dias más, era por si me podias decir a parte de vuestro blog algun otro de donde sacasteis información. También preguntaros si al alquilar el coche había algunas condiciones para pasar con el ferry a otra isla.
    Felicidades por vuestra página y muchisimas gracias.

    9 septiembre, 2012 en 10:09

    • Hola Laura,

      Me alegro que te guste nuestro blog y que el relato de Lanzarote te ayude en algo a preparar tu viaje. Yo saqué información para el viaje en el foro de Lonely Planet en español. No recuerdo si había condiciones para pasar el coche a Fuerteventura, pero lo puedes consultar en la web de Autoreisen, sin duda el alquiler más barato que encontré.

      Un saludo y disfrutad de Lanzarote que es una isla muy especial.

      11 septiembre, 2012 en 11:34

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