fin de semana en Bilbao y costa vasca, abril 2011

Conseguimos unos días libres en Semana Santa en los que coincidimos los dos y decidimos escaparnos a algún sitio. Como sólo son tres días y con los precios a los que se ponen los vuelos en estas fechas, optamos por hacer una escapadilla por España y lo hacemos a Bilbao, una ciudad que nunca hemos visitado. Aunque en principio el único objetivo del viaje era visitar el Guggenheim y conocer algo la capital vizcaína, gracias a la ayuda de nuestra amiga viajera Marta, una bilbaína muy simpática que conocí a través del blog, podemos conocer algo más tanto de la costa vizcaína como guipuzcoana, y es que Marta nos diseña un fin de semana intenso pero completísimo, vamos, a la medida de dos “nervios” como nosotros. Así que un lluvioso viernes de abril echamos un par de maletas pequeñas al maletero del coche y ponemos rumbo al norte.

viernes 22 de abril: LLEGAMOS A BILBAO Y NOS ENCONTRAMOS CON UN CHULETÓN DE 800 GRS. ¡ESO ES UN BUEN COMIENZO!

Son las 7 de la mañana y suena el despertador en la habitación. En cuestión de minutos ya estamos preparados para salir pitando para Bilbao, y es que en el plan de viaje que nos ha diseñado Marta, debemos llegar a comer a Bilbao a un Txacolí que nos ha recomendado. Un Txacolí, además de ser el famoso vino blanco producido sobre todo en Euskadi, es un restaurante tipo asador muy típico en Vizcaya y donde más tarde comprobaríamos que se come de vicio. Es Viernes Santo, por lo que esperamos que el resto del mundo se encuentre bien en su lugar de vacaciones o en su casa descansando de ver procesiones, vamos, que no entra en nuestros planes encontrarnos mucho tráfico en la carretera. Con ese propósito salimos de Benicassim, dejando atrás una persistente lluvia y cogemos la A-23 dirección Zaragoza. En la circunvalación de la capital de Mañolandia nos incorporamos a la AP-68, autopista (de peaje) que no dejaríamos hasta Bilbao. Un total de 650 kms. separan nuestra casa de “Bilbo”, como es conocida en euskera. Hay que decir que el viaje no lo hacemos de un tirón (que sería una palicilla), puesto que a eso de las 9 de la mañana nos estamos metiendo entre pecho y espalda un bocata de tortilla de jamón que quita el sentío. Lo hacemos en la Venta del Aire, término municipal de Albentosa (Teruel), por lo que damos fe de que Teruel existe y su jamón también.

Una vez en los extrarradios de la capital vizcaína nos disponemos a buscar el hotel donde hemos reservado y que está en lo más alto del monte Artxanda. Para ello seguimos los consejos del utilísimo navegador de mi teléfono, que aunque cutrecillo, de más de un apuro nos ha sacado. Aún recuerdo aquella tarde de un domingo de enero cuando estábamos en Florencia y disponíamos del tiempo justo para conducir hasta Bolonia, pasar por el hotel a recoger las cosas y llegar al aeropuerto de esta ciudad para coger un avión de regreso a casa, con el agravante de que íbamos dos coches y que en cualquier momento podía perder al coche de atrás. Si no llega a ser por el navegador, creo que aún estamos dando vueltas por aquellas carreteras. En fin, que a la hora que más o menos habíamos calculado, llegamos al Alba Hotel Golf, un modernísimo hotel de 4* que había reservado a través de booking por 60 euros la habitación doble. El hotel está genial, aunque quizá sea demasiado minimalista, creemos que le falta algo de calidez, pero bueno, el “super-diseño” es lo que tiene. Ni que decir tiene que para alojarse en este hotel hay que ir con vehículo propio, porque está bastante retirado del centro de la ciudad y por allí no vimos ni una parada de bus. En unos minutos hacemos el check-in y ponemos en el navegador la dirección del Txacolí Simón, el lugar donde nos habían recomendado comer ese día.

Yo ya había llamado desde casa un par de días antes para reservar mesa pero estaba todo completo. Pero que los deseosos de probar su excelente chuletón no desesperen, porque este sitio dispone de una campa en el exterior llena de mesas donde no es difícil encontrar sitio. En pocos minutos nos estábamos metiendo para el cuerpo un chuletón de 800 grs. con patatas fritas que estaba de vicio, aún sueño con él, jejeje. Después de comer pusimos rumbo a la costa parando primero en un mirador que hay en el mismo monte Artxanda y desde donde se disfruta de una magnífica vista de la ciudad.

Desde allí seguimos hacia Plentzia, municipio costero situado a unos 25 kilómetros al norte de Bilbao. Se trata de un pueblo pesquero con su puertecito, sus típicas casitas vascas pegadas a la ría y su frontón, vamos, más vasco imposible. En Plentzia nos recibe un sol abrasador del que disfrutamos dando un paseo hasta la enorma playa de la vecina Gorliz. Disfrutamos mucho del paisaje y es que es totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestra costa mediterránea. Ver esas playas de arena pegadas a esos montes tan verdes es algo a lo que no estamos acostumbrados y de lo que disfrutamos un montón. Hacemos unas cuantas fotos al puente blanco de Plentzia y ponemos rumbo a nuestro siguiente destino: Sopelana. Y es que aún nos queda mucho que ver en la tarde de hoy.

Siguiendo la BI-634 en unos minutos llegamos a Sopelana. Paramos en el Peñón de Sopelana, donde además de tomar un refresco se puede disfrutar del ambientillo surfero que hay en la zona. En este lugar hay unos cuantos bares en un acantilado desde donde se observa una gran playa que está llena de surferos surcando las olas. Para llegar hasta aquí sólo hay que estar atentos a la indicación de “Playa Atxabiribil” cuando se circula por la BI-634, muy cerca del pueblo de Sopelana. Estuvimos un rato en el Peñón viendo a los surferos (estaba lleno) y nos fuimos a la cercana Algorta.

Desde Sopelana y siguiendo la BI-634 llegamos hasta Getxo, y lo hacemos por el barrio de Algorta, y es que esta localidad de la costa vizcaina está dividida en cuatro barrios: Algorta, Neguri, Las Arenas y Romo. En Algorta, y siguiendo las indicaciones de Marta nos dirigimos a la calle Maidagán donde se encuentra la Iglesia de Andra Mari (o Santa María de Getxo), un pequeño templo románico muy bonito. Justo enfrente de esta iglesia se encuentra el frontón de Getxo. Desde allí nos acercamos al cercano Molino de Aixerrota, construido en 1720 para paliar los efectos de la sequía y destinado a sustituir los molinos de agua de la orilla de los ríos. Hoy en día alberga en su interior el elegante restaurante Cubita y una galería de exposiciones. El entorno donde está situado el Molino es impresionante, justo en un acantilado con unas impresionantes vistas al puerto de Bilbao. Desde el Molino sale un paseo que va todo el rato por la orilla de los acantilados y que llega hasta Plentzia. Aunque nos parecía espectacular, no lo seguimos porque nos hubiera llevado toda la tarde (y parte de la noche).

Comienza a caer el sol y ya solo nos queda el último high-light de la jornada que no es otro que el Puente Colgante de Portugalete. Este puente-transbordador (de vehículos y personas) es conocido oficialmente como Puente de Vizcaya. Une el barrio de Las Arenas de Getxo con la vecina Portugalete, fue construido en 1893 y es el más antiguo del mundo en su clase (y no es una bilbainada, como nos aseguró Marta). Existe la opción de cruzarlo bien en la barquilla o por la pasarela peatonal que existe en la parte superior y a la que se accede a través de un ascensor.

Después de estar un buen rato observando el puente, cogimos el paseo marítimo que discurre paralelo a la avenida de Las Arenas y fuimos paseando viendo el atardecer hasta el Puerto Deportivo de Getxo. Este paseo marítimo está repleto de villas solariegas del siglo pasado bastante espectaculares, y es que la gente de por aquí no vivía nada mal. En el Puerto Deportivo hay un pabellón donde se puede comer casi cualquier tipo de comida fast-food que exista pero a nosotros cuando vamos al norte nos pueden más los pintxos, así que sin salir del barrio de Las Arenas, nos fuimos a la calle Particular de Arlamendi y nos hinchamos de sabrosos pintxos. Desde allí y ya reventados nos fuimos a dormir al hotel.

sábado 23 de abril: GUGGENHEIM Y BILBAO. COINCIDIMOS CON EL ATHLETIC-REAL SOCIEDAD, ¡!MENUDA FIESTA!!

El sábado por la mañana visitamos el impresionante Museo Guggenheim. Allí, además de sus exposiciones permanentes, pudimos disfrutar de las exposiciones temporales: Caos y clasicismo: arte en Francia, Italia, Alemania y España, 1918-1936 y El intervalo luminoso, D.Daskalopoulos Collection. Las entradas (13 euros con audioguía) las habíamos sacado desde casa a través de la web del museo, cosa que recomiendo porque te ahorras las colas de las taquillas. Tan impresionante o más que la visita es la contemplación de los exteriores del museo. Este espectacular edificio, diseñado por el arquitecto canadiense Frank Gehry, está situado en un entorno precioso, junto a la ría y perfectamente integrado con los antiguos edificios señoriales. Nunca habíamos estado en Bilbao pero casi todo el mundo coincidía en comentarnos que la ciudad había cambiado mucho, que antes era una ciudad “menos atractiva”. Nosotros no hemos conocido el anterior Bilbao, pero hemos quedado gratamente sorprendidos del actual.

Después de la visita de casi tres horas y paseando por la ría (todo muy limpio, ordenadito y muy modernete) vimos el puente de Calatrava y el Ayuntamiento hasta llegar al Casco Viejo. Dimos unas cuantas vueltas por el “Casco”, como lo llaman los bilbaínos disfrutando del ambientazo que había por las calles, y es que esa noche se enfrentaban en la “Catedral” nada más y nada menos que el Athletic y la Real Sociedad. Como ya era bastante tarde comimos de raciones en un bar de la calle Nueva.

Después de comer salimos del Casco Viejo pasando por el Mercado de la Ribera, el Teatro Arriaga y la estación de FEVE, edificios singulares de la ciudad y que no hay que perderse. Dejando atrás la vieja estación de FEVE nos adentramos en el centro de la ciudad y lo hacemos a través de la Gran Vía. La recorrimos hasta la Plaza Moyua. Vimos la Diputación y los elegantes edificios del Ensanche por donde por cierto, estaba pasando una procesión. Al llegar a la Plaza Moyua, pasamos por delante del hotel Carlton y casualmente estaban saliendo en ese momento los jugadores del Athletic que iban al campo pues eran ya cerca de las ocho de la tarde.

Desde allí bajamos por la animada calle peatonal Ercilla hasta llegar a la Alhóndiga. Este antiguo almacén de vino, construido en 1909, es ahora, después de un proceso de transformación, un espectacular centro de ocio y cultura en el que se puede encontrar desde restaurantes, gimnasio, piscina, cines, tiendas, etc.

Tras disfrutar de la visita de este edificio tan “diferente” y bajo una fina lluvia nos quedamos a cenar por la cercana zona de Pozas, uno de los dos lugares de pintxos que existen en la ciudad, además del Casco Viejo. Cenamos en uno que se llama “El Huevo Frito”, donde resulta estar todo buenísimo. Después de cenar volvemos a desandar lo andado hasta llegar al Guggenheim, lugar donde habíamos aparcado el coche por la mañana. Aún antes de irnos hacia el hotel dimos una vueltecilla por los alrededores del museo, que a esas horas estaban preciosos. No alargamos más la cosa porque estábamos cansadillos y al día siguiente queríamos darlo todo recorriendo la costa vasca.

domingo 24 de abril: DE BILBAO A ZARAUTZ, PRECIOSO ROAD-TRIP POR LA COSTA VASCA.

Es nuestro último día en Euskadi y queremos hacer una rutita por la costa hasta adentrarnos incluso en tierras guipuzcoanas. Así que madrugamos y bien trempanito conducimos hasta Bakio por la BI-631. La intención de llegar hasta esta turística localidad de la costa no es otra que la de visitar San Juan de Gaztelugatxe. Se trata de un islote unido a tierra firme por un istmo artificial. En su cumbre hay una ermita dedicada a San Juan Bautista y para llegar hasta ella hay que superar 231 escalones. Todo el mundo que lo hace dice que merece la pena, puesto que desde allí se observa uno de los paraísos naturales más impresionantes de la costa vasca.

Ese día amaneció muy nublado y al llegar hasta allí no se veía a tres metros, ya que había una niebla muy espesa. Así que con las ganas de haber visto por lo menos el entorno de la ermita, cogimos de nuevo la carretera BI-631 y nos fuimos en dirección a Bermeo. En esta animada localidad paramos un ratito, hicimos unas fotillos y seguimos por la costa hasta Mundaka. Aquí tomamos unos pintxos y estuvimos contemplando su famosa ola de izquierdas, donde se celebran los campeonatos mundiales de surf.

El próximo sitio donde queríamos parar era en Gernika, por lo que cogimos la carretera BI-2235 y después de tan solo 10 kms llegamos hasta esta localidad. Estaba el pueblo colapsado de gente y es que resulta que era el día de la Aberri Eguna. Vimos la reproducción del Gernika de Picasso, el árbol de Gernika y nos fuimos a un sitio más tranquilo a comer algo.

Seguimos por la BI-2238 hasta llegar de nuevo a la costa y paramos a comer en Lekeito. Comimos como no, unos pintxos en una terraza del puerto de este tranquilo pueblo de 7.000 habitantes y seguimos por la carretera de la costa haciendo paradas en Mutriko, Deba, Zumaia y la encantadora Getaria para acabar en Zarautz.

En esta glamourosa villa costera de la ya costa guipuzcoana comenzó a atardecer, por lo que disfrutamos de una preciosa puesta de sol paseando por el paseo marítimo mientras los surferos cogían las últimas olas del día. Cenamos allí mismo, en el restaurante del hotel Alameda, en la avenida de Guipúzcoa. Después de cenar ponemos rumbo a Bilbao, ahora ya por la A-8, por lo que en menos de una hora recorremos los 80 kms. que separan Zarautz de la capital vizcaina. Ha sido un intenso día en el que hemos recorrido gran parte de la costa vasca y del que hemos disfrutado un montón.

lunes 25 de abril: DE CAMINO PARA CASA PARAMOS EN ELCIEGO (ÁLAVA) PARA VER EL IMPRESIONANTE HOTEL DE LOS HEREDEROS DEL MARQUÉS DE RISCAL.

Hoy es el último día de este corto pero intenso viajecito de fin de semana. Toca regresar hacia casita y como no tenemos prisa decidimos obviar la autopista AP-68 y bajar hasta Castellón por la N-240. El principal objetivo de coger esta carretera es parar en la localidad alavesa de Elciego, lugar donde tienen la sede las famosas bodegas de Marqués de Riscal. Y no es que nosotros seamos unos grandes entendidos en caldos, si no que nos gustaría ver de cerca el famoso hotel que Frank Gehry, el mismo arquitecto del Guggenheim, diseñó para estas bodegas.

A las 11:00 llegamos a Elciego y de casualidad entramos en las bodegas justo cuando tiene lugar una visita guiada (10 €), por lo que nos incorporamos a ella y nos dejamos llevar por el interior de estas enormes y espectaculares bodegas. El punto final de la visita y para nosotros el más importante de la misma tiene lugar justo delante del extravagante hotel diseñado por Gehry. Así que tras una explicación detallada de cómo es el interior del hotel (no dejan pasar a verlo) y de cómo convencieron al famoso arquitecto para que llevara a cabo el proyecto de construcción del hotel, nos invitan a una cata de vinos dando así como finalizada la visita, de casi dos horas de duración.

Después de comprar unas botellas en la tienda de las bodegas seguimos hasta casa haciendo ya una única parada para comer en la provincia de La Rioja, donde de casualidad encontramos a un antiguo compañero de trabajo de Valle que vive en Barcelona y que está de vuelta de pasar unos días en León, ¡Que pequeño es el mundo!.

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2 comentarios

  1. Manuel Ramos

    Que envidia…
    Me ha encantado…

    7 mayo, 2011 en 2:13

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