fin de semana en San Marino, Bolonia y Florencia, enero 2011

El pasado 2010 fue un año muy italiano para nosotros puesto que hasta por cuatro veces volamos al país transalpino. Y explico esto porque cada vez que me ponía a mirar mapas y guías para preparar nuevas rutas por Italia me topaba con San Marino, llegando a interesarme por la historia de este “mini estado”. San Marino, quinto Estado más pequeño del mundo, también es la segunda república más antigua (la primera fue la antigua república romana). De acuerdo a la tradición, fue fundada en el 301 cuando un cantero cristiano llamado Marinus el Dálmata o San Marino dejó la isla de Arbe para escapar de la política anticristiana del emperador romano Diocleciano. Marinus se escondió en la cima del Monte Titano, el más alto de los siete que posee San Marino y fundó una pequeña comunidad cristiana. La propietaria del terreno, una compasiva mujer de Rímini, les dejó en herencia el territorio. El pequeño terreno logró mantener su independencia y aumentar su territorio, constando desde finales del siglo IX la existencia de una república libre en San Marino.

Con el propósito de conocer esta República, el pasado mes de diciembre compré unos billetes para volar a Bolonia. Desde esta ciudad del norte de Italia sólo hay que recorrer 130 kilómetros de cómoda autopista para llegar hasta San Marino. Cómo los principales atractivos de este “minipaís” se recorren fácilmente en mediodía, aún nos quedaba fin de semana de sobra, circunstancia que para unos culos de mal asiento como nosotros nos daba margen de sobra para visitar alguna otra ciudad cercana. Además de visitar el coqueto centro histórico de Bolonia y conocer su animada noche, el domingo, contra todo pronóstico, y en un auténtico día contrarreloj, nos dio tiempo de pasear tranquilamente por la majestuosa Florencia, cuna del Renacimiento y una de los tres grandes de Italia junto a Roma y Venecia. A este viaje, que en principio preparé para nosotros dos solos, se fueron uniendo nuevos viajeros hasta formar un grupo de once personas, un nuevo reto para “somos nómadas”, y más contando que la mayoría no nos conocíamos. La verdad es que todos y cada uno de ellos contribuyeron a que el fin de semana saliera perfecto. Antes de comenzar con el relato del viaje, presentaré a los nuevos “nómadas” con los que compartimos este intenso fin de semana. De izquierda a derecha: Germán, las dos Nurias, Roberto, Begoña, Mónica, un servidor, Santi, Rebeca, Patri y Valle. 

viernes 14 de enero: UNA ESPESA NIEBLA NOS DA LA BIENVENIDA A LA CIUDAD DE LOS TRES APODOS

Nuestro vuelo de Ryanair despega a las 12:45 h del aeropuerto de Manises, llegando a Bolonia con casi media hora de adelanto con respecto al horario previsto. Antes de nada lanzaré un aviso a navegantes: en Manises el personal de Ryanair ya pesa las maletas antes de subir al avión, así que mucho cuidadín con sobrepasarse de los 10 kgs. reglamentarios. Tras un cómodo vuelo de una hora y media de duración aterrizamos en el aeropuerto Guglielmo Marconi. Nada más aterrizar nos recibe una espesa niebla que no se levantaría de Bolonia en todo el fin de semana. Al no facturar, en cuestión de minutos ya estamos saliendo de la terminal.

Lo primero que hacemos es recoger los coches de alquiler que habíamos reservado en Avis y que resultan un medio de transporte ideal para desplazarse tanta gente en un fin de semana en que teníamos varios objetivos a la vista. Con la reserva en la mano nos acercamos hasta el mostrador de Avis, situado al final de la terminal de llegadas y en unos minutos tenemos nuestros flamantes vehículos a nuestra entera disposición. Finalmente y ante la falta de coches de la categoría reservada nos entregan un Ford Focus SW y una Renault Traffic de 9 plazas, por lo que el tema de espacio no iba a ser un problema. Dejándonos guiar por el navegador de mi teléfono móvil, y no sin antes dar una vueltecilla de más, en cuestión de 15 minutos llegamos al hotel donde habíamos reservado a través de Booking y donde quedaría establecido el campamento base para todo el fin de semana. El Ramada Encore es un práctico hotel de 3* situado en los alrededores de la Feria de Bolonia. Por 49 € la habitación doble con desayuno y parking gratis no se puede pedir más. Eso sí, hay que disponer de vehículo propio puesto que al centro de la ciudad hay unos 5 kms.

Entre unas cosas y otras nos han dado casi las cuatro de la tarde y en Italia esa hora es muy tarde para comer. Siguiendo los consejos de la chica de la recepción del hotel cogemos los coches y paramos en el “Frigolino Bar”, en la misma avenida del hotel, en dirección a Bolonia. Este bar resultó ser el típico garito de barrio de los extrarradios donde hasta se puede echar el euromillón y las quinielas (en este caso del Calcio, por supuesto). La cara de asombro de la camarera cuando entramos los once y acabamos con todas los panninis, porciones de pizza y sándwiches que tenía en el mostrador era para haberla hecho una foto.

Una vez calmados nuestros viajeros estómagos nos subimos a los coches y bajo una niebla y un frío considerable ponemos rumbo al centro de Bolonia. Conseguimos aparcar en una calle (zona azul) próxima a la Piazza del 8 de Agosto. Esta plaza queda muy cerca del centro histórico y en ella hay un parking subterráneo, lugar ideal para estacionar el coche, eso sí, a un precio algo carillo: 2,40 € la hora.

Bajamos paseando por vía Alessandrini hasta una de las arterias principales de la ciudad, vía Rizzoli, donde al llegar nos topamos a la izquierda con la Piazza di Porta Ravegnana, lugar donde se elevan las dos torres inclinadas de Bolonia. La más alta, la Torre degli Asinelli, de 97,6 m. está abierta al público. A los valientes que suban sus 498 escalones les aguardan unas fantásticas vistas de la ciudad Roja. Y digo la Ciudad “Roja” porque es uno de los tres apodos con la que es conocida Bolonia. La “Roja” le viene tanto por su carácter político como por el color de sus vistosos edificios. Los otros dos apodos son la “Vieja”, por la edad de su Universidad, la más antigua de Italia y de Europa y la “Gorda”, por ser uno de los centros gastronómicos del país.

Continuamos paseando entre soportales y pórticos (más de 40 kms. existen en toda la ciudad) y llegamos a la Piazza Maggiore, donde visitamos el Palazzo Comunale. Salimos del Palazzo donde estaba cantando un coro y pasamos por delante de la Fontana de Neptuno en dirección a la Basílica di San Pietro, Catedral de Bolonia. Al llegar a la misma nos damos cuenta de que está cerrada. Tras unas compras de rigor en las calles de alrededor de la Catedral, nos adentramos en el Quadrilatero, antigua Bolonia romana. En las adoquinadas calles de este distrito se mezclan vistosos tenderetes de frutas y verduras y preciosas charcuterías con modernos cafés y restaurantes. En uno de estos establecimientos, el “Eataly”, en la vía Drapperie, entramos a tomar un vino. Se trata de un local mitad librería, mitad vinoteca, donde a la vez se venden deliciosas delicatessen italianas. Allí pasamos un rato muy agradable disfrutando de un par de botellas de “Campo di Mezzo”. Las chicas también hicieron lo propio con un chocolate que salía de una especie de fuente que había detrás de la barra y la verdad es que estaba de auténtico vicio.

Tras este refrigerio continuamos paseando por las laberínticas calles del centro de Bolonia, plano en mano, hasta llegar hasta la Piazza Sto. Stefano. En esta plaza se encuentra la Basílica del mismo nombre, sugerente complejo religioso medieval. El lugar es de gran belleza y su aspecto a esa hora, bajo una espesa niebla y sin un alma más por la calle, con la única excepción de una pareja de Carabinieris, era muy auténtico. Desde allí nos vamos a cenar a la via Delle Belle siguiendo las indicaciones de Francesca, una siciliana muy simpática que nos había recomendado, carta de recomendación incluída, (eso si, escrita en una servilleta) una Trattoria situada en esa calle. El local en cuestión resulta estar cerrado, por lo que ya con nuestros estómagos pidiendo a gritos exquisiteces italianas nos metemos en la Trattoria Belle Arti. Es un local bastante chulo y con una comida excelente (yo me pedí unos tortellini al funghi buenísimos), con la única pega de que el servicio resultó excesivamente lento. Después de cenar paseamos de nuevo hasta donde teníamos aparcados los coches y nos fuimos a dormir, ya que mañana nos esperaba un nuevo país, el que hará en nuestros pasaportes el número 33.

sábado 15 de enero: SAN MARINO NOS RECIBIÓ CON NIEBLA, NOS PRESENTÓ AL SOL Y NOS DIJO ADIÓS CON UN ATARDECER DE PELÍCULA. Y TODO ENTRE TORRES Y VAMPIROS, ¿QUÉ MÁS SE PUEDE PEDIR A UN SOLO DÍA?

Con el objetivo de visitar San Marino, habíamos quedado a desayunar a las 8 de la mañana en el buffet del hotel. De esta forma aprovecharíamos más las horas de luz del día, ya que por estos lares y en esta época del año, a eso de las cinco y media de la tarde ya es de noche cerrada. Pues bien, aquí no tengo más que poner un 10 a todos los “nómadas” del viaje porque a esa hora en punto (y alguna bastante antes) ya nos encontrábamos todos desayunando. El desayuno del hotel resultó ser uno de los puntos fuertes del mismo, contando con un buffet variado y de primera calidad. Así que tras reponer fuerzas para afrontar un día que se presumía largo y después de felicitar a Begoña, que celebraba su cumpleaños, pusimos rumbo a San Marino.

130 kilómetros separan Bolonia de San Marino. Sólo hay que coger la Autopista A-14 dirección Ancona y llegar hasta Rímini. Allí se deja la autopista por la salida “Rímini Sur” y superado el peaje (7 €) se toma la carretera SS72, donde ya aparecen indicaciones de San Marino. Esta carretera de dos carriles y plagada de semáforos conduce hasta la capital de San Marino. Al estar el día bastante nublado no podemos divisar en el horizonte el monte Titán, mayor elevación del país y origen del Estado.Cruzamos la frontera (testimonial) y atravesamos las localidades de Dogana, Serravalle, Fiorina, Domagnano y Borgo Maggiore en dirección a la capital. Aunque a partir de Borgo Maggiore ya hay parkings donde dejar el coche, nosotros continuamos subiendo hasta el Parking 1, ya en San Marino. Desde Borgo Maggiore hay un funicular que sube hasta San Marino y es que existen 11 parkings entre estas dos localidades, ya que en verano la afluencia de turistas es impresionante. Una vez estacionados los coches, entramos a la ciudad de San Marino por via Contrada Omagnano. La mezcla de la niebla, que era ya bastante cerrada, con las fachadas de piedra de los edificios y Palacios que íbamos contemplando, daba como resultado un ambiente mágico, muy tenebroso.

Recorrer San Marino es dejarse llevar por sus zigzagueantes callejuelas hasta llegar a alguna de sus Piazzas: Piazza Titano, Piazza Garibaldi y Piazza de la Libertad. En esta última se encuentra el Palazzio Público (Ayuntamiento), donde fuimos hasta testigos de una boda. El plato fuerte de la ciudad y del país son sus tres Torres o Fortalezas. Sin éstas, San Marino seguramente hubiera desaparecido hace mucho tiempo y es que este pequeñísimo Estado debe gran parte de su existencia a estas tres construcciones estratégicamente situadas en lo más alto del Monte Titán. El circuito de las tres torres es la visita más recomendable que se puede hacer en San Marino.Una vez en lo más alto de la ciudad nos damos cuenta de que como no levante un poco la niebla nos vamos a ir de San Marino sin apenas conocerlo y es que no llegamos ni a distinguir las torres. Como la visibilidad es casi nula y hace bastante frío decidimos pasar un rato en el Museo de los Vampiros (entrada 4 €). Después de soltar unas cuantas carcajadas entre hombres lobos y vampiros y como ya casi son las dos de la tarde nos metemos a comer en un restaurante que tenía muy buena pinta, la Cantina Di Bacco, en vía Contrada Santa Croce, 39. Y la buena pinta que tenía por fuera también la tiene por dentro. La comida muy buena aunque la relación calidad precio es peor que en Italia.

Tras comer y salir a la calle una muy agradable sorpresa nos esperaba: la niebla se había levantado por completo y un cielo azul nos daba las buenas tardes. Volvimos a subir a lo más alto de la ciudad para ahora si, poder conocer las tres Torres. Y por allí que pasamos un buen rato entre risas y fotos. Las vistas de cada una las tres Torres era espectacular pudiéndose contemplar los valles y montañas que rodean San Marino en todo su esplendor. Poco a poco fuimos bajando hasta llegar a la Piazza de la Libertad, lugar desde donde fuimos testigos de un atardecer espectacular. Delante de nosotros, y sobre las nubes que aún tapaban el valle que teníamos debajo, el cielo fue cambiando de tonalidades convirtiendo ese momento en un recuerdo inolvidable. Desde allí fuimos bajando hasta llegar al parking donde habíamos aparcado los coches, poniendo rumbo a Bolonia.

Después de una reparadora duchita en el hotel volvimos a los coches y nos adentramos en Bolonia con la intención de cenar y por qué no, de descubrir su noche loca, y es que hasta aquí vienen a estudiar miles de jóvenes del país atraídos por sus prestigiosas Universidades. Aparcamos cerca del Barrio Universitario y nos tomamos una copa en el pub “Le Stanze” en vía Borgo si San Pietro, 1. Esta mezcla de Bar-Pub-Restaurante abierto en un antiguo Palazzo, es un sitio precioso. De allí nos vamos a cenar a la Trattoria Anna María, en la cercana vía Belle Arti, lugar que nos había recomendado ayer nuestra amiga siciliana Francesca. En este lugar sólo sirven comida de la región y la pasta es casera. Disfrutamos de una exquisita cena y brindamos con un limongelo, poniendo así casi fin a un día perfecto. Y digo “casi fin” porque de allí, y siguiendo los consejos de unos chicos que teníamos en la mesa de al lado nos fuimos a tomar una copa a la discoteca “KASAMATTA VIP”, un garito con un estilo muy peculiar. Y aunque salir de fiesta no sea lo más recomendable en un fin de semana viajero en el que se pretenden hacer muchas cosas, allí que estuvimos hasta bien entrada la madrugada. Unos primero y otros después nos fuimos retirando al hotel, ya que para el día de mañana aún teníamos muchas cosas “que hacer”.

domingo 16 de enero: BOLONIA-FLORENCIA-BOLONIA-VALENCIA-CASTELLÓN, ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

A las diez en punto y sin nada de resaca nos encontramos todos en el buffet del hotel. Desayunando comenzamos a plantearnos variar el plan que habíamos previsto para el día de hoy. Ésta no era otro que disfrutar del centro histórico de Bolonia todo el día hasta que a las 21:35 despegara nuestro vuelo que nos devolvería a casa. Y es que la intención de conocer Bolonia de día era excelente pero totalmente incompatible con la niebla que se divisaba por las ventanas del hotel. Así que prestando un poco de atención a la RAI, donde en ese momento estaban dando la previsión meteorológica para ese día y con un mapa de Italia sobre la mesa, en ese mismo momento decidimos irnos a pasar el día a Florencia. En ese mismo momento me di cuenta de que todos nuestros amigos eran auténticos “nómadas” y que estaban dispuestos a vivir un día imborrable, un día en el que teníamos que dejar la habitación del hotel, conducir hasta Florencia, disfrutar de esta maravillosa ciudad, regresar a Bolonia, ir al hotel a recoger las maletas, dejar los coches en Avis, coger el avión, volar hasta Valencia y conducir hasta casa. Lo he escrito en algún otro relato donde cuento nuestras escapadas de fin de semana por Europa y no me cansaré de repetir que un fin de semana puede dar mucho de sí.

Y dicho y hecho, en cuestión de minutos estábamos todos preparados para poner rumbo a Florencia, la verdad es que da gusto viajar con gente así. Para llegar hasta Florencia sólo hay que coger la autopista A-1 y recorrer 110 kilómetros, eso sí, con bastante tráfico. Ahora sólo quedaba planear donde íbamos a dejar los coches en una ciudad tan turística y donde su enorme centro histórico esta totalmente peatonalizado y cortado al tráfico. Una vez ya en ruta y después de consultar la Lonely Planet decidimos que dejaríamos los coches aparcados en Pizzale Michelangelo. En este lugar, poseedor del mirador con las mejores vistas de Florencia, hay un parking gratuito, por lo que allí que nos dirigimos. Ahora sólo hacía falta meter la dirección en el navegador y mirar al cielo a ver si salía el sol. Y así fue, al poco de salir de Bologna, el cielo se volvió azul y el sol volvió a saludarnos, el día prometía.

Llegar a Florencia y aparcar los coches fue coser y cantar, ahora tan sólo quedaba marcarse una hora tope para que nos diera tiempo de llegar al hotel de Bolonia a por nuestras maletas, entregar los coches y llegar a tiempo de coger el avión, y esa hora fue las seis de la tarde. Así que con ese límite nos pusimos a recorrer el centro de Florencia. Los paseos por la ribera del río Arno, el Ponte Vecchio, Piazza del Duomo, Piazza de la República, Piazza Della Signoria y Piazza di Santa Croce fueron sucediéndose entre caras de asombro ante tanta belleza y alegría por lo inesperado de la visita y eso que la mayoría de nosotros ya habíamos estado antes en Florencia. Cuando tuvimos hambre compramos unas pizzas en el “Black Bar”, en vía Calzaivoli y nos las comimos sentados en los escalones de acceso al Duomo bajo un sol radiante, más no se puede pedir. También disfrutamos, como no, de un buenísimo gelato, y es que no se puede ir uno de esta ciudad sin probar uno.

Y así, paseando por las calles de esta bellísima ciudad nos acercamos a la hora que nos habíamos marcado como límite para regresar holgadamente a Bolonia. El camino de regreso se hizo un poquito más pesado debido al intenso tráfico y a que ya era de noche, lo que hacía que pareciésemos sacados de una peli de esas tipo “Límite 48 horas” o “Italian Job”. Y el final de esta película fue el bueno, puesto que después de repostar los coches, recoger las maletas en el hotel y entregarlos en Avis, aún llegamos a nuestra puerta de embarque con tiempo de picar algo antes de subir al avión. De esta forma acaba un fin de semana viajero más, pero algo diferente, y es que creo que tenemos unos cuantos nuevos amigos. Ya solo queda llegar a casa y con ello a la rutina de todos los días, eso sí, pensando ya en un próximo destino…

Anuncios

2 comentarios

  1. MÓNICA

    Jose, no me cansaré de darte las gracias. Un relato totalmente descriptivo del magnífico fin de semana italiano.

    21 enero, 2011 en 22:09

    • Gracias a ti Mónica, ya verás como pronto hacemos otra escapadita.

      Un beso

      22 enero, 2011 en 13:05

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s