una semana en el sur de Italia, octubre 2010

Aprovechamos una semana de vacaciones que tenemos en octubre para visitar el sur de Italia. Aunque este año ha sido muy “italiano”, puesto que es la cuarta vez que volamos al país, esta nueva escapada casi que representa un nuevo destino, puesto que el sur del país es un auténtico desconocido para nosotros. Volamos a Bari, ciudad situada a orillas del mar Adriático. Hemos alquilado un coche y queremos recorrer las dos costas: Apulia y la costa Amalfitana. Para ellos hemos reservado alojamiento en Alberobello y en Santa Agata sue due Golfi, desde donde cada día saldremos de ruta. Hay sitios que no nos queremos perder, como Alberobello, Nápoles, Pompeya o Herculano, el resto lo dejaremos un poco a la aventura, es decir, decidiremos sobre la marcha donde iremos, cosa que al disponer de coche, hace que el viaje sea más interesante.

sábado 2 octubre: EN LA TIERRA DE LOS TRULLI…

El vuelo de Ryanair con destino a Bari sale a las 19:50 de Manises. Esta vez facturamos una maleta de 15 kg., ya que al tratarse de una semana, las dos maletas de cabina se quedan algo cortas, y es que en los aeropuertos italianos el personal de tierra de Ryanair cada vez es más riguroso con el equipaje de cabina, llegando incluso a pesar la maleta, no dejando embarcar al pasajero que se exceda de los 10 kg. reglamentarios.

Aterrizamos en Bari con un cuarto de hora de adelanto con respecto al horario previsto. El aeropuerto de Bari es el típico aeropuerto low cost europeo: moderno, minúsculo y muy práctico. En cuestión de 10 minutos hemos recogido nuestra maleta y estamos dentro del coche que hemos alquilado. Lo hemos hecho a través de la web de Europcar y hemos elegido un Fiat Cinquecento (198 € los siete días). Es un coche muy divertido y que teníamos ganas de probar, ya que estábamos hartos de verlos circular por Italia.

Haciendo uso del eficaz navegador del teléfono móvil en menos de una hora estamos en Alberobello. Allí hemos reservado un alojamiento en una casa trullo a través de la web trullimania.com. Esta agencia dispone de unos cuantos trulli preparados como apartamentos para alojar gente. Los trulli son unos curiosos edificios circulares de piedra con tejados cónicos que salpican la campiña del valle de Itria. No está claro el por qué de su arquitectura; según una historia popular, la razón es que las construcciones de muro seco se podían desmontar rápidamente y así se evitaba el pago de impuestos de edificación. Alberobello es la capital de la región de los trulli, llegando a contar en la colina occidental de la localidad con 1500 casas de este estilo. Esa noche, después de hacer el check-in, salimos a pasear por el centro de Alberobello que al ser sábado estaba bastante animado. Después de cenar una porción de pizza en el único sitio que vimos abierto a esas horas, nos fuimos a dormir cansados y con ganas de comenzar a hacer ruta por la Apulia italiana.

domingo 3 octubre: ALBEROBELLO, UN AUTÉNTICO PUEBLO ENCANTADO

Madrugamos y a las 09:00 h. ya estamos desayunando en el “Bar Central”, situado a escasos 50 metros de nuestro trullo, lugar donde nos manda la agencia. Por cierto, para los interesados, comentaré que nos salió a 70 euros la noche, desayuno incluido. Después de desayunar lo primero que hacemos es recorrer la colina de Alberobello, declarada Patrimonio Mundial por la Unesco, y disfrutar de un paseo entre casas que parecen sacadas de un cuento. Recomiendo el mirador que hay en la Iglesia de Santa Lucía, situado enfrente de la colina de los trulli, en uno de los extremos de la Piazza del Popolo.

Desde allí se tienen las mejores vistas y por consiguiente las mejores fotos del “mini pueblo trulli”. Hay trulli que se pueden visitar. Nosotros lo hicimos en el “trullo Sovrano” (entrada 1’50 €), situado justo detrás de la Iglesia de Santi Medici.

Tras la visita a Alberobello cogemos el coche y ponemos rumbo a Locorotondo. Esta localidad tiene un centro histórico precioso, situado en lo alto de una colina. Está considerado uno de los pueblos más bonitos de Italia con sus casas todas blancas e inmaculadas. Por allí nos perdemos un rato disfrutando de unas callejuelas estrechas que nos recuerdan a pueblos andaluces como Mijas o Ronda.

Las próximas localidades que visitamos son Martina Franca y Cisternino. En ésta última, tras un paseo por su centro histórico, comemos. Cisternino tiene una gran tradición en “fornello pronto” (carne asada o a la parrilla), pero al ser domingo, todos los restaurantes que vemos están abarrotados de gente y no nos dan mesa, puesto que son más de las 14:30 y esa hora ya es tarde para comer en Italia. Al final encontramos uno en el que hay una mesa libre. Resulta ser la Trattoria La Botte, que sale en la Lonely. Aunque la comida no está mal, el servicio es malo y muy lento, por lo que no recomiendo este sitio para nada.Después de comer ponemos rumbo a Ostuni, conocida como la “città bianca”, por estar todas las viviendas de su casco antiguo pintadas de color blanco. Desde la Piazza della Libertà, sale via Cattedrale en dirección a la catedral, por donde subimos hasta llegar hasta el mirador desde donde se observa el mar Adriático.

Ya atardeciendo ponemos rumbo al sur hasta llegar a la ciudad de Lecce. Pasamos la tarde recorriendo las calles de esta bonita ciudad barroca y quedamos sorprendidos por el ambiente que se respira, ya que al ser domingo, sus calles están abarrotadas de gente. Visitamos la Piazza del Duomo, la impresionante Basílica di Santa Croce y nos quedamos un rato contemplando el ambiente de la Piazza Sant’Oronzo junto al hermoso anfiteatro romano que allí se conserva. Esa noche cenamos en el restaurante “Sapori di Grecia”, en la vía Libertini, 41. En este griego probamos una musaka para chuparse los dedos y de precio está genial, por lo que recomiendo visitar este establecimiento.

lunes 4 octubre: DE RUTA POR APULIA

Después de desayunar de nuevo en el bar Central, cogemos el coche y ponemos rumbo al sur. Hoy queremos visitar Apulia, la región situada en el tacón de la “bota” de Italia. El primer lugar donde paramos es en Galatina, situada muy cerca de Lecce. Allí está la Basílica di Santa Caterina d’Alessandría, un lugar increíble y poco visitado. Y digo increíble por el estado de los numerosos frescos que adornan las paredes de la iglesia. Después de visitar esta iglesia nos tomamos un Campari en la terraza de un bar de la misma plaza. Tras relajarnos un rato delante del Campari, un aperitivo muy italiano, cogemos el coche y ponemos rumbo a la costa este hasta llegar a la localidad de Otranto. En este pequeño pueblo costero de puerto con aguas transparentes hay una antigua fortaleza aragonesa que se encuentra muy bien conservada. Esta localidad durante los meses de julio y agosto es una de las poblaciones con más ambiente de Apulia pero ahora que estamos fuera de temporada casi todo está cerrado.

Como se acerca la hora de comer, nuestra idea es ir bajando por la costa hasta llegar al cabo de Santa María di Leuca, el punto más septentrional del “tacón” de la bota italiana. Paramos a comer en Sta. Cesarea Terme, una tranquila localidad costera, donde nos metemos una pizza y un gelato buenísimos. Desde allí seguimos circulando por la carretera SS173 hasta por fin, ya entrada la tarde, llegar al cabo di Santa María di Leuca, donde hay un centro religioso en honor a esta santa.

Después de estirar un poco las piernas cogemos nuestro flamante Cinquecento y nos dirigimos al oeste, rumbo a Gallipoli. El centro de esta antigua ciudad griega es una isla unida a través de un puente a tierra firme, donde se encuentra la ciudad moderna. En Gallipoli recomiendo pasear por la ciudad medieval y visitar la Cattedrale di Sant’Agata. De Gallipoli ponemos rumbo a Alberobello que ya llevamos unos cuantos kilómetros encima y aún nos queda una tiradita. De camino a Alberobello paramos en Tarento con la intención de visitar su cittá Vecchia. Lo hacemos bastante rápido y en un ratito nos vamos para Alberobello siguiendo las indicaciones del navegador, que ha sido un día muy largo.

martes 5 octubre: DE APULIA A LA COSTA AMALFITANA

Hoy abandonamos la región de Apulia para dirigirnos a la costa Amalfitana, segunda etapa de nuestro viaje por el sur de Italia. Como no nos queremos ir de Apulia sin visitar las grutas de Castellana, madrugamos un poco y allí que nos dirigimos. Estas espectaculares cuevas forman la red subterránea más larga del país. Descubiertas en 1938, contienen gran variedad de paisajes subterráneos, con extraordinarias formaciones de estalactitas y estalagmitas. Hay dos tipos de entrada, la que da acceso al recorrido corto (10 €), de unos 50 minutos de duración y la del recorrido más largo (15 €), de casi dos horas. Nosotros, por problemas de tiempo, puesto que todavía nos quedaban unos 360 kms. para llegar hasta Sta. Ágata sue due Golfi, lugar donde tenemos reservadas el resto de noches que nos quedan por pasar, sólo podemos hacer el recorrido más corto. La visita a las cuevas es en grupo y guiada, resultando muy amena con las explicaciones que nos da la guía.

Atravesando la península de este a oeste, de camino a la bella Costa Amalfitana, paramos a comer en la localidad de Matera. Lo primero que salta a la vista al llegar a esta localidad son sus famosas sassi (casas de piedra talladas en cuevas y acantilados). Los sassi son casas excavadas en la propia roca. Muchas de estas casas son realmente sólo cavernas, y las calles en algunos lugares de los sassi a menudo se ubican en los tejados de otras casas. En los años cincuenta, el gobierno italiano desalojó a la fuerza a la mayor parte de la población de los sassi y los llevó a zonas de la ciudad moderna en desarrollo. Sin embargo, la gente siguió viviendo en los sassi, por lo que Matera es el único lugar del mundo donde la gente puede presumir de estar viviendo aún en las mismas casas que sus antepasados de hace 9.000 años. La actual administración local, sin embargo, se ha orientado más hacia el turismo, y ha promovido la regeneración de los sassi con la ayuda de la Unión Europea, el gobierno, la Unesco y Hollywood. Hoy hay muchos negocios prósperos, pubs y hoteles.

Uno de los beneficios de la ciudad antigua es que existe un gran parecido entre el aspecto externo de los sassi y la de los antiguos lugares en Jerusalén y sus alrededores. Ésto fue lo que le debió de gustar a Mel Gibson, puesto que fue éste el lugar elegido para rodar su polémico éxito “La pasión de Cristo”.La verdad es que la contemplación de los sassi, declarados Patrimonio Mundial por la Unesco, es realmente espectacular. Matera resulta ser un pueblo ideal para pasear por sus estrechas callejuelas y contemplar las vistas de los sassi desde sus numerosos miradores. Entre paseo y paseo comemos en el restaurante “Il Terrazino”, en la vía S. Giuseppe, desde donde disfrutamos de unas maravillosas vistas. Después de comer nos tomamos un capuchino en una cafetería de la Piazza Veneto y tomamos las últimas fotos de los sussi.

Desde Matera el viaje ya lo hacemos sin parar hasta Sta. Ágata sue due Golfi, lugar en el que hemos reservado las cuatro noches que nos faltan para acabar la semana. Y lo hemos hecho en  el B&B De María House, un sitio muy acogedor regentado por una familia que te hace sentir como si estuvieras en tu propia casa, y por si ésto fuera poco, a un precio inmejorable: 44 € la habitación doble con desayuno incluído. Llegamos al B&B pasadas las diez de la noche, bastante tarde en Italia para poder encontrar algo abierto para cenar, por lo que nos preparan unas pizzas y una ensalada capresse en el mismo B&B. Después de cenar compartimos limongelo con Liberatto, el cabeza de familia del B&B, atendiendo a sus consejos y explicaciones de cómo visitar la zona, y es que hemos elegido éste lugar para montar la base de esta segunda parte del viaje con la intención de visitar sus prometedores alrededores: Nápoles, Pompeya, Costa Amalfitana, Capri…

miércoles 6 octubre: POMPEYA, VISITA A LA CIUDAD SEPULTADA

Siguiendo los sabios consejos de Liberatto dejamos el coche en el parking del B&B y después de un pedazo de desayuno cogemos el autobús (1,10 €) que nos llevará hasta Sorrento. Éste nos deja en la estación de trenes de Sorrento, donde cogemos el tren (3,90 € i/v), que en poco más de 30 minutos nos dejará en la estación de Pompei Scave. Resulta que en una hora hemos llegado hasta la puerta de la ciudad antigua de Pompeya y ni nos tenemos que preocupar por donde aparcar nuestro coche, una vez más, grazzie mile, Liberatto!!.

A la entrada del complejo de las excavaciones de Pompeya nos comenzamos a dar cuenta de la magnitud del lugar ante el que nos encontramos, ya que hay una verdadera riada de turistas de todas las nacionalidades (japoneses, americanos, europeos, etc…) todos ellos cámara en mano. La entrada al recinto cuesta 11 € y al sacarla te entregan un mapa del lugar y una práctica guía donde vienen todos los lugares importantes a visitar.

En Agosto del año 79 d.C., un alud de fango enterró a la cercana ciudad de Herculano, mientras que Pompeya recibía una lluvia de cenizas, junto a trozos enormes de piedra pómez procedentes de la erupción del Vesubio. Finalmente los vapores de azufre envolvieron a estas ciudades y asfixiaron a sus habitantes. Una parte importante de éstos murió en el momento de su destrucción, mientras observaba la actividad del volcán. Las excavaciones arqueológicas y estudios acerca de Pompeya y Herculano se iniciaron en el siglo XVIII, y han continuado hasta nuestros días.

En la visita que hicimos, y que duró cerca de 5 horas pudimos pasear por los restos de la ciudad de Pompeya, en la que se conservan perfectamente el trazado de sus calles, las estructuras de sus tiendas y talleres así como los importantes edificios públicos de esta ciudad como el Foro, el Templo de Isis o el Anfiteatro. Numerosas casas particulares de esta ciudad han conservado sus estancias, atrios y jardines. Muchas de estas viviendas conservan importantes restos de pintura mural y de mosaicos. El interés de Pompeya y de la cercana Herculano radica en el hecho de que podemos contemplar con bastante exactitud lo que constituía la vida cotidiana de una ciudad romana del Imperio tal como se desarrollaba hace 2000 años, con sus calles, y sus diversos espacios públicos y privados.

Después de esta interesantísima visita ponemos rumbo a Sta. Ágata sue due Golfi, puesto que aún quedan unas cuantas horas de luz y queremos coger el coche para recorrer la Costa Amalfitana. Una vez en el B&B, arrancamos el cinquecento y cogemos la famosa SS163, la sinuosa carretera que circunda por el litoral hasta llegar a la ciudad de Salerno. Esa tarde, parando cada dos por tres para disfrutar de las maravillosas vistas que ofrece esta carretera, visitamos las localidades de Positano y Amalfi. En esta última nos quedamos impresionados por la fachada de la Cattedrale di Sant’Andrea. De vuelta al B&B paramos en Sorrento buscando un sitio donde cenar y la verdad es que tenemos suerte al dar con el restaurante “Il Leone Rosso”, en la vía Marziale, 25. A un precio razonable, disfrutamos de una estupenda comida casera muy bien presentada.

jueves 7 octubre: NÁPOLES, EN BUSCA DE LOS ORÍGENES DE LA PIZZA

Hoy toca visitar Nápoles, así que después de desayunar cogemos de nuevo el autobús en la parada que tenemos delante del B&B para llegar hasta la estación de trenes de Sorrento. Allí cogemos el tren que va a Nápoles, (6,70 € i/v) y que sale cada hora. La duración del trayecto es de una hora y la parada final en Nápoles es en la estación Garibaldi. Salimos de la enorme estación y recorremos la céntrica vía Umberto I hasta vía Duomo. Allí visitamos el Duomo, corazón espiritual de la ciudad. Después de visitar la catedral, en la misma vía Duomo cogemos la vía San Biagio dei Librai, luego vía Benedetto Croce, hasta llegar hasta la piazza del Gesú Nuovo. Estas estrechas calles, conocidas como “Spaccanapoli” son el centro histórico de la ciudad y en ellas se palpa ese ambiente napolitano tan auténtico que hace a esta ciudad diferente a las del resto de Italia.

Como ya se va acercando la hora de comer y no queremos irnos de Nápoles sin probar su pizza, nos dejamos aconsejar por la Lonely y por casi todos los foros de viajes donde me suelo mover y nos vamos a comer a la archiconocida pizzería “Da Michele”, en la vía Cesare Sersale. Este local lleva la austeridad a tal extremo que en su comedor sólo hay antiguas mesas de mármol y unas sencillas sillas. Cuando nosotros llegamos, y se ve que es lo normal, había un montón de gente en la puerta esperando a sentarse. Hay que coger un número tipo carnicería y te van llamando según se van quedando mesas libres. Eso sí, hay que estar muy atentos puesto que el chico que canta los números lo hace en italiano y una sola vez. El local sólo ofrece dos tipos de pizza: “margarita” (tomate, albahaca y mozzarella) y “marinara” (tomate, ajo y orégano), y puedo asegurar que ambas están deliciosas. Además de ofrecer la mejor pizza de Nápoles y por consiguiente de Italia, el local es bastante económico, puesto que por dos pizzas (eran enormes) y dos coca colas pagamos 12 €.

Tras atiborrarnos de pizza cogemos la vía Umberto I sentido sur y llegamos hasta el Castel Nouvo (entrada 5 €). La visita al castillo es interesante, obteniendo desde la parte más alta unas espléndidas vistas del puerto de Nápoles con el Vesubio al fondo. Al salir del Castillo pasamos por delante del teatro San Carlo y por el Palazzo Reale hasta llegar a la piazza del Plebiscito. Esta parte de la ciudad es la que nos resulta más bonita, quitándonos de la cabeza la típica imagen de una Nápoles sucia y peligrosa. Desde la piazza del Plebiscito subimos por vía Toledo callejeando ya de noche por todo el centro de la ciudad hasta llegar a la estación Garibaldi donde cogemos el tren que nos llevará hasta Sorrento. Una vez en Sorrento cenamos algo y nos comemos un gelato esperando a coger el autobús que nos suba hasta Sta. Ágata sue due Golfi. Ha sido un día largo y nos vamos a descansar agotados.

viernes 8 octubre: CAPRI, ISLA DE FAMOSOS

Hoy es el último día y lo hemos reservado para conocer la elegante Capri, la famosa isla de 13000 habitantes situada en el golfo de Nápoles. Sobre un mar de un azul increíble emerge esta isla, mezcla de ruinas romanas, elegantes plazas, exclusivos cafés y bellísimos paisajes marinos. Así que, en busca de Cristiano Ronaldo o Tom Cruise (por citar sólo a algunos de los personajes que por allí suelen veranear), a las 9:25 de la mañana salimos del puerto de Sorrento en un ferry de la compañía CAREMAR. El billete i/v con esta compañía sale a 19,60 € y tarda 30 minutos en llegar a Marina Grande, el nudo de transportes de la isla. Desde aquí la forma más rápida de llegar al municipio de Capri es en funicular, aunque también hay autobuses y taxis. En Marina Grande hay unas taquillas donde se pueden comprar unas tarjetas de 10 viajes (14 €) que valen tanto para los autobuses que recorren la isla como para el funicular. El tema de los taxis y su precio es otra historia, no apto para bolsillos “normales” como los nuestros. Con decir que absolutamente todos los taxis de Capri son vehículos descapotables, sobra cualquier otro comentario.

Compramos la tarjeta de los diez viajes y elegimos subir hasta Capri en funicular (5 min.). Paseamos por las impolutas calles del pueblo, llenas de tiendas carísimas y nos vamos a ver el Arco Naturale y Villa Jovis (entrada 2 €). Esta enorme villa fue la residencia del emperador Tiberio en Capri, allá por el año 30 D.C. Desde allí bajamos de nuevo hasta Capri y vamos hasta Certosa di San Giacomo, una cartuja del siglo XIV que nos encontramos a esa hora cerrada. De todas formas, el viaje no resulta en balde, puesto que justo al lado están los jardines de Augusto, fundados por el emperador Augusto. La vista desde los jardines hacia las islas Faraglioni es espectacular.

Queremos terminar de aprovechar el día y visitar Anacapri, segunda población de la isla y rival de Capri. Para llegar hasta allí cogemos un autobús en la minúscula estación de autobuses de Capri. La serpenteante carretera que discurre entre estas dos poblaciones no es apta para personas que padezcan de vértigo ya que en cada una de las curvas por las que pasamos parece que el vehículo vaya a caer despeñado por los afiladísimos desfiladeros que van a caer al mar. Una vez en la principal parada que hay en Anacapri sólo hay que andar unos 200 m. para llegar hasta la parada de los autobuses que van hasta la Grotta Azzurra, lugar de interés más famoso de la isla de Capri.

Esta gruta es una cueva marina iluminada por una luz azulada que parece venir de otro mundo. Aunque lo parezca, no se trata de un truco para atraer a ingenuos turistas. El origen del intensísimo azul que se observa desde el interior  de la gruta tiene como origen la refracción de la luz solar a los lados de la entrada, de apenas un metro de altura, combinada con la reflexión de la parte inferior, de arena blanca. La visita, aunque sea casi de visita obligada para todo aquel que visita Capri, no deja de ser un “sacadinero” para los turistas, puesto que dura menos de 5 minutos y los barqueros cobran 11,50 € por barba, vamos, todo un negocio. Además del precio de la entrada a la gruta, una vez en el “mágico” interior el barquero, cual barítono, entona un “O Sole Mío” que tira para atrás, en busca, como no, de la propina de turno.

De vuelta de nuevo en bus a Anacapri, damos el último paseo por la vía Axel Munthe y llegamos hasta el mirador donde se encuentra el museo que lleva el nombre del vanidoso doctor sueco. Desde el mirador hay 800 escalones que bajan hasta la localidad de Capri. Así que con tranquilidad y disfrutando de las vistas nos disponemos a bajar esa “escalerita” disfrutando de las vistas de la isla.

Al llegar hasta Marina Grande sólo toca esperar a la salida de nuestro ferry y decir adiós a la isla de Capri mientras éste zarpa en dirección a Sorrento. Esa última noche, después de pegarnos una relajante ducha, cogemos el coche y bajamos a Sorrento a cenar. Elegimos el restaurante “La Lanterna”, en vía San Cesareo, donde disfrutamos de una cena espectacular con un servicio exquisito.

sábado 9 octubre: Y ESTO SE ACABÓ

Hoy toca regresar a casita y aún nos queda una buena tiradita. Tenemos por delante unos 320 kms. hasta llegar a Bari, desde donde volaremos a Valencia. Así que después de desayunar en el B&B y despedirnos de la simpática familia que nos ha hospedado durante estos últimos cuatro días, cogemos el coche y ponemos el navegador rumbo a Bari. La única parada que hacemos es en Pompeya y es que al pasar por la autopista vimos un centro comercial de la marca Alcampo y no pudimos resistir caer en la tentación de parar y hacer algunas compras. Nos  hinchamos a comprar pasta y demás condimentos de la cocina italiana que tanto nos gusta. Una vez las maletas llenas a rebosar de quesos y pasta pusimos, esta vez si, rumbo al aeropuerto de Bari. A las 16:50 h. despega el vuelo de Ryanair que nos devuelve a casa, es decir, a la cruda realidad. Ahora toca pensar en el próximo destino y es que en noviembre tenemos un vuelo para pasar un fin de semana en Oporto, nuestra primera incursión en la vecina Portugal.

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3 comentarios

  1. DORA BEASCOECHEA

    Por favor quiero ir a La Puglia y Basilicata pero no se conducir!!! mi pregunta Uds. saben si hay buses como para trasladarse de una ciudad a otra de la zona? MIL GRACIAS

    18 agosto, 2014 en 22:27

  2. Monica

    Excelente el relato del viaje. Estamos copiándolos bastante.

    23 septiembre, 2014 en 17:58

  3. Nora Luzzi

    Gracias por el relato! Además de ameno me ha servido de mucha ayuda!!!un saludo desde Buenos Aires, Argentina

    20 septiembre, 2015 en 15:18

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