un mes en Japón, mayo 2010 (2ª parte)

miércoles 19 mayo: DE TEMPLOS POR KIOTO. PODRÍAMOS ESTAR UNA SEMANA ENTERA Y NO REPETIRÍAMOS NINGUNO

Es nuestro tercer día en Kioto y aún no hemos visitado ninguno de sus famosos templos, así que para hoy hemos planeado un día de visita cultural. Y es que en una ciudad que cuenta con 17 lugares designados Patrimonio Mundial por la Unesco, nunca se estarán los suficientes días. Por ello creo que se debe hacer una selección de los templos y santuarios que se desean visitar, ya que de lo contrario se corre el riesgo de coger un atracón de templos, cosa conocida como “templitis” (o algo así debe ser). Como en Kioto los templos están repartidos prácticamente por toda la ciudad, hay que recurrir forzosamente al transporte público. Aquí no hay casi ninguna línea de tren operada por JR, por lo que la mejor forma de moverse por la ciudad (y la más económica) es la magnífica red de autobuses de Kioto. Para ello lo mejor sin duda es comprar el pase de un día que da derecho al uso ilimitado de todas las líneas de autobús de la ciudad durante 24 horas. El pase cuesta 500 yenes y se amortiza enseguida puesto que un solo viaje en autobús ya sale por 220 yenes. Se puede comprar en una oficina que hay a la salida de la estación JR de Kioto. Nosotros lo compramos en la recepción de nuestro hostel.

Cogemos un autobús de la línea 100 en la parada que hay justo enfrente del hostel y nos bajamos en la parada “Kiyomizu-michi”. De allí sale una calle que enfila ladera arriba hasta el templo de Kiyomizu (entrada 300 yenes). Éste, junto a los templos de Ginkakuji y Kinkakuji es uno de los más importantes de Kioto y eso se nota enseguida, ya que está todo lleno de gente, sobre todo japoneses, y es que en Japón, el turismo nacional es mayoritario. La visita no es todo lo cómoda que desearíamos debido a que no para de llover en todo el rato y sobre todo debido a la cantidad de gente que hay en el templo. Pero contra eso no hay remedio, y es que estar en uno de los lugares más visitados del país es lo que tiene.

A la salida del templo dimos un paseo por las bonitas calles de Gion y visitamos el templo de Yasaka Shrine (entrada gratuita) y el parque de Maruyama, que cuenta con un impresionante cerezo llorón. Después volvimos a coger la línea de autobuses 100 hasta la parada de “Ginkakuji-michi”. Allí visitamos el templo de Ginkakuji (entrada 500 yenes). En este templo vemos el jardín más bonito con diferencia, de todos los que habíamos visto hasta ahora. Aunque de nuevo bajo una persistente lluvia, disfrutamos mucho del paseo por un jardín muy cuidado lleno de musgo.

 

Como ya va siendo la hora de comer, en la parada de “Ginkakuji-michi” cogemos un autobús de la línea 5 y nos bajamos en la parada de “Kawaramachi Sanjo”, situada en el centro de la ciudad, Justo al lado de esta parada está el restaurante “Musashi Sushi”, el cual viene recomendado en la Lonely. Aquí disfrutamos del Kaiten-zushi (sushi en cinta transportadora), experiencia que no habíamos tenido hasta ahora. Es una forma divertida y barata de pegarse un buen banquete de sushi, puesto que cada plato viene a costar 1 euro. A ello hay que sumar, como en casi todos los restaurantes de Japón, que la bebida (agua o te verde) es gratuita. El funcionamiento de este tipo de restaurantes es muy sencillo: te sientas delante de la cinta transportadora, atiborrada de suculentos platos llenos de sushi en todas sus variedades posibles y coges el que más te guste. Te sirves todo el te o el agua que quieras y cuando acabes viene una señorita que te cuenta el número de platos que tienes. Tantos platos, tantos yenes, no hay más.

Después de hartarnos de sushi nos damos un paseo por las cercanas calles peatonales, atiborradas éstas de comercios de todo tipo. Disfrutamos sobre todo de las tiendas dedicadas al manga, donde tienen muñequitos y frikadas de todo tipo. Hacemos algunas comprillas y como ya se ha hecho de noche nos acercamos al callejón de Pontocho y al barrio de Gion, el mejor lugar donde acabar una jornada en Kioto, y es que no hay mejor forma de hacerlo que intentando fotografiar a las esquivas geishas. Después de hacer un par de fotos a una maiko y a una geisha, e invadidos por la consiguiente emoción del momento regresamos de nuevo en autobús hasta el hostel. Esa noche nos hacemos unos spaghetis en la cocina del hostel que nos saben a gloria.

 

jueves 20 mayo: NOS DESPEDIMOS DE KIOTO CON OTRO DÍA DE TEMPLOS

Hoy es nuestro último día en Kioto y queremos ver un par de templos que nos quedaron ayer. Para ello hay que empezar bastante temprano, puesto que a eso de las 16:00 horas todos ellos cierran sus puertas. Volvemos a comprar un “Bus pass” y cogemos la línea 59 hasta la parada de “Kinkakuji-mae”. Aquí visitamos el famoso templo de Kinkakuji (entrada 400 yenes), conocido como “Templo dorado”. La foto de este templo la podemos ver en prácticamente todas las guías y publicaciones que se hacen sobre de Japón. Está construido junto a un estanque y la verdad es que es impresionante, te podrías quedar las horas muertas observando el templo.

 

Desde allí y cogiendo de nuevo la línea 59 de autobús, nos bajamos en la cercana parada de “Ryoaniji-mae” con la intención de visitar el templo de Ryoaniji (entrada 500 yenes), que cuenta con un maravilloso jardín estilo Zen, seguramente el mejor del país. Después de disfrutar un rato del jardín de Ryoanjii volvemos a coger la línea 59 y nos bajamos esta vez en la parada de “Omuro Ninnaji”. Enfrente de esta parada está situado el templo de Ninnaji, el más importante de la rama Omura de la escuela budista. La entrada a este templo cuesta 500 yenes, aunque hay muchas partes del mismo que son de acceso gratuito.

Como ya hemos visto todos los templos que habíamos seleccionado cogemos un autobús de la línea 59 y nos bajamos en la parada de “Kawaramachi-Maturamachi”, en el barrio de Higashiyama, con el objeto de ir al Centro de Artesanos de Kioto, lugar recomendado en la Lonely como el mejor para comprar souvenirs japoneses. El sitio resulta ser más caro que cualquiera de las tiendas que hemos ido viendo por todo el país y además no tiene ningún encanto puesto que se trata de un edificio de 8 plantas bastante feo. Así que no recomiendo este lugar para nada. Comemos unos platos de curry al lado del Centro de Artesanos y nos vamos al centro de la ciudad, puesto que queríamos intentar fotografiar a alguna geisha, pero bajo la luz del día. Después de recorrer un par de veces el estrecho callejón de Pontocho sin ninguna fortuna, nos fuimos al barrio de Gion. Aquí la suerte nos sonrió de lleno, puesto que llegamos a la calle Hanami-koji justo cuando un grupo de geishas salía de una casa de te y las pudimos fotografiar durante unos minutos, fue una verdadera carambola.

Ya de noche, dimos nuestras últimas vueltas por Gion y nos volvimos al hostel a descansar, ya que al día siguiente nos íbamos para Hiroshima. Esa noche compartimos conversación con un chico cordobés que está viviendo en Atlanta (USA) y que actualmente está trabajando como ingeniero en Taipei. Está pasando una semana de vacaciones en Japón y la conversación se centra sobre todo en el sudeste asiático, lugar que quiere conocer y del que le contamos nuestras experiencias de las veces que hemos estado por allí. Córdoba-Atlanta-Taipei: uno nunca deja de sorprenderse de lo bien que se lo monta la gente.

viernes 21 mayo: HIROSHIMA, UNA CIUDAD MODERNA CON UN PASADO MUY DURO

A las 08:20 h. de la mañana sale de la estación de Kioto el Shinkansen que nos llevará hasta Hiroshima. Son exactamente 397 kilómetros que recorremos a una velocidad media de 207 km/h, porque la llegada a Hiroshima es a las 10:15 h., cumpliendo el “tren bala” escrupulosamente la hora prevista.

Al llegar a la estación de Hiroshima, como siempre, seguimos las instrucciones del hostel que habíamos reservado, en este caso el Ks’House Hiroshima, de la misma cadena que el de Kioto. Aunque este nos pareció un poco más flojete, seguía estando muy bien, y el staff resultó ser muy simpático. Trabaja un chico japonés que ha vivido unos años en Chile y habla español. En menos de 10 minutos llegamos al hostel, y es que una de las cosas que busco al reservar alojamiento en este tipo de viajes, es la cercanía a las estaciones o aeropuertos, esto te hace ganar bastante tiempo en desplazamientos, muchos de ellos a horas intempestivas.

Dejamos las cosas en la habitación, y con un mapa de la ciudad en la mano nos vamos a descubrir un poco Hiroshima. Esta ciudad, tristemente conocida por el estallido de la bomba atómica en agosto de 1945, se ha convertido en la actualidad en una moderna y próspera urbe japonesa. Al haber sido rediseñada casi por completo, cuenta con una red de avenidas amplias y dispuestas en cuadrículas, tipo al de muchas ciudades norteamericanas.

Lo primero que hacemos es acercarnos hasta el Parque Conmemorativo de la Paz. Para ello damos un paseo por la larga y animada Aioi-dori. Este recorrido también se puede hacer en tranvía (150 yenes), pero nos apetecía tomarle el pulso a la ciudad, y es un paseo de apenas 20 minutos. Visitamos el parque y nos detenemos delante de la Cúpula de la bomba Atómica, que se ha convertido en símbolo de la ciudad, puesto que es el único edificio que se ha conservado tal y como quedó después del estallido de la bomba, permaneciendo de esta forma, como eterno recordatorio de la tragedia. Allí nos asalta una simpática mujer, guía turístico de la ciudad. Están aprendiendo inglés y se ofrecen de manera totalmente gratuita a explicarnos todo lo relativo al estallido de la bomba atómica. Pasamos con ella un buen rato escuchando atentamente sus explicaciones en un inglés bien sencillo.

A continuación visitamos el Museo Conmemorativo de la Paz (entrada simbólica de 50 yenes). En este museo, conocido popularmente como Museo de la Bomba Atómica, se narra lo ocurrido antes, durante y después del estallido de la bomba aquella fatídica mañana del 6 de agosto de 1945. Aunque la visita puede resultar dura, creo que merece la pena su visita para así conocer de primera mano desde el motivo de su lanzamiento hasta todas las secuelas de la tragedia. Al salir del museo nos damos una vuelta por el Parque Conmemorativo de la Paz, donde hay varios monumentos como el Cenatofio, la Llama de la Paz, el Monumento de la Paz de los Niños. El Monumento Coreano de la Bomba, etc…., todos ellos alusivos al lanzamiento de la bomba.

El resto de la tarde la pasamos por la zona de Hondori y Horikawa-Cho, dos barrios muy animados llenos de comercios y restaurantes. Era viernes y estaba todo lleno de gente con ganas de pasarlo bien. Nosotros cenamos algo y nos fuimos a dormir temprano.

sábado 22 mayo: TORII DE MIYAJIMA. UNA DE LAS IMÁGENES MÁS FOTOGRAFIADAS DE JAPÓN

Es nuestro segundo y último día en Hiroshima y nos hemos dejado para hoy la visita a la isla de Miyajima. La famosa torii flotante del Santuario de Itsukushima-jinja es uno de los lugares más fotografiados de Japón, apareciendo prácticamente en todas las guías y catálogos de viajes. El tema de llegar hasta Miyajima no es para nada complicado. Hay que coger un tren operado por JR en la estación de Hiroshima y bajarse en cuestión de 20 minutos en la parada de Miyajimaguchi. Enfrente mismo de esta estación está el embarcadero de los ferrys que van hasta la isla. Si se es poseedor del Rail Pass hay que coger el barco de esta compañía, que está incluido en el pase ferroviario. El ferry únicamente tarda 10 minutos en llegar hasta el pequeño puerto de Miyajima. Nada más salir del recinto del puerto ya se empiezan a ver ciervos campando a sus anchas por la calle y es que aquí, al igual que en Nara, los ciervos son animales protegidos y están por todos lados.

Lo primero que hacemos es hacer las fotos de rigor a la imponente torii flotante, puerta de entrada al Santuario de Itsukushima-jinja. Como es por la mañana, podemos incluso llegar a colocarnos casi debajo de la misma, puesto que la marea nos lo permite. Ya por la tarde y al subir la marea, la torii queda completamente en medio de las aguas del mar. Hay mucha gente en la isla, cosa que ya preveíamos, por lo que decidimos no entrar al Santuario de Itsukushima-jinja (300 yenes entrada), el cual está hasta los topes. En su lugar perdemos la mañana recorriendo las calles del pueblo y subiendo por el parque de Momijidani hasta el Templo de Daishoin (entrada gratuita), en la zona del bosque Missen. Se trata de un templo de la secta Shingon, dedicado al Dalai Lama. Recomiendo la visita a este templo, ya que es bastante grande y no hay casi gente. Nos pareció uno de los más bonitos que vimos en todo el viaje.

Desde Daishoin bajamos hasta el puerto donde esperamos a que saliera el próximo ferry a Miyajimaguchi. Los barcos zarpan de Miyajima cada 15 minutos. Volvemos a recorrer el mismo camino a la inversa y nos fuimos a descansar un rato al hostel. Esa noche salimos a dar una vuelta por el animado centro de Hiroshima y cenamos en un italiano.

domingo 23 mayo: Y EN NAGASAKI SE ACABÓ NUESTRO PERIPLO POR LA ISLA PRINCIPAL DE JAPÓN

Hoy nos vamos de Hiroshima en dirección a Fukuoka. El principal motivo de ir hasta esta ciudad es volar a Okinawa de forma económica. Compramos los billetes desde casa en la web de la compañía Skymark y nos salieron a 6800 yenes cada uno. Esta compañía es una especie de Ryanair a la japonesa y para comprar los billetes hay que estar muy atentos, puesto que salen a la venta justo un mes y un día antes de la fecha del vuelo. Si no compras ese día, el billete empieza a subir hasta ponerse por las nubes. Y de esto doy fe, puesto que cuando buscaba vuelos para Okinawa en cualquier web tipo edreams, rumbo, lasminute, etc….., por menos de 500 euros no encontraba nada. El viaje de Hiroshima a Fukuoka es en Shinkansen y dura poco más de una hora, recorriendo una distancia de 283 kilómetros, por lo que la velocidad de este tren es la leche.

Este día lo habíamos dejado un poco a la aventura, ya que no habíamos planeado nada, cosa habitual en nuestros viajes, pero que en éste por tierras japonesas no lo estábamos cumpliendo. Y es que viajar por Japón sin alojamientos reservados puede tener sus consecuencias (económicas, por supuesto). Nos quedamos en el hostel Khao San Fukuoka, situado muy cerca de la estación. Dejamos el equipaje y decidimos irnos a pasar el día a Nagasaki, a dos horas de tren. En Nagasaki nos recibió una lluvia torrencial que ya no nos dejaría en todo el día.

Aprovechamos y después de comer nos fuimos a visitar el Museo de la Bomba Atómica (entrada 200 yenes). Este museo, con mucho menos visitantes que el de la vecina Hiroshima, nos pareció muy interesante, sobre todo porque se centra mucho en la historia de las Guerras Mundiales y Guerra del Pacífico. Después de pasar el resto de la tarde resguardados de la lluvia en la zona comercial de Hamano-machi, cogimos el último tren del día de regreso a Fukuoka.

lunes 24 mayo: DE CAMINO A OKINAWA, UN PARAÍSO TROPICAL

Hoy empieza una nueva etapa del viaje. Afrontamos la última semana de nuestra aventura japonesa y lo hacemos cogiendo un avión a Naha, capital de la prefectura de Okinawa. Este archipiélago, situado muy al sur de la isla principal, representa un Japón diferente, donde los templos, las geishas y los cerezos en flor dan paso a playas de arena blanca y palmeras meciéndose al viento. Y que mejor manera de acabar un viaje de cuatro semanas en las que no hemos parado, que tumbados en una hermosa playa de arena blanca con un mar de fondo en el que hay mil y un colores que van del turquesa al azul intenso, pasando por el verde, etc……Para eso sólo hace falta una cosita: que la lluvia nos respete, porque de nuevo al aterrizar en el pequeño aeropuerto de Naha, la señora tormenta sale a recibirnos. Citar también que Okinawa es la cuna del Kárate, los más cinéfilos recordarán al personaje del profesor Miyagi de la famosa película “Kárate Kid”, pues bien, éste era originario de Okinawa.

Al llegar al aeropuerto de Naha enseguida nos damos cuenta de que estamos en un ambiente diferente de la isla principal. Hay orquídeas de colores vivos por todas partes y todos los empleados del aeropuerto visten camisas hawaianas, vamos que te das cuenta rápido que has llegado a una isla tropical. Habíamos reservado un coche desde casa en la página de Europcar, una de las pocas que nos dejó hacer la reserva a través de su web. Y la verdad es que nos salió genial, porque por 142 euros conseguimos un coche para tres días. Las instalaciones de los rents a car en Naha están alejadas del aeropuerto, pero no hay problema porque ellos están esperando la llegada de tu vuelo y te llevan en furgoneta hasta sus oficinas.

Pero lo mejor del coche está por contar: nosotros habíamos reservado un Mazda 2, vehículo más que de sobra para movernos por la isla durante los tres días que íbamos a estar. Hasta ahí bien, pero cuando los chicos de la oficina de Europcar en Naha nos vieron con los tres maletones, nos dijeron que no cabíamos en el coche los tres con nuestro equipaje. Nosotros les dijimos que llevaríamos las maletas al hostel y que todo el tiempo íbamos a ir únicamente los tres en el coche, pero ellos no accedieron, aludiendo que en Japón son muy estrictos y no se puede llevar equipaje en el asiento trasero. Por lo que sin añadir un solo yen a nuestra factura nos cambiaron el  coche por un pedazo de monovolumen nuevo, también de Mazda, de esos que las puertas laterales se deslizan por control remoto, que era una pasada. Incluso llevaba GPS integrado, y vaya GPS!!! Así que, todavía alucinando con el coche que llevábamos, salimos de Europcar con el propósito de encontrar la Guesthouse Sora (15 euros la noche), lugar donde habíamos reservado para pasar esos días en Okinawa. Cosa que fue un juego de niños gracias al GPS. Lo que más me llamó la atención fue que en ningún momento me pidieron el permiso de conducir internacional, y es que en todos lados dice que es requisito imprescindible si se quiere alquilar un vehículo en Japón. De todas formas, yo me lo había sacado antes de salir de casa, trámite que se realiza en cualquier Jefatura de Tráfico y que lleva simplemente unos minutos, pagando una tasa de unos 9 euros.

Dejamos los bultos en la guesthouse y nos fuimos a buscar un sitio donde comer que ya era hora. Lo hacemos muy cerca de Naha, en “Carnival Park Mihama”, también conocida como la California de Okinawa, y es que es un barrio igualito a cualquiera de Los Angeles. No falta de nada, incluso los surfers con sus tablas debajo del brazo. Esta “americanización” viene por la presencia en Okinawa de bases americanas desde hace bastantes años. En la isla abundan los restaurantes de comida rápida, las instalaciones de venta de vehículos de segunda mano por todas las carreteras, incluso las vías principales están bautizadas como “ruta 58” o “ruta 331”. Es tal la presencia yanke que en muchos sitios se puede pagar en dólares americanos. Conduciendo por sus carreteras a veces nos teníamos que preguntar si estábamos en USA o en Japón.

Ese día probamos el Okonomiyaki, una especie de pancake japonés de carne y verduras que estaba buenísimo. En Okinawa abundan los platos con la carne de cerdo como protagonista. Y cuando digo cerdo, quiero decir cerdo en todas sus vertientes: rabo, careta, oreja, etc….. Ésto que para nosotros resulta normal, no lo es tanto para los japoneses, puesto que durante nuestra estancia en la isla principal, cuando decíamos a alguien que íbamos a estar unos días en Okinawa, nos avisaban de que allí se comía cerdo, resultando para ellos algo muy exótico. Después Patri y yo nos metimos en un “Yogurland”. En este garito coges un vaso enorme y lo vas pasando por unos surtidores de yoghourt helado de varios sabores (y que sabores…). Luego le vas añadiendo más condimentos tipo: lacasitos, bizcochos, galletas oreo, gominolas, trozos de brownie, y un largo etc…, vamos que nos pusimos moraos. En este barrio hay varios Outlets a buen precio, por lo que después de comer hicimos unas comprillas.

El resto de la tarde la pasamos conduciendo por la carretera de la costa (la 58) hasta la pequeña península de Motobu. Una vez que se deja atrás la bulliciosa ciudad de Naha, el paisaje y el ambiente tranquilo de la isla es muy agradable. En la isla de Sesokojima descubrimos un par de playas preciosas donde vimos un precioso atardecer. Antes de llegar a Motobu nos paramos un rato a ver un partido de beisbol que estaban jugando uos jovencísimos japoneses muy simpáticos. El tema de llevar el coche y parar donde quieres te da mucha libertad, este tipo de viaje lo hemos hecho otras veces y nos encanta. Ya tarde volvimos a Naha, compramos algo de comida y cenamos tranquilamente en la guesthouse. Éramos los únicos huéspedes occidentales siendo el resto todos japoneses. La verdad es que había muy buen rollo y cenamos muy a gusto con ellos.

martes 25 mayo: NORTE DE OKINAWA Y ACUARIO CHURAUMI. QUE PASADA LOS TIBURONES BALLENA!!

Nos levantamos temprano y volvemos a coger la ruta 58 con la intención de visitar el norte de la isla. Dejamos a Patri en “Playa Esmeralda” (Motobu), ya que andaba loco por tumbarse a la bartola en una playa de arena blanca, y Valle yo nos fuimos hasta el cabo Hedo, el extremo septentrional de la isla. Desde Naha hasta el Cabo Hedo se llega en algo más de dos horas y es que el límite de velocidad en las carreteras interurbanas de Japón de sólo 60 km/h, y como en un anterior viaje por la costa oeste de USA ya tuvimos un encontronazo con la Highway Patrol en forma de denuncia por exceso de velocidad, me obligué a respetar todos los límites de velocidad establecidos.

 

Las vistas desde el cabo Hedo son alucinantes. Este lugar parece sacado de una película tipo King Kong o alguna de esas, con unos inmensos acantilados cubiertos de un espeso follaje, muriendo éstos en unas playas larguísimas donde rompen las olas de un mar de un azul espectacular. Volvimos a por Patri y nos fuimos a comer a una playa solitaria de las que abundan por toda la costa oeste de Okinawa, y es que “Playa Esmeralda” es preciosa, pero resulta demasiado turística, demasiado prefabricada.

Después de comer decidimos visitar el acuario de Churaumi, en la península de Motobu. Este acuario es uno de los más grandes del mundo y cuenta como plato fuerte con la presencia de tres enormes tiburones ballena. Está situado dentro de un complejo llamado Ocean Expo Park, que fue la sede de la exposición Oceánica Internacional de 1975. La entrada cuesta 1800 yenes, pero a partir de las 16:00 h. bajan a 1260 yenes. En el exterior hay un delfinario y dos enormes piscinas de tortugas y manatís.

 

Tras la visita al acuario, en la que disfrutamos un montón, pusimos rumbo a Naha, y es que ya era tarde y aún nos quedaba un buen rato para llegar hasta la guesthouse.

miércoles 26 mayo: SUR DE OKINAWA, Y PARQUE CONMEMORATIVO DE LA PAZ

Para hoy nos hemos propuesto visitar la parte sur de la isla, por lo que después de desayunar en la guesthouse, cogemos la ruta 331 y nos dirigimos hacia el este. Esta parte de Okinawa es bastante menos turística y vamos pasando pequeños pueblecitos muy tranquilos donde abundan los huertos e invernaderos tipo la costa almeriense. La verdad es que Okinawa nos está resultando muy diferente de lo que habíamos visto de Japón.

Visitamos el Parque Conmemorativo de la Paz, situado casi en el extremo meridional de la isla. Allí está el Museo Conmemorativo de la Paz de Okinawa (entrada 300 yenes), que se centra en el sufrimiento de los habitantes de la isla a manos de los militares japoneses primero y en la posterior ocupación por parte de las fuerzas estadounidenses tras la conocida como la “Batalla de Okinawa”. Este museo nos gustó, ya que repasa la historia de la Guerra del Pacífico de forma exhaustiva. En el Parque Conmemorativo de la Paz está la Piedra Angular, con las inscripciones de todos cuantos murieron en la batalla de Okinawa, incluidos los soldados americanos.

De allí continuamos ruta y paramos en la tranquila localidad de Itoman, donde comimos. Y para acabar la ruta por el sur de la isla visitamos el Cuartel General Naval Subterráneo (entrada 450 yenes), situado muy cerca de Naha. En este lugar se suicidaron 4000 militares japoneses al verse cercados por las fuerzas americanas, al final de la sangrienta batalla de Okinawa. Esa noche cenamos en “Carnival Park Mihama” y nos fuimos temprano a dormir ya que al día siguiente queríamos ir a pasar el día a Zamami, una de las bellas islas que integran el archipiélago de las Kerama, situado muy cerca de Okinawa.

jueves 27 mayo: ZAMAMI, QUE PARAÍSO!!

Madrugamos y a las 08:00 en punto dejamos el coche en la oficina de Europcar. Le preguntamos al personal de allí la manera más rápida de llegar hasta el puerto de Tomari, lugar desde donde salen los ferrys que van a Zamami, y ellos mismos nos acercaron hasta el puerto. Un diez para los chicos de la oficina de Europcar, porque su trato fue exquisito. Hay dos tipos de ferrys que llegan hasta Zamami: el ferry convencional y el rápido. Los horarios varían de uno a otro y también dependiendo del día del mes en que nos encontremos. Nosotros, al pasar sólo un día en la isla nos decantamos por el rápido para aprovechar más el tiempo en Zamami. El billete de ida y vuelta nos costó 5970 yenes a cada uno. Salimos a las 09:00 h. y tardamos 50 minutos en llegar a Zamami, mientras que el lento tarda dos horas.

Sólo el viaje hasta Zamami ya merece la pena, puesto que el escenario es para alucinar: islotes de arena blanca se van sucediendo uno detrás de otro mientras que aviones de guerra americanos y japoneses no paran de pasar volando a baja altura por encima de nosotros. En el pequeño puerto de Zamami hay una oficina de información turística donde nos dan un plano de la isla. En el pueblecito de la isla donde apenas viven unas 500 personas se respira una paz y una tranquilidad absoluta, puesto que no se ve un alma por la calle y sólo se oyen pajaritos. Recomiendo este lugar a quien busque perderse unos días en una isla de ensueño y poco explotada. Para moverse por las playas de la isla se puede alquilar una bicicleta o una scooter de 100 cc. Nosotros queríamos pasar el día en la playa de Furuzamami, que la teníamos seleccionada después de haber consultado sobre las islas Kerama en blogs de otros viajeros y guías de viaje. En la oficina de información turística de la isla nos confirmaron que esta playa era la mejor de isla. Del puerto hasta Furuzamami hay unos 20 minutos andando, en los que se sube y baja una colina, pero no es para nada un trayecto duro.

Furuzamami resultó ser una larga playa de aguas cristalinas y de un color azul espectacular. Hay un chiringuito donde se puede comer a precio más que aceptable. También hay duchas y se pueden alquilar tumbonas, sombrillas y equipos de snorkel. Nosotros nos alquilamos una máscara y un tubo (500 yenes) y estuvimos todo el día haciendo snorkel, y puedo asegurar que ha sido el mejor de todos los lugares donde hemos hecho snorkel. Además de todo esto citaré que en la playa éramos cuatro gatos, y es que lo mejor a mi parecer que tiene esta isla es lo poco explotada que está, eso sí, que nadie vaya buscando resorts de lujo y ese tipo de cosas porque allí sólo hay guesthouses y alojamientos muy básicos. Y que siga así, porque si a los japoneses les da por desarrollar la infraestructura en la isla para recibir a turismo en plan masivo, se acabó la magia de Zamami.

Pasamos toda la jornada en Furuzamami y poco antes de la hora prevista de la salida del ferry que nos tenía que llevar a Naha, salimos de la playa con la intención ir dando un paseo hasta el puerto. Nada más  salir de la playa el paseo se truncó, porque un chico que pasaba con su furgoneta se ofreció a llevarnos hasta el puerto, cosa que le agradecimos, ya que el sol a esa hora caía a plomo. Nosotros, acostumbrados a viajar por otro tipo de países, hasta le preguntamos al pobre chaval cuanto nos cobraba, pero esto es Japón y aquí lo hacen de forma totalmente desinteresada. Salimos a las 17:20 h. de Zamami y llegamos 50 minutos más tarde al puerto de Tomari en Naha. Esa tarde, después de pasar por la guesthouse a pegarnos una ducha, la pasamos paseando por la calle Kokusai-dori, la más animada de Naha, donde abundan los restaurantes, tiendas de souvenirs, bares de copas, etc…

Cenamos en un restaurante de Kokusai-dori y nos vamos a dormir que mañana nos espera un nuevo día de traslado, que será el último del viaje. De Naha debemos volar a Tokio, donde al día siguiente saldrá el vuelo de Air China que nos llevará a Madrid después de hacer una escala en Beijing.

viernes 28 mayo: ÚLTIMA TARDE EN TOKIO. QUE PENA, ESTO SE ACABA

Nos levantamos temprano como todos los días del viaje, y es que hay que ver como se aprovechan los días cuando uno está de ruta lejos de casa. Un mes de viaje por Japón equivale a por lo menos tres o cuatro meses en casa haciendo tu rutina diaria. Hacemos el check-out en la guesthouse y preguntamos a la dueña por la mejor forma de llegar al aeropuerto, ya que al habernos movido con el coche aún no conocíamos el transporte público de la ciudad. Ésta resulta ser cogiendo el monorraíl elevado que recorre de punta a punta la ciudad de Naha. Así que siguiendo las instrucciones del staff de la guesthouse nos acercamos andando a la cercana estación de Miebashi, a tan sólo un par de minutos andando. El billete hasta el aeropuerto cuesta 260 yenes y tarda unos 15 minutos.

Ya en el aeropuerto de Naha los trámites son rápidos y sencillos, como todo en este país. Sólo puedo hablar bien de la compañía Skymark, porque siendo una low cost, no nos cobraron nada de suplemento al excedernos con creces del peso máximo permitido para el equipaje facturado (15 kg.).

El vuelo desde Naha a Tokio se hace en unas dos horas y media, tras las cuales aterrizamos en el aeropuerto de Haneda, que es en el que opera Skymark. Otro punto que tengo que destacar a favor de esta compañía es que después de recoger el equipaje en la cinta, cada pasajero debe hacer cola para salir de la zona de llegadas mientras el personal de la compañía comprueba que la maleta que sacas es la tuya. Esto puede resultar una tontería, incluso habrá gente que le moleste perder esos minutos haciendo cola, pero pienso que es muy importante y que la mayoría de compañías, incluidas las de más alto nivel, dejan un poco de lado. Y digo esto porque nosotros ya tenemos experiencia y sabemos lo que es que otro pasajero se lleve por error nuestra maleta y quedarnos con cara de bobos mirando la cinta transportadora totalmente vacía. Para más inri, eso nos pasó en Estados Unidos, se supone que el país número uno del mundo.

Desde el aeropuerto de Haneda el trayecto hasta Tokio es más corto que desde el de Narita, en cuestión de 30 minutos estás en el centro de Tokio. Nosotros íbamos a Asakusa, donde teníamos reservado el hostel, para ello cogimos la “Keikyu line” (billete 640 yenes) y en 45 minutos nos bajamos en la estación de Asakusa. Como íbamos a estar un día en Tokio, compramos un pase de metro de un día, que por 1300 yenes te da derecho a viajar en todas las líneas de metro de la ciudad, incluido el trayecto de Haneda a Asakusa, por lo que merece bastante la pena.  Hacemos el check-in en el hostel “Khaosan Tokyo Smile”, el mismo que el de nuestra primera visita a la capital y nos vamos a comer algo por ahí.

Vamos al local que conocimos en nuestra primera visita a Tokio y que está justo al lado de la estación de metro de Asakusabashi en busca del delicioso sashimi que probamos allí pero resulta estar cerrado, así que nuestro gozo en un pozo. No perdemos más tiempo en buscar otro lugar y nos metemos en el primer garito de comida rápida japonesa que encontramos. En este tipo de locales es donde prácticamente nos hemos alimentado durante todo el viaje, ya que los platos están muy bien, pruebas un montón de variedades de comida autóctona y no exceden de los 700 u 800 yenes.

El resto de nuestra última tarde en Tokio la pasamos en los barrios de Akihabara, Harajuku y Shibuya. Hicimos las últimas comprillas y nos retiramos al hostel a pegarnos una ducha ya que esa noche habíamos quedado con nuestras amigas enfermeras de Osaka que venían a Tokio a cenar con nosotros y a despedirse. O lo que es lo mismo: se iban a hacer casi 600 kilómetros para despedirse de nosotros y sólo nos habían visto un par de veces.

Y es que no me cansaré de resaltar la forma de ser de los japoneses, mostrando una amabilidad, una calidez y un trato exquisito en todo momento, acogiéndote entre ellos como si te conocieran de toda la vida. Y para muestra, un botón: Miho y Nahomi aparecieron con un par de amigos suyos, dos jóvenes médicos que trabajan en el Hospital de Kioto. Pues bien, éstos nos llevaron a cenar a un restaurante excelente, el mejor en los que cenamos en toda nuestra estancia en Japón y cuando llegó la hora de pagar la cuenta, la cual excedía bastante de los 20000 yenes, no permitieron por ninguna de las maneras que pagáramos nosotros ni un solo yen, y a estos chavales los acabábamos de conocer.

Así que de esta forma acabó nuestro último día en Tokio, compartiendo una simpatiquísima velada con Niho, Naomi, Micky y Nobu, a los cuales les invitamos a visitar España y a cocinar para ellos paella y tortilla, que no paraban de decir las ganas que tenían de probar la comida española. Nos aseguraron que este año viajarían a España en su semana de vacaciones, la única que tienen en todo el año (que afortunados nos podemos sentir de tener unos cuantos días más). Y es que esto es lo mejor que tiene lo de viajar, que conoces a gente muy interesante de la otra punta del mundo, con una cultura totalmente diferente de la nuestra y con la que de repente te encuentras en una mesa compartiendo unas cervezas y riéndote de cualquier cosa.

Esa noche nos acostamos a las 04:00 h. un poco cabizbajos pensando en que al día siguiente dejábamos Japón para volver a la rutina de todos los días.

sábado 29 mayo: Y ESTO SE ACABÓ, SAYONARA!!

Hoy se acaba el viaje y siempre resulta el peor día de todos con diferencia, ya que al cansancio acumulado de todos los días y el siempre rollete de volver a la rutina, se una la paliza de horas de avión que hay que hacer hasta llegar a la puerta casa, pero no hay más remedio que pasar por eso. A las 13:50 h. despega el vuelo de Air China que nos debe llevar a Beijing, donde después de unas horas de escala saldremos en otro vuelo operado por la misma compañía con destino a Madrid.

Para llegar hasta el aeropuerto de Haneda volvemos a coger la  “Keikyu line” (billete 640 yenes) y en menos de una hora estamos en el aeropuerto. Allí cogemos un shuttle bus que nos lleva hasta la Terminal Internacional donde facturamos nuestro equipaje hasta Madrid. Embarcamos en el primer avión y comienza un larguísimo viaje en el que montaremos en tres aviones diferentes y visitaremos cuatro aeropuertos. En fin, que una vez más esto se acaba y nosotros ya estamos pensando en dónde iremos el año que viene, mientras tanto nos conformaremos con escapadillas por Europa y alrededores, que todo no va a ser currar. Asia como siempre tendrá muchas bazas para convertirse en un próximo destino.

Y como todo no va a ser mal rollo, en unos días me pondré a trazar una ruta por La Toscana, lugar al que volaremos en dos semanas.

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