un mes en Japón, mayo 2010 (1ª parte)

Comenzaremos este viaje de 4 semanas pasando unos días en la extravagante y curiosa metrópoli de Tokio. De allí “volaremos” en tren bala hasta Takayama y Kanazawa, localidades situadas en la región de los Alpes Japoneses, entorno rural donde parece se haya detenido el tiempo. Después de pasar unos días en esta región tranquila y montañosa volveremos a probar el velocísimo tren bala hasta la vibrante y moderna Osaka. Tras un fin de semana de locura llegaremos a Kioto, corazón cultural del país, en donde pasaremos cinco días entre templos y geishas. De allí dirigiremos nuestro rumbo a Hiroshima, donde seguro que aprenderemos de su trágico pasado. Y para finalizar este viaje volaremos desde la ciudad de Fukuoka hasta el archipiélago de Okinawa, auténtico paraíso tropical, donde intentaremos descubrir un Japón muy diferente.  

3-4 mayo: DE MADRID A TOKIO PASANDO POR BEIJING, UN DÍA ENTERO DE VIAJE

A las 11:25 h. despega de Barajas nuestro vuelo de Air China, que tras más de 20 horas de viaje, escala en Beijing incluida, nos llevará hasta Tokio, donde empezará nuestra aventura japonesa. Es la primera vez que volamos con Air China y la verdad es que no nos podemos quejar de nada. El avión es un Airbús A330 de esos que incorporan las pantallas multimedia de LCD en los reposacabezas, cosa que se agradece en un vuelo de tantas horas. Está claro que no es el lujo o la sofisticación de otras compañías de mayor rango en cuanto a comidas y trato de la tripulación, pero es que después de encontrar un billete MADRID-TOKYO i/v por 453 euros no está la cosa como para quejarse.Tras 11:30 horas de vuelo aterrizamos en el modernísimo y enorme aeropuerto internacional de Beijing, donde nos aguardan 9 horas de escala, un poco más de lo previsto ya que el avión ha llegado a Beijing con algo de adelanto respecto al horario previsto. A las 13:25 horas despegamos de Beijing con dirección a Japón, donde en poco más de tres horas aterrizamos en el aeropuerto de Tokio Narita.Después de pasar el control de inmigración y recoger nuestro equipaje, trámites que se hacen muy rápidamente, cómo todo en este país, cambiamos dinero en una de las oficinas de cambio de divisas que hay en el aeropuerto. Aquí conseguimos un cambio de 120 yenes por euro. De todas formas, aconsejo cambiar bastante dinero a la llegada en el aeropuerto, puesto que no es fácil encontrar oficinas de cambio por el resto de país. Tras cambiar dinero bajamos una planta y buscamos la oficina de JR donde activamos y validamos en ese mismo momento nuestro JR Pass de 21 días comprado en España.

Tenemos que empezar a exprimir ya nuestro flamante JR Pass, por lo que en esta misma oficina reservamos asiento en el Narita Express, que nos llevará a Tokio en 60 minutos. Es nuestro primer contacto con el transporte público nipón y puedo asegurar que la fama de estrictos, puntuales y educados se lo han ganado a pulso estos japoneses. Los vagones están impolutos, el personal que ofrecía snacks y refrescos en los vagones iba perfectamente uniformado, haciendo siempre una reverencia al entrar y salir de cada vagón y en cuanto al horario, sólo citar que en Japón la gente se pone en hora el reloj tomando como referencia las salidas y llegadas de los trenes. El Narita Express tiene parada en la “Tokyo Station”, metida ya en la “Yamanote line” (incluida en el JR Pass), que es una línea que rodea la ciudad y que llega a casi todos los sitios interesantes de Tokio.Una vez en la “Tokyo Station”, para llegar hasta el barrio de Asakusa, el más antiguo de Tokio, que es donde tenemos reservado el hostel, tenemos que coger la “Ginza line” que es una de las líneas de metro que recorren la ciudad.

Plano metro de Tokio (pinchar en el plano para agrandar)

Siguiendo las indicaciones de la web del hostel, nos bajamos en “Asakusa Station”. Desde allí al hostel sólo queda un paseo de 10 minutos, adonde llegamos después de preguntar a un par de simpáticos japoneses, porque encontrar una dirección en Tokio es bastante complicado. Nos quedamos en el Khaosan Tokyo Smile, un hostel bastante decente que nos sale a 19 euros por barba con acceso a internet incluido.Esa noche cenamos algo en un garito del mismo barrio de Asakusa, muy cerca de “Asakusa Station”. Es un local de comida muy casera en el que sólo hay japoneses. Empezamos a darnos cuenta de los diferentes que son de nosotros cuando tenemos que pedir la comida, y es que el proceso es un tanto raro: lo primero que tienes que hacer es el elegir el plato que deseas de las perfectísimas reproducciones de cera que hay expuestas en el escaparate, luego el plato seleccionado lo pagas en una máquina tipo de las de tabaco o refrescos y por último el ticket que te ha dado la máquina se lo entregas al camarero. La verdad es que todo el proceso resulta bastante sencillo y eso que se hace sin cruzar una sola palabra con el personal del establecimiento que por supuesto no habla ni papa de inglés.

miércoles 5 mayo: PRIMER ASALTO A TOKIO: GINZA, PALACIO IMPERIAL, HARAJUKU, SHIBUYA, ODAIBA… ESTO ES PARA ALUCINAR!!

Nos levantamos temprano y totalmente recuperados del cansancio del viaje, por lo que armados de planos, guías y apuntes, nos disponemos a atacar la ciudad. Como aún son las nueve de la mañana decidimos ir a ver el mercado de pescado de Tsukiji, situado en el barrio del mismo nombre. Se trata de la mayor lonja de pescado de Tokio y una de las más grandes del mundo. En ella entra todo el pescado que más tarde se convertirá en sushi o sashimi. Para ello cogemos las “Ginza line” hasta la parada de Ginza, donde cogemos la “Hibiya line” hasta la parada de Tsukiji. El funcionamiento del metro y las máquinas expendedoras de billetes no es muy diferente de las del resto de países, por lo que enseguida nos hacemos con ello.Al llegar a la lonja ésta resulta estar cerrada puesto que hoy es día festivo en Tokio, y es que la primera semana del mes de mayo en Japón es conocida como “Semana Dorada”, tomándosela los japoneses de vacaciones. La lonja está cerrada, pero los puestos de sushi de alrededor no, y es que estos locales son los mejores sitios para probar estas exquisiteces de la cocina del país. Dejándonos recomendar por la Lonely, elegimos el “Sushi Zanmai”,donde nos metemos nuestro primer atracón de sushi y sashimi. Está buenísimo y pagamos unos 14 euros por 12 piezas de pescado y tres bebidas. La verdad es que en Japón se puede comer bien y no sale tan caro como se espera uno, esa es otra de la impresiones del viaje.Después de este almuerzo tan japonés, llegamos caminando (10 minutos) hasta el barrio de Ginza, equivalente a la 5ª Avenida de Nueva York. Fue el primer distrito comercial de Tokio, y aunque en la actualidad le han salido numerosos competidores, sigue siendo ideal para mirar escaparates y visitar galerías de arte. En Ginza damos un paseo y flipamos con los rascacielos y con todas las tiendas de lujo, de esas que son sólo para mirar escaparates.

 

Visitamos el edificio de Sony, que tiene 7 plantas y alberga todas las novedades de la marca, desde las nuevas televisiones HD, hasta la videoconsolas más modernas. Aquí perdemos un rato alucinando con las proyecciones en HD en unas pantallas de televisión más finas que el papel. El hecho de pasear por esas calles ya es una verdadera pasada, porque a la gente ultramegamoderna vestida con la que te cruzas a cada instante, los escaparates con perfonmances incluida, sólo hay que añadir un dirigible que en esos momentos sobrevolaba el cielo de Tokio, y es que acabamos de aterrizar en Japón y ya estamos con cara de alucine.Desde allí nos vamos paseando hasta el Palacio Imperial. Actualmente es la residencia del Emperador, por lo que es visitable previa reserva y sólo tres días al año. De todas formas después de hacer la foto de rigor del exterior del Palacio, paseamos un rato por sus jardines de alrededor. Tampoco perdemos mucho tiempo en el lugar puesto que en Kioto nos vamos a hartar de templos y preciosos jardines japoneses.Tras la visita al Palacio paseamos hasta la cercana “Tokyo Station”, donde cogemos la “Yamanote line” hasta Harajuku. Este barrio es donde se juntan todas las cosplay y demás fauna urbana de Tokio para comprar los vestidos con los que imitan a sus personajes preferidos de los comics manga y anime. Y es que aquí es donde vemos las primeras “lolitas” y compañía. Además de recorrer sus calles con tiendas de ropa a muy buen precio donde empezamos a “pecar”, dedicamos un buen rato a observar a las cosplay que allí se reunían, y es que es su principal afición, “disfrazarse” y dejarse ver. Estas chicas en su mayor parte son jóvenes residentes en los suburbios de la capital, algunas de ellas, intimidadas en la escuela, que encuentran un alivio con esta forma de expresión y cambio de identidad de unos días a la semana. En uno de los muchos restaurantes que hay en el barrio comemos unas bolas rellenas de carne y pescado llamadas Takoyakis, que resultan estar de vicio.Sin salir aún de Harajuku y justo al lado de su estación, visitamos el templo de Meii-Jungu, uno de los más bonitos de Tokio y poseedor del torii más grande el país. El templo, totalmente reconstruido tras los bombardeos sufridos durante la II Guerra Mundial nos parece espectacular, pero lo que más nos llama la atención es la boda con la que coincidimos en los jardines que hay en el exterior. Es una boda donde los novios van vestidos con trajes tradicionales y realmente es para flipar. Después de dar por terminada la visita a Harajuku, cogemos la “Yamanote line” hasta la parada de “Shibuya”.Al salir de la estación y hacerlo por la salida de “Hachiro” nos damos de bruces con otro de los platos fuertes de Tokio: el cruce de Shibuya, conocido como “Scramble Kousaten”, sin duda una de las intersecciones más conocidas del mundo, donde la luz verde de los semáforos da paso a una marea humana perfectamente cronometrada y en absoluto silencio. Son cuatro semáforos y cuatro pasos de peatones, dos rectos y dos diagonales, y se trata sin duda del más concurrido del mundo, llegando a alcanzar el millón de personas a diario. La gente se amontona para cruzar y cuando la luz verde se enciende, una marea de cientos de personas cruzan la calle en un silencio que impresiona. Alrededor, una luz exagerada proveniente de las pantallas gigantes instaladas en las fachadas de los edificios donde se proyectan videos publicitarios ilumina la escena. Este ajetreadísimo paso de peatones lo cruzaba Scarlett Johannson en una escena de la película Lost in Translation.Tras recorrer un par de centros comerciales de la zona, principal ocupación del visitante de Shibuya, ponemos rumbo a la isla artificial de Odaiba, situada en la Bahía de Tokio. Para llegar hasta ella hay que tomar la “Yamanote line” hasta la parada de “Shimbashi”, donde enlazamos con “Yurikamome line”. Esta línea en su trayecto hasta Odaiba corta en dos el Tokyo más moderno en un tren sin conductor. Aquí nos parece estar en otra galaxia. Para llegar a Odaiba cruzamos el Rainbow Bridge, llamado así por el cambio de color de su iluminación dependiendo de la estación del año en que nos encontremos.La visita a Odaiba es obligada hacerla al atardecer, ya que contemplar éste con el fondo del sky line de la ciudad no tiene precio. En Odaiba hay un montón de modernísimos centros comerciales y áreas temáticas como el edificio “Sega”, donde perdemos un rato en algunas de sus actividades. La más impresionante para mí es un simulador de rallys en el que el coche a conducir es simplemente un coche auténtico allí acoplado. Allí pasamos un rato derrapando y dando volantazos en un Subaru Impreza.De regreso a Asakusa cenamos en uno de los pocos sitios que vimos abiertos a esas horas y es que se nos había hecho bastante tarde. De esta forma damos por finalizado nuestro primer día en tierras japonesas. El viaje no ha hecho más que empezar y la verdad es que está cumpliendo todas las expectativas en él depositadas.

jueves 06 mayo: SEGUIMOS VISITANDO TOKIO: ASAKUSA, AKIHABARA, SHINJUKU…ESTO NO SE ACABA NUNCA!!Esta mañana queremos darnos una vuelta por Asakusa, el barrio donde estamos durmiendo. Aquí está el templo de Sensoji, el cual visitamos después de desayunar en el Mcdonalds del barrio. Las calles de alrededor del templo están llenas de tiendas de souvenirs  y de conductores de jinrikisha ataviados con el traje tradicional. Éstos ofrecen circuitos por los alrededores en sus tradicionales carruajes.Después de la visita al templo, bajamos bordeando el río por su orilla oeste hasta el estadio de Ryogoku Kokugikan, lugar donde se celebran los torneos de sumo tres meses al año: enero, mayo y septiembre. Ésto ya lo habíamos visto en internet desde casa y nuestra intención era asistir un día para disfrutar de un combate en directo. Al final decidimos ir el domingo 9, ya que era nuestro último día en Tokio. Las entradas en una buena zona nos cuestan 70 € por cabeza. La verdad es que con sólo contemplar los exteriores del estadio ya se puede uno imaginar cómo debe ser el espectáculo, ya que está todo lleno de banderitas y carteles publicitarios de los combates.Desde allí nos vamos paseando hasta el barrio de Akihabara. Por el camino, y muy cerca de la estación de metro de Asakusabashi nos metemos en un garito muy pequeño pero con mucho encanto a comer sashimi. Coincidimos con un grupo de abuelitas japonesas que no paran de reírse y de hablar con nosotros, por supuesto ellas en japonés, por lo que el rato que allí pasamos se hace muy agradable. Al llegar a Akihabara nos damos cuenta de que el nombre de “Ciudad Electrónica” no le viene por casualidad. Está lleno de grandes almacenes dedicados enteramente a aparatos eléctricos. Además en muchas de ellas se ofrecen libres de impuestos y la verdad que buscando se encuentran cosas que merecen mucho la pena.Akihabara también es conocida por ser la cuna de manga, anime y el hentai, y hay un montón de tiendas donde venden artículos relacionados con todo este arte. Por supuesto, cada una de ellas con su grupo de chicas disfrazadas de los personajes de animación invitando a la gente a pasar al interior, vamos que el sólo pasear por sus calles ya resulta todo un espectáculo. Desde Akihabara queremos ir a Harajuku a hacer unas compras, ya que ayer vimos varias tiendas de ropa interesantes. Lo hacemos en la Yamanote line, la misma que utilizaremos para ir desde Harajaku hasta Shinjuku, el centro financiero de la ciudad, algo así como Manhatan en Nueva York.Desde este barrio se controla todo el país, aquí tienen su sede central todos los bancos japoneses y el gobierno central. El barrio es de los que más nos impresiona de toda la ciudad, ya que su mezcla de imponentes rascacielos, elegantes centros comerciales, luces de neón, pantallas publicitarias gigantes, ejecutivos abriéndose paso a empujones, etc…. es para alucinar.Junto a este barrio está Kabukicho, el barrio rojo de Tokio. Aquí lo que abunda es la prostitución en todas sus modalidades: lujo, menos lujo, chicas, chicos, etc……Está todo lleno de ejecutivos con su traje y su maletín en la mano, eso sí, cocidos como ratas, y es que a estos japoneses el sake les gusta demasiado. Delante de nosotros un señor vestido como un pincel y padre de familia ejemplar (estoy seguro de ello), aterrizó en el suelo después de derrapar en plena acera.Una de las cosas que por obligación hay que hacer en Tokio es subir a la planta 45 del edificio “Tokyo Goverment Office”, lo cual es gratis, y observar la ciudad desde allí. Nosotros lo hicimos ya de noche y las vistas eran para quedarse allí dos horas. El edificio está a 10 minutos andando de la estación de Shinjuku. Después de cenar en un restaurante de Shinjuku nos vamos a dormir. Para ello cogemos el metro en la estación del barrio, la más grande del país con nada menos que 60 puertas de salida.

viernes 7 mayo: LONJA DE TSUKIJI, KAMAKURA Y YOKOHAMA. UN DÍA MUY LARGO

Hoy queremos visitar Kamakura, a unos 50 km. al suroeste de Tokio. Kamakura fue capital de Japón de 1185 a 1333, está plagada de templos budistas y algún que otro sintoísta repartidos por el campo. Este lugar rivaliza con Nikko como la mejor excursión cultural de un día desde Tokio. Como nosotros dejamos casi una semana para Tokio pensamos: ¿y por qué no ir a los dos sitios? Así que para hoy reservamos unos billetes de la línea JR para Kamakura y mañana iremos a Nikko. Pero como nos faltan días y la agenda de cosas a realizar es muy larga, nos toca pegarnos el madrugón para ir a la lonja de pescado de Tsukiji antes de pillar el tren a Kamakura.Llegamos a la lonja a eso de las 08:00 h. y aquello está en plena ebullición. Tienes que ir pegando saltos para no darte con nada ni con nadie. Es una experiencia muy recomendable ver todo aquel pescado que dentro de poco se convertirá en sushi. Después de desayunar, como no, algo de pescado, cogemos un metro hasta la estación de Tokio, donde saldremos para Kamakura. Para ello cogemos la Yokosuka line, que en menos de una hora nos deja en Kamakura. Nos bajamos una parada antes de Kamakura, en “Kita-Kamakura”, y es que esta parada está situada más cerca de la zona donde hay más templos que ver.Saliendo hacia la izquierda de la estación enseguida te encuentras con el templo Engaku-ji (300 yenes la entrada). Se fundó en 1282 para que los monjes zen pudieran rezar por los soldados que dieron su vida defendiendo Japón del ataque del pueblo Mongol. En este templo coincidimos con un grupo de japoneses jubilados que están haciendo un curso de pintura y se encuentran super concentrados en su trabajo, pintando casi todos los rincones de este bello lugar.De aquí, y cruzando las vías del tren nos vamos al templo de Tokeiji (entrada 100 yenes). Históricamente este lugar tenía fama por haber servido de refugio para mujeres. Se reconocía que una mujer estaba divorciada cuando había pasado más de tres años en el templo como monja. El templo está metido en plena naturaleza y el lugar es precioso, con esos gigantescos cedros y musgo por todos lados. Además, el hecho de existir un cementerio dentro del templo, lo hace aún más misterioso. Desde Tokeji buscamos la senda que cruza el bosque hasta el Gran Buda de Daitbusu, plato fuerte de Kamakura. Hay dos opciones para llegar desde la zona de templos hasta el Daitbusu: coger un autobús en la parada que hay en la carretera o atravesar el bosque a través de una senda de tres kilómetros. Nosotros, por supuesto nos decidimos por la más difícil, que es la de la senda. El camino se coge desde la parta trasera del templo Jochi-ji, y aunque en la Lonely viene bien indicado, preguntamos a la chica que había en la taquilla de este último templo. La senda empieza muy bien con un camino asfaltado, pero enseguida se interna en la espesura del bosque y todo es un subir y bajar pequeñas laderas de montaña entre la espesa vegetación. De vez en cuando hay señales informativas totalmente integradas en el medio, indicando la dirección del Daitbusu, aunque recomiendo ir bastante al loro si uno no quiere tirarse un día entero dando vueltas por el bosque. Después de casi una hora y media de trekking, por fin llegamos al Daitbusu. Nuestro esfuerzo se ve altamente recompensado al contemplar la enorme imagen de Buda, que con sus más de 11 metros y sus 850 toneladas de peso, la convierten en la segunda imagen de Buda más grande de Japón. Bueno, una vez disparadas unas cuantas fotos al Gran Buda cogemos un autobús (190 yenes) para que nos baje hasta Kamakura, donde comeremos en un garito de crepes resguardándonos de la lluvia fina pero insistente que había comenzado a caer.Desde Kamakura cogemos un tren de la línea Yokosuka hasta Tokyo. A medio camino se encuentra Yokohama, que en los últimos años se ha convertido en la segunda ciudad más grande del país. Decidimos bajar en la estación de Yokohama y visitar su moderna zona de Miinato Minai 21, una especie de ciudad futurista llena de rascacielos, elegantes centros comerciales, parques de atracciones, etc……incluso hay un simulador de helicópteros para quien quiera probar la experiencia.  Una de las pijadas que más me llama la atención es un edificio dedicado a los baños termales y spa de 5 plantas de altura!!! Después de perder un rato por la zona y hacer alguna comprilla cogemos el metro de la línea JR hasta el barrio chino de Yokohama. Éste resulta estar impecable y muy cuidado, creo que es el Chinatown más cool de cuantos hemos visitado. Allí, y como no para de llover, no metemos en una pastelería enorme donde nos hartamos de bollería y chocolate.Más tarde cogeremos el tren en la estación de Yokohama hasta la estación de Tokio, desde donde después de un par de transbordos de línea de metro llegaremos hasta nuestro hostel. Nos pegamos una ducha y nos vamos derechos a la cama y es que ha sido un día muy largo y mañana nos espera Nikko.

sábado 8 mayo:  HOY TOCA EXCURSIÓN A NIKKO. POR LA NOCHE, MARCHA JAPONESA

Hoy vamos a ir a Nikko, localidad situada a unos 100 km. al norte de Tokio. Nikko es uno de los lugares más atractivos de Japón, lo malo es que en temporada alta suele estar atiborrada de turistas en viajes organizados. Antiguo centro de formación para monjes budistas, está plagado de templos, santuarios y preciosos jardines.El día comienza bastante temprano porque a las 08:36 sale el Shinkansen que nos llevará a Utsonomiya. Desde allí a Nikko hay que coger la Nikko line, también operada por JR, por lo que está incluida en el JR Pass. Como no podía ser de otra manera, a la hora prevista salimos de la estación de Tokio. El viaje dura exactamente 54 minutos, ni uno más, ni uno menos. Es la primera vez que subimos a un Shinkansen, que son los trenes de alta velocidad japoneses. La verdad es que son como casi todas las cosas en Japón: limpísimos, muy cómodos, rápidos y silenciosos.

Al llegar a la estación de Utsonomiya es muy fácil encontrar la Nikko line, puesto que nada más cruzar el torno de la JR hay un punto de información turística sobre Nikko. Fue muy bueno porque al frente hay unos cuantos voluntarios, tratándose de señores bastante mayores que eran muy atentos y agradables. Vamos, que ir de Tokio a Nikko se puede decir que está chupado, como el resto de trayectos dentro del país, y es que Japón es un país muy preparado para recibir al turista, excepto por el dominio del inglés de los japoneses, pero lo suplen con su amabilidad y entrega. El tren de la Nikko line es muy bonito, puesto que está diseñado con un estilo retro, al igual que la estación de Nikko, una de las más antiguas del país. La estación JR de Nikko está separada 3 kilómetros de la zona de templos, por lo que se puede subir paseando o coger un autobús (220 yenes) en la puerta de la misma estación. Nosotros optamos por la segunda opción, puesto que era cuesta arriba y ya íbamos a andar suficiente durante todo el día. El autobús tiene la parada en las puertas del templo de Rinno-ji. En este templo hay una taquilla donde se puede adquirir un pase de dos días que por 1300 yenes da acceso a la visita de los principales templos y santuarios de Nikko: Rinno-ji con su jardín y museo, Toshogu, Honji-do, Tauyuin y Futurasan.

Comenzamos la visita por el jardín de Rinno-ji, que a pesar de tratarse de un jardín no muy grande nos dejó deslumbrados por su belleza y por la paz y tranquilidad que allí se respiraba. Los peces que hay en el estanque, a los que se les puede dar comida e incluso tocar, son inmensos. Después de pasar por el museo nos fuimos ya directamente al interior del templo en el que destacan tres imágenes gigantescas (8 m.) de Buda, siendo éstas las imágenes de Buda hechas en madera más grandes de Japón. Las tres imágenes representan a tres deidades o Kannon budistas. Estamos disfrutando mucho de la visita a Nikko, puesto que el tiempo acompaña, no hay mucha gente y el paisaje y el ambiente son para alucinar. Tras la visita al templo de Rinno-ji subimos un camino asfaltado y pasamos por una inmensa torii de granito que da entrada al templo de Tosoghu. Se trata de un santuario sintoísta donde perdemos un buen rato, puesto que es el más grande de todo el recinto, incluso asistimos a una especie de misa llena de japoneses. Dentro de este templo e incluida en el precio del pase que hemos sacado, también visitamos Honji-do, sala conocida por el dragón pintado en su techo. En esta sala los monjes golpean dos palos entre sí, demostrando las propiedades acústicas del lugar. Se “supone” que el ladrón ruge sólo cuando se golpean los palos debajo de su hocico y no en otro lugar.  

Como ya va siendo la hora de comer, picamos algo en la zona de restaurantes que hay en el camino que separa los templos de Rinno-ji y Tosoghu. Después de reponer fuerzas encaminamos nuestros pasos hacia los templos de Tauyuin y Futurasan. El primero de ellos resulta muy atractivo, dado su pequeño tamaño y su enclave en un bosque de cedros japoneses. Futurasan puede ser que fuera el que menos nos gustó, aunque hay que destacar que hay un par de cedros impresionantemente grandes en su interior.Al bajar de la zona de templos llegamos hasta el río. Bordeando éste en dirección oeste se llega al abismo de Gamman-Ga-Fuchi, un sendero que se interna en el bosque junto al río, y que está flanqueado por una colección de estatuas de Jizo, budista protector de viajeros y niños. El paseo por el sendero, junto al río es precioso y el ambiente que se respira con ese montón de figuras de piedra ataviadas con gorro y una especie de babero de color rojo cuanto menos es inquietante. Recomiendo perderse un rato por aquí, ya que está muy cerca de Nikko y aunque el sitio viene en la Lonely no hay casi nadie, por lo menos cuando estuvimos nosotros.

Como hoy es sábado y nos hemos propuesto salir a tomar unas copas después de cenar, y así conocer la noche Tokiota, después de pasar un rato junto a las figuras de piedra de Gamman-Ga-Fuchi nos bajamos dando un paseo hasta la estación de JR de Nikko. Por el camino paramos en el famoso puente de Shin-kyo. Se trata de un puente de madera lacado de rojo que cruza el río Daiya, siendo uno de los lugares más fotografiados de Nikko. Cuenta la leyenda que fue el lugar al que fue arrastrado por las aguas Shodo Shonin a lomos de dos enormes serpientes. El camino de vuelta a Tokio se pasa rápido contando todas las anécdotas del día y planeando lo que vamos a hacer en los próximos días.Esa noche nos vamos a cenar a Roppongi, un barrio que por lo único que destaca es por estar lleno de restaurantes, pubs y discotecas. Es el sitio de marcha por donde salen más guiris y está lleno de japoneses deseosos de relacionarse con éstos. La verdad es que esa noche nos reímos un montón, puesto que si los japoneses ya de por sí son divertidos, con un par de copas ya son la caña. Además nos quedamos gratamente sorprendidos por la cantidad de música española que ponían en los garitos en los que estuvimos. Aguantamos hasta las 05:00 h. que es cuando abren las líneas de metro. Así que agotados y muertos de sueño nos fuimos hasta el hotel pensando en cómo sería el combate de sumo que nos aguardaba en pocas horas.

domingo 9 mayo: HOY ASISTIMOS A LA “CHAMPION” DEL SUMO EN JAPÓN

Hoy es domingo y tenemos ojeras y algo de resaca. No sería muy diferente de cualquier fin de semana que hubiésemos salido en casa, si no fuera porque en un rato vamos a ver un combate de sumo en el espectacular estadio Ryogoku Kokukigan. El estadio está muy cerca de Asakusa, donde estamos durmiendo, así que nos vamos dando un paseo. Por el camino nos metemos en un supermercado para comprar comida y bebida, porque la sesión de sumo que nos esperaba iba a ser larga.Las jornadas de sumo empiezan muy temprano. A eso de las 08:00 h. ya hay sesiones clasificatorias, luego hay presentaciones, exhibiciones, desfiles, más combates, etc….hasta llegar al combate final que se produce sobre las 18:00 horas. El interior del estadio es realmente impresionante. Es inmenso, todo ordenado, limpio, muy organizado y con el ring en el centro iluminado por unos potentes focos, bajo una especie de tejadillo similar a los de los templos japoneses. Aunque en el sumo hay un montón de rituales y protocolos, el objetivo del combate es bien sencillo: sacar al rival del anillo que rodea el ring o hacer que toque el suelo de éste con alguna parte de su cuerpo que no sean los pies. Éstos apenas duran unos segundos durante los cuales el público jalea a los contrincantes haciendo que viviéramos una experiencia realmente excitante.

Cuando salimos del estadio nos acercamos a dar una vuelta por Harajuku y Shibuya y nos fuimos no muy tarde al hostel a preparar las maletas ya que al día siguiente abandonábamos Tokio para seguir nuestra ruta nipona por los Alpes Japoneses.

lunes 10 mayo: PONEMOS RUMBO A LOS ALPES JAPONESES. TAKAYAMA NOS ESPERA

Hoy se abre una nueva etapa en nuestro viaje, nos adentraremos a través de Takayama y Kanazawa en la región conocida como los Alpes Japoneses, un Parque Nacional que constituye uno de los paisajes de montaña más espectaculares del país. Para ello hemos tenido que decir “hasta luego” a Tokio, y digo “hasta luego”, porque el viaje lo acabaremos dentro de unas 3 semanas de nuevo en la capital. Tokio nos ha encantado, la perfecta combinación de templos donde el ambiente te invita a la relajación y reflexión combinado con los barrios, sin duda, más modernos del mundo es una auténtica pasada. Todo ello unido a esa forma de ser asiática, la cual ya conocíamos de otros viajes, hace que Tokio ocupe ya un rinconcito en nuestro corazón.A las 08:36 h. sale puntual nuestro Shinkansen de la estación de Tokio. En él volamos en dirección a Nagoya, recorriendo una distancia de 383 km. en 01:48 minutos, sacando una media de 212 km/hora. En la estación de Nagoya tenemos 20 minutos para cambiar de tren, en éste coincidimos con una simpática familia de coreanos que también se dirige a Takayama. En este trayecto el paisaje cambia radicalmente convirtiéndose en montañoso y abrupto, recordándonos a los paisajes de nuestros pirineos. Al llegar a Takayama lo primero que hacemos es comprar los billetes del autobús que mañana nos llevará hasta Kanazawa vía Shirakawa-Go. Es muy fácil porque justo al lado de la estación de tren JR está la estación de autobuses. El billete Takayama-Shirakawa-Go cuesta 2400 yenes y el de Shikarawa-Go-Kanazawa 1800 yenes. Si las estaciones de tren JR y la de autobuses están juntas, resulta que la oficina de información turística de Takayama está situada enfrente de ambas estaciones, y es que estos japoneses son la leche de prácticos. Tienen incluso planos e información del pueblo en español.Ahora sólo toca encontrar el sitio donde vamos a pasar la noche, que no es otro que el templo Zenkoji. En este templo budista acogen viajeros cobrando las habitaciones a 3000 yenes la noche. Para reservar sólo hace falta meterse en su web y escribirles un correo. Está muy cerca de la estación y enseguida lo encontramos siguiendo las explicaciones que dan en su web. Al llegar nos recibe un monje occidental que nos explica cómo funciona todo en el templo y nos lleva hasta nuestra habitación. Ésta resulta ser una sala inmensa con el suelo de tatami y unas puertas correderas enormes, detrás de las cuales hay un bonito jardín con su estanque y sus peces de colores incluidos. Resulta toda una experiencia dormir en el suelo sabiendo que justo detrás está el altar.Esa tarde aprovechamos y mientras comemos algo que compramos en un supermercado que hay junto al templo visitamos el Edificio Gubernamental o Takayama Jinya (entrada 320 yenes), ya que todas las casas a visitar cierran a las 17:00 h. y el tiempo se nos echaba encima. Takayama Jinya fue el último edificio gubernamental del sogunato Tokugawa. El edificio sirvió de sede al gobierno local hasta 1969. Además del edificio principal donde estaban las oficinas, un granero y un jardín, las instalaciones cuentan con una sala de torturas, donde se explican los procedimientos al detalle. La visita es interesante, puesto que el estado de conservación de todas las dependencias del edificio es muy buena.

El resto de la tarde y bajo una fina lluvia que no para de caer, recorremos las calles del centro histórico de Takayama, donde abundan las tabernas, tiendas y destilerías de sake, todas ellas construidas en madera lo que da al lugar un aspecto muy pintoresco. Como la lluvia no cesa decidimos probar nuestro primer Onsen en Japón. Aconsejados por la información del templo donde estamos durmiendo, nos acercamos hasta el cercano hotel Takayama Green Hotel, donde según nos dicen, a pesar de tratarse de un hotel de nueva construcción, está el mejor Onsen de la localidad.Los Onsen son unos baños de aguas termales, estando en Japón su uso muy extendido, existiendo en todo el país unos 3000, más incluso que en Islandia. Los hay de todos tipos: interiores, exteriores, en la montaña, en la playa, en el centro de la ciudad, etc….. La mayoría de los japoneses van al Onsen varios días a la semana, algunos llegando incluso a ir todos los días. Las normas de uso de los Onsen son muy sencillas: lo primero es relajarse, puesto que a un Onsen se va a eso, lo segundo es tener claro que está divido por sexos, no se vaya a meter la pata y lo tercero es que en el interior de los baños se está completamente desnudo, no vaya a entrar nadie en bikini o bañador. Así que con esa breve información que teníamos, al Hotel ese que nos fuimos. Al llegar al mismo preguntamos a la chica de la recepción, quien nos informó de que el precio era de 1000 yenes por barba y que el tiempo era ilimitado. Pagamos, nos dieron una toallita a cada uno del tamaño de una servilleta y nos despedimos Patri y yo de Valle por un par de horas, tiempo máximo fijado por los tres para no hacerlo demasiado largo y quedarnos como garbanzos en remojo.

Foto cortesía de Takayama Green Hotel

Al entrar al vestuario hay una especie de cestitas donde se deja la ropa, dejando las cosas de valor en unas taquillas con llave de seguridad. Allí nos desnudamos y cogimos cada uno nuestra mini-toalla. Y así, como dios nos trajo al mundo entramos a la zona de baños. En este Onsen habían 4 piscinas o jacuzzis, dos interiores y dos exteriores, y la temperatura del agua era de 39 y 42 grados respectivamente, tanto dentro como fuera. Siguiendo las normas del famoso “donde fueres, haz lo que vieres” nos sentamos delante de unos bancos con espejo a lavarnos el cuerpo, y es que estos japoneses son muy estrictos con su aseo personal. Primero se pegan un buen lavado y luego ya se meten en el Onsen. Como dicen ellos: al Onsen se va a bañarse, no a lavarse. El agua de las piscinas está hirviendo de verdad y al principio cuesta un montón aguantar la temperatura, pero luego llegas a acostumbrarte saliendo de vez en cuando a darte una buena ducha de agua fría y te podrías tirar las horas muertas, como hacen ellos.Cuando ya estábamos bastante relajaditos nos salimos y nos fuimos afuera a esperar a Valle. Mientras, Patri terminó la sesión de relax con un masaje relajante de espalda, vamos que después de tanto relax se le quedó una carita de felicidad que no podía con ella.Esa noche cenamos en un restaurante del pueblo donde probamos la carne de Hida preparada al estilo japonés. Resultó estar muy buena, aunque la que de verdad tenemos ganas de probar es la archifamosa ternera de Kobe. Al llegar al templo y antes de acostarnos nos tomamos un te en la cocina, donde coincidimos con un par de chicas de Barcelona que llevan un mes y medio recorriendo Japón, y es que hay gente que se lo monta muy bien.

 

martes 11 mayo: DE TAKAYAMA A KANAZAWA PASANDO POR SHIRAKAWA-GO, UN PUEBLO DE CUENTO

Nos levantamos relativamente temprano porque queremos aprovechar la mañana que nos queda en Takayama para visitar por lo menos una de las casas de mercaderes del período Edo que hay en el pueblo, alguna de ellas perfectamente conservadas. Nos decidimos por la de Kusakabe Mingeikan (entrada 500 yenes), construida en la década de 1890, albergando en su interior un museo de objetos tradicionales. Desde allí y camino al templo a recoger nuestro equipaje, damos la última vuelta por las calles Ichino Machi y Nino Machi, las dos arterias principales del centro histórico de Takayama, llenas de tiendas y destilerías de Sake. Estas calles son las que salen en todas las fotos que se publican cuando se habla de Takayama.A las 11:50 salimos en el autobús de la compañía Nohi Bus con destino a Shirakawa-Go, adonde llegamos después de unos 50 minutos de cómoda carretera. La última parada de esta línea de autobús es en la aldea de Ogimachi, donde nos bajamos nosotros. En este asentamiento viven unas 600 personas y es el mejor sitio para ver las famosas granjas de tejado de paja a dos aguas llamados gassho-zukuri (manos en oración). Son unas construcciones preciosas, perfectamente enclavadas en el entorno, y atraen a muchísimo turismo nacional. El objetivo de los tejados inclinados no es más que evitar la acumulación de nieve, y es que en la zona se soportan unos inviernos durísimos.Recién aterrizados en Ogimachi, nuestra intención era pasar allí unas horas y esa misma tarde coger otro autobús en dirección a Kanazawa, situada más al norte, en la costa del Mar del Japón. Nuestro principal objetivo ahora era donde dejar las maletas esas horas que teníamos para visitar Ogimachi, y es que la idea de estar todo ese rato tirando de las maletas no era muy agradable. Enseguida lo solucionamos, porque en la oficina de información turística que hay justo al lado de donde nos había dejado el autobús nos guardaron las maletas a razón de 300 yenes por cada una. Nos pasamos esas cuatro horitas que teníamos paseando por la aldea y haciendo fotos como locos casi a cada esquina. El ambiente que se respiraba era muy tranquilo y la fina lluvia que a ratos caía hacia que el paisaje fuera aún más de cuento. Una de las cosas imprescindibles a realizar en Ogimachi es subir la cuesta (10 min.) que hay para llegar hasta el mirador de Shiroyama Tenbodai, desde donde se puede disfrutar de las mejores vistas de la aldea. No hay problema porque está perfectamente indicado por todos sitios.

Y a las 16:50 h. estábamos ya saliendo en el autobús con dirección a Kanazawa, ahora sí bajo un buen chaparrón, y es que parece que ahora la lluvia nos persigue, después de los días de sol que hemos tenido durante nuestra estancia en Tokio. Esperamos y deseamos que según vayamos bajando hacia el sur el tiempo vaya mejorando. Al llegar a Kanazawa el autobús tiene la parada en la estación JR. Esta modernísima estación, como es habitual, tiene su oficina de información turística con personal muy atento que nos confirman lo que dice la Lonely en cuanto a la mejor forma de moverse por Kanazawa, que no es otra que la de la línea de autobús “Loop Bus”. Esta línea circular con inicio y final en la estación JR, recorre todas las atracciones turísticas de la ciudad y los autobuses son fácilmente reconocibles por su aspecto retro. Compramos el pase de un día que sale a 500 yenes por cabeza. También aprovechamos para reservar asiento en el tren que dentro de dos días nos llevará a Osaka.

Plano Kanazawa Loop Bus (pinchar para agrandar)

Así que con el tema del transporte solucionado para el día que íbamos a pasar en Kanazawa, ahora sólo quedaba encontrar el hotel que habíamos reservado para las próximas dos noches. Había elegido el Ryokan Shibaya por la relación calidad precio que había visto en su web, pero sobre todo por su cercanía a la estación JR, ya que estaba a tan sólo 5 minutos andando. Siguiendo las instrucciones que nos habían dado las chicas de la oficina de información turística de la estación encontramos el hotel enseguida. En la recepción del Ryokan nos recibe la dueña que resulta no hablar inglés, pero que es encantadora. En un momento nos encontramos haciendo el check-in tomando un te, mientras ella nos explica todo lo concerniente al funcionamiento del Ryokan. Las habitaciones son de tatami, por lo que se duerme sobre el típico futón, tienen televisión de pantalla plana, el baño es compartido, hay wifi gratis a toda leche e incluso en la planta baja tienen un Onsen para uso privado de los huéspedes del Ryokan sin cargo alguno. Por supuesto todo está limpísimo y lo mejor de todo es el precio de la habitación, puesto que nos sale a 45 euros la doble. Todo esto y su cercanía a la estación JR hacen de este Ryokan un alojamiento muy recomendable.Esa tarde lo único que hacemos es buscar un sitio para cenar y después disfrutar del Onsen antes de irnos a dormir. En las habitaciones hay un par de kimonos para el uso de los clientes, así que convenientemente ajaponesados bajamos a disfrutar del baño caliente, el cual mediante reserva se puede compartir con tu pareja.

miércoles 12 mayo: KANAZAWA, TODO UN DESCUBRIMIENTO

Salimos temprano del Ryokan armados con los mapas de Kanazawa, la guía de viajes y los pases del “Loop Bus” dispuestos a ver todo lo que pudiésemos de esta ciudad de 500.000 habitantes en el único día que íbamos a pasar en ella. La temperatura ha bajado, por lo que las pocas prendas de abrigo que echamos a la maleta nos vienen como anillo al dedo. Kanazawa es conocida principalmente por sus jardines Kenroku-en, los cuales formaron parte de un castillo en el siglo XVII. Aunque catalogados como el tercer mejor jardín del país, para muchos se trata del jardín más bonito de todo Japón. Cogemos el “Loop Bus” en la parada número 1, muy cerca de nuestro Ryokan. Decidimos visitar primero los jardines por si comenzara a llover. Para ello nos bajamos en la parada número 9. En esta parada están el Castillo de Kanazawa y los jardines Kenroku-en. Primero hacemos una rápida visita al castillo (entrada gratuita) y luego cruzamos un puente y nos adentramos en los jardines (entrada 300 yenes). La verdad es que los jardines están muy cuidados y son preciosos. Hay mucha gente y el paseo por sus caminitos rodeados de fuentes, arroyos, riachuelos, flores y demás es muy agradable.

De allí vamos paseando al cercano Museo de Arte Contemporáneo. Es un edificio ultramoderno, construido en 2004. La entrada al museo cuesta 1500 yenes, pero hay una zona gratuita que ya merece la pena. Aquí hay una piscina donde parece que la gente ande por el interior de la misma. Para bajar a la piscina sí que hay que pagar la entrada. Justo enfrente del museo está la parada número 10 del “”Loop Bus”. Nos subimos en esta parada y bajamos en la número 12, en el barrio de Teramachi, con la intención de visitar el cercano templo Myoryu-ji o Templo Ninja. Se llama así por la conexión con los guerreros ninja. Resulta que la visita a este templo se hace en grupo y teníamos que esperar un rato, por lo que abandonamos la idea y nos fuimos paseando al céntrico distrito comercial a comer algo.Tras reponer fuerzas volvimos a coger el “Loop Bus” hasta la parada número 6, en el barrio de Higashi Chaya-Gai, conocido también como el distrito de las geishas. Aunque hoy en día no queda ninguna, es aquí donde las geishas se reunían con sus adinerados admiradores. El barrio conserva ese romanticismo de la época con sus calles estrechas y sus fachadas de madera, mudos testigos de numerosos encuentros entre acaudalados caballeros y mujeres de tez blanca. La casa Shima es una antigua casa de geishas visitable, pero nosotros decidimos esperar a Kioto, donde sí que todavía se pueden ver verdaderas geishas. Volvimos a la parada 6 a coger el autobús. Habíamos reservado la última visita para el barrio de Katamachi, también conocido por el barrio de los Samurais. Aunque hoy en día, este barrio se ha convertido en una lujosa zona residencial en la que abundan unas imponentes viviendas con vallas altísimas, antiguamente era el lugar donde residían los caballeros samurais. Aún quedan algunas casas de éstos que se pueden visitar, pero nosotros no lo hicimos.El resto de la tarde la pasamos por la animada zona de centros comerciales realizando algunas compras. Se nos fue tanto la pinza con las compras, que acostumbrados a nuestros horarios de casa, ni nos acordamos de que a las 20:00 horas en Japón finaliza el horario comercial y nos quedamos encerrados en uno de los grandes almacenes de los que entramos. Tuvieron que sacarnos por donde sale personal de la casa, atravesando el puesto de trabajo del servicio de seguridad, un lugar lleno de cámaras y guardias, los cuales a nuestro paso se levantaban y nos hacían reverencias, y es que estos japos son una caña. Compramos algo de comida en un supermercado y cenamos en la habitación del ryokan ataviados con el kimono y comiendo con palillos, que mejor forma de acabar un día en el que hubo de todo: jardines, ninjas, geishas, samuráis………

jueves 13 mayo: NOS DIRIGIMOS A KANSAI, REGIÓN DONDE SE HALLA EL MAYOR TESORO CULTURAL DEL PAÍS

Hoy a las 08:15 sale nuestro tren, el Thunderbird 12, con destino a Osaka. En Japón todos los trenes tienen su nombre, supongo que recibirán algún tipo de bautizo cuando salen de la fábrica. Con ello comenzamos otra etapa de nuestro viaje a través de la región de Kansai. En ella pasaremos ocho días, cuatro en Osaka y otros cuatro en Kioto. Desde allí nuestra intención es visitar Nara, Fushimi Inari, los alrededores de Kioto, el castillo de Himeji y cenar un día en Kobe, donde probaremos su famosa carne de buey. Además de todo esto, seguro que sobre la marcha improvisamos algún otro lugar que visitar. Tras un viaje que casi tres horas, llegamos a la estación de Osaka. Esta ciudad, con más de dos millones y medio de habitantes es la tercera más grande del país, después de Tokio y Yokohama.  Combina unas cuantas atracciones culturales con una intensa vida nocturna, superando incluso a la de Tokio. El principal motivo de pasar unas cuantas noches en Osaka es su cercanía a otros sitios donde queríamos ir, además, porqué no, de vivir una noche de fiesta en su famoso barrio de Dotombori. Como llegamos desde Kanazawa en un tren convencional, éste tiene su parada en la estación de Osaka. Los Shinkansen tienen la parada en la estación de Shin-Osaka. No hay problema porque ambas están a una sola parada en la “Kobe line”, operada también por JR. En Osaka hay varias líneas de la JR, por lo que hay que intentar moverse siempre con ellas para aprovechar el Japan Rail Pass, que su dinero nos ha costado. La más importante de todas es la “Loop line”, una línea circular parecida a la “Yamanote line” de Tokio.En la estación de Osaka y siguiendo las instrucciones que publica en su web el hotel Chuo Selene, que es donde habíamos reservado, cogemos la “”Loop line”. El hotel está a ocho paradas, en el sur del barrio de Minami, uno de los dos más importantes de la ciudad junto al de Kita. La habitación doble con baño interior e internet gratis nos sale a 42 euros la noche. Es un hotel de nueva inauguración y la relación calidad precio está muy bien. Una cosa importante a tener en cuenta es su cercanía a la estación de tren de Shin-Imamiya, puesto que está a menos de dos minutos andando, cosa, a mi parecer muy importante en este tipo de viajes, en los que buscas tener buena movilidad.Nos acomodamos en el hotel, compramos algo para comer en un garito de comidas preparadas del barrio, que por cierto echa un tufillo a comida recién hecha bestial, y cogemos la “Loop line” en dirección al barrio de Kita, con la intención de descubrir el centro de Osaka. Esa tarde la pasamos caminando por las calles cercanas a las estaciones de Umeda y Osaka. Sobre todo nos metemos en centros comerciales especializados en Manga y Anime, donde flipamos de verdad. En uno de ellos, de tres plantas, hay hasta una chica disfrazada de yo que sé que, cantando en un escenario. Hay mucho ambiente de gente joven, la verdad es que es no tiene nada que envidiar a cualquier barrio del centro de Tokio.Desde allí nos vamos a Dotombori, el barrio más famoso de Osaka, por aglutinar toda la fiesta nocturna. Para ello, y sin dejar la JR habrá que llegar con la “Loop line” hasta la estación de Imamiya, donde cogeremos la “Yamatoji line” hasta su primera parada: Namba. Al salir de la moderna estación de Namba sólo habrá que andar unos pasos para darnos de morros con un espectáculo de luz. sonido y miles de personas de fiesta deambulando por la calle. La zona está llena de tiendas, bares, pubs, discotecas, restaurantes, y sobre todo, jóvenes japoneses con ganas de pasárselo bien. Nos damos una vuelta observando la fauna que allí había (principal pasatiempo en este tipo de barrios en Japón) y nos metemos a cenar en un restaurante de la calle Shinsaibashi, el cual nos sorprendió gratamente por su relación calidad-precio, ya que cenamos muy bien por sólo 6 euros por cabeza. Cuando salimos de cenar había un gran ambiente en la calle, pero debíamos irnos a descansar, puesto que para mañana habíamos reservado un plato fuerte del viaje, la visita al impresionante Castillo de Himeji, conocido como “La Garza Blanca”. Así que haciendo caso al sabio refranero español cuando dice que; “una retirada a tiempo es una victoria”, nos fuimos a dormir y nos prometimos probar la fiesta de Osaka el sábado.

viernes 14 mayo: VISITAMOS “LA GARZA BLANCA” Y CENAMOS EN KOBE

Desayunamos unos bollos rellenos de chocolate con un café en el hotel y cogemos la “Loop line” hasta la estación de Osaka, con la intención de ir hasta la localidad de Himeji, situada unos 90 kilómetros al oeste, en dirección a Hiroshima. Para ello cogemos una línea local que en poco más de 45 minutos nos deja en la estación de Himeji. Por el camino pasamos por Kobe, donde queremos parar a la vuelta para conocer un poco la ciudad y cenar.Himeji es una tranquila localidad de medio millón de habitantes en la que destaca su impresionante castillo, el mejor conservado de Japón. Para llegar al castillo desde la estación, sólo hay que recorrer la calle Otemai (unos 15 min.), que une la puerta norte de dicha estación con las instalaciones del castillo. El precio de la entrada al castillo es de 600 yenes, pero en la actualidad, y hasta enero del año que viene se encuentra en proceso de restauración, por lo que la entrada se vende a 400 yenes. El único “problema” es que no se puede visitar la Torre del Homenaje, pero bueno, nos conformaremos con visitar el resto del castillo.En la visita al castillo coincidimos con un grupo de escolares japoneses muy graciosos, que se hacen fotos con nosotros. La verdad es que en prácticamente todos los lugares que estamos visitando coincidimos con mini japoneses de visita cultural, deben de tener un montón de actividades de este tipo. Nos lo pasamos en grande con ellos, porque con sus uniformes y esas caras tan simpáticas están para comérselos. Además, los más mayorcitos se paran a practicar inglés con nosotros y tenemos conversaciones muy entretenidas.Tras la visita al castillo de Himeji, lo que nos lleva una hora y media aproximadamente, comemos algo en los jardines aledaños y después bajamos caminando hasta la estación. Volvemos a coger el tren en dirección a Osaka, pero esta vez nos bajamos en la estación de Sannomiya que es la queda más cerca del centro de la Kobe. Nuestra intención es pasar el resto de la tarde en Kobe y cenar esa noche allí su famosa carne de buey, conocida como la mejor carne del mundo. Consultamos la Lonely Planet y vemos que en Kobe hay un museo del Sake, así que nos disponemos a seguir las instrucciones que la misma da para encontrarlo.Lo primero que hay que hacer es en la misma estación de Sannomiya coger la “Hanshin line” y bajarse en la estación de Sumiyoshi (en esta línea hay que pagar puesto que no es de JR). Tras bajarse en esta estación sólo hay que seguir los pasos que marca la guía, que por cierto, son bastante precisos. Resulta ser la fábrica de Sake Hakutsuru la cual posee una de las mayores producciones de este licor en todo el país. En una de sus antiguas dependencias tienen montado un museo (entrada gratuita), en el que explican paso a paso y con detalle el proceso de elaboración de este conocido licor japonés. El museo nos resulta muy interesante, y además hay muy poca gente, estamos prácticamente nosotros solos. Como toda visita a museo de este estilo o a bodega que se precie, la misma acaba con una degustación de Sake.Después de la degustación de Sake nos vamos a la zona más moderna de Kobe, para ello hay que volver hasta la estación de Sannomiya y desde allí, esta vez sí con una línea de JR llegar hasta la estación de Kobe, donde está “Kobe Harbor Land”, que es algo así como lo más “cool” de la ciudad. Aquí abundan los rascacielos, centros comerciales de última generación, incluyendo la típica noria inmensa, etc… vamos que toda ciudad japonesa que se precie tiene que tener un barrio de estos. Lo mejor que se puede hacer en este lugar es subirse al piso 18 del edificio “Ecoll Marine” y admirar Kobe desde el aire. Como ya va siendo hora, volvemos a la estación de Sannomiya, ya que en sus alrededores es donde están los restaurantes donde se puede degustar la carne de buey de Kobe. Hay que llegar hasta la cercana calle Ikuta para empezar a oler a carne que tira para atrás, y es que decenas y decenas de restaurantes preparando en sus planchas esta exquisita carne es un placer para casi todos nuestros sentidos. Elegimos uno que está en la quinta planta de un edificio a mitad de la calle Ikuta. Es muy fácil, ves el menú y los precios puestos en la calle, subes en un ascensor y cuando éste se abre, ya estás en el mismo restaurante. Es uno de esos en los que la barra es una plancha y te van haciendo la comida delante de ti. La carne de Kobe te la suelen presentar en un menú cerrado, que incluye dos o tres acompañamientos más, como pueden ser: verduras, salsas, una especie de sopa de carne, ensalada y el siempre eterno arroz. La verdad es que no es barata, puesto que a nosotros nos salió la broma por más de 40 euros por barba, pero bueno, estar en Kobe y no probar su carne, tiene delito. Para terminar diré que la carne estaba de vicio, se deshacía en la boca, ummmmmmmm. Desde Kobe regresamos en un tren de la “Kobe line” hasta nuestro hotel en Osaka, donde esa noche dormimos soñando con castillos y bueyes de Kobe.  

sábado 15 mayo: IMPRESIONANTE AOI MATSURI EN KIOTO. POR LA NOCHE DESCUBRIMOS LA FAMOSA NOCHE DE OSAKA

 Cuando preparábamos el viaje en casa, Valle (que lleva la agenda cultural del mismo), vio en internet que hoy día 15 de mayo en Kioto tenía lugar una gran fiesta, el día del “Aoi Matsuri”, uno de los mayores festivales de los que se celebran en Japón. Se trata de una gran procesión en la que participan más de 500 personas ataviadas con trajes tradicionales, además de carrozas, caballos y bueyes. Todos juntos desfilan desde el Palacio Imperial hasta el templo Kamigamo Shrine. Como estamos durmiendo en Osaka, tan sólo tenemos que coger un tren para ir hasta Kioto. Desde la estación de Osaka cogemos la “Kyoto line”, una línea local, puesto que el Shinkansen no tenía salida a esa hora. El tren, que en poco más de 45 minutos nos deja en la imponente estación de Kioto, iba hasta los topes.En la estación de Kioto cogemos la “Keihan line” (260 yenes) hasta la estación de Demachiyanagi, donde vimos en internet que tiene una parada la procesión. Cómo en ese punto resulta estar todo abarrotado de gente nos vamos a buscar un sitio para poder contemplar el paso de la procesión y hacer algunas fotos. Después de dar unas vueltas y preguntar un par de veces, nos situamos en un cruce por donde pasará toda la comitiva. A su paso nos hinchamos a hacer fotos, porque la verdad es que los trajes que llevan son dignos de ver, todo para nosotros resulta espectacular. Desde allí, decidimos acercarnos hasta los cercanos jardines del Palacio Imperial a dar una vuelta. La entrada al interior del recinto del Palacio está restringida y sólo se permite mediante reserva, por lo que esperaremos a los días que pasaremos en Kioto para ver si al final entramos a visitarlo o no. Estando descansando en los jardines del Palacio coincidimos con Roberto y José, dos simpáticos españoles, de Valladolid y León respectivamente, que con sus bicis están haciendo la ruta Hiroshima-Tokio, más de 900 kilómetros que recorrerán en tres semanas. Tenemos una animada conversación intercambiando experiencias de tan diferentes viajes y nos despedimos deseándonos suerte en nuestras respectivas aventuras.Como teníamos previsto salir esa noche a tomar unas copas por Osaka, no alargamos más nuestra estancia en Kioto y nos vamos hasta la estación con la intención de coger un tren con destino a Osaka. Esta vez sí que tenemos suerte y pillamos un Shinkansen justo cuando salía, y la verdad es que no tiene punto de comparación con el de la línea regular, ya que en 14 minutos justitos nos deja en la estación de Shin Osaka. Desde allí hasta nuestro hotel sólo tenemos que coger la “Loop line”. Esa noche cenamos en un restaurante de esos temáticos del animado barrio de Dotomburi y acabamos alargando la noche hasta las 6 de la mañana al compás del hip hop que suena en la discoteca “Pure Osaka”, una de las más famosas de la ciudad. La entrada a la discoteca vale 4000 yenes, lo cual nos parece una barbaridad, pero no resulta tanto cuando nos enteramos que incluye la barra libre toda la noche. La única condición es no perder el vaso que te entregan cuando pagas la entrada, y que te rellenarán en la barra cuantas veces quieras.

domingo 16 mayo: HACEMOS DOS AMIGAS EN OSAKA

Hoy el día lo comenzamos tarde, puesto la noche anterior nos habíamos pasado con el hip-hop. Queríamos conocer el barrio de Dotomburi a la luz del día, así que para allá que nos dirigimos. Comimos algo y nos dimos una vuelta por las galerías comerciales de la calle Sennichi-Mae, especializadas en menaje y artículos de cocina. Aquí se pueden encontrar todas esas réplicas de los platos de comida realizados en cera que inundan los escaparates de los restaurantes.Por la tarde nos sentamos en un local de Dotomburi a descansar y tomar un refrigerio. Cuando llevamos un rato sentados, Patri se pone a hablar con dos chavalas japonesas que estaban en la mesa de al lado. Enseguida hacen migas y al rato nos unimos Valle y yo al grupo. Como ya he citado anteriormente, los japoneses son muy abiertos y extrovertidos, y aunque no suelen hablar inglés (como es el caso de nuestras nuevas amigas), hacen lo posible por entender y hacerse entender. Tanto llegamos a conectar con ellas que quedamos para cenar en un par de días. Esa noche, después de cenar algo en el hotel nos vamos a la cama derrotados, que el fin de semana había sido de aúpa.

lunes 17 mayo: DE CAMINO A KIOTO, CENTRO CULTURAL DE JAPÓN

Hoy es día de traslado, y es que aunque no sean muchos kilómetros, nos vamos a Kioto, donde pasaremos las próximas 4 noches. En la estación de Shin-Osaka cogemos un cómodo Shinkansen y menos de un cuarto de hora, estamos ya en Kioto, la verdad es que así da gusto viajar. Al llegar a Kioto nos encontramos otra vez en una ciudad distinta, lo que conlleva nueva búsqueda del hostel y descubrimiento de la ciudad, la verdad es que es como si fueran unos cuantos viajes en uno. Para Patri es su primera experiencia “viajera” de verdad y lo cierto es que empieza a metérsele ese gusanillo en las venas. Nosotros ya le avisamos de que como todo esto le pique de verdad, no se lo podrá quitar de encima jamás.Salimos de la estación por la puerta principal siguiendo las instrucciones que el hostel Ks’House Kyoto da en su web, y en menos de 10 minutos estamos en las puertas del mismo. Hacemos el check-in y nos dicen que hasta las 15:00 horas no podemos subir a la habitación, por lo que dejamos las maletas en el hostel y nos vamos a pasar la mañana por ahí. Sobre la marcha decidimos ir a Fushimi-Inari, dada su cercanía con la ciudad. Comentar que este hostel nos ha salido a 20 euros por barba la noche, y que está muy muy bien, ya quisieran muchos hoteles tener las instalaciones que tiene el Ks’house Kyoto.

Fushimi-Inari es un santuario dedicado a los dioses del arroz y del sake, situado en la ladera de una montaña, siendo uno de los más conocidos de Japón, El complejo está formado por cinco santuarios que se extienden por las boscosas laderas del monte Inariyama. Un sendero recorre 4 kilómetros por la montaña flanqueado por miles de toriis de color naranja, lo que da al lugar un aspecto espectacular. En este templo se rodaron escenas de la película “Memorias de una Geisha”. Para llegar hasta allí basta con coger en la estación de Kioto la “Nara line”, operada por JR y bajarse en la segunda parada “Inari”. El santuario tiene la entrada justo enfrente de la estación. Tras la visita al templo, la cual se hace dura por el continuo subir y bajar escalones, nos volvemos a Kioto de nuevo con la “Nara line”.Al llegar a Kioto, y puesto que los principales templos ya habían cerrado, nos dedicamos a dar una vuelta por el barrio de Gion, unos de los más bonitos de la ciudad, con sus estrechas calles y sus edificios de madera, haciendo especial hincapié en la zona del callejón de Pontocho, lugar por donde aún es posible ver alguna geisha o maiko (aprendiz de geisha). Y la verdad es que tuvimos mucha suerte, puesto que cuando ya nos volvíamos hacia el hostel, Patri dio la voz de alarma: Mirad!!! y efectivamente, en cuestión de segundos cruzó delante de nosotros una de esas mujeres de cuello blanco, caminando velozmente sobre sus sandalias de madera. Nos quedamos atónitos antes su presencia y pudimos a duras penas sacar la cámara y hacerle una foto. Después de esta nueva y excitante experiencia, nos fuimos al hostel, donde después de una refrescante ducha y una cenita en la zona común del mismo, nos fuimos a la cama. Esta noche tocaba soñar con geishas.

martes 18: PASAMOS EL DÍA CON LOS CIERVOS DE NARA Y CENAMOS EN OSAKA CON NAOMÍ Y MIHO

Después de desayunar en el hostel unas tostadas con mantequilla, cosa que no habíamos hecho en todo el viaje (y que nuestros estómagos agradecen), nos vamos caminando hasta la estación para coger el tren que nos llevará hasta Nara.Nara, localidad situada 42 kilómetros al sur de Kioto, fue la primera capital de Japón, siendo también cuna del arte, la literatura y la cultura japonesa. Aglutina un gran número de lugares de suma importancia histórica, incluyendo algunos de los templos y santuarios más importantes del país. Para llegar hasta Nara basta con coger en la estación de Kioto cualquier tren de la “Nara line”, operada por JR. Eso sí, es mejor subirse a uno rápido, puesto que el de la línea local se puede ir a la hora y media en hacer el recorrido, al parar en todas las estaciones.Al llegar a la estación de Nara, la primera impresión que da es la de la típica ciudad moderna japonesa, con sus centros comerciales, sus pachinkos y su tráfico ordenado. En cuanto se sube un poco por la calle Sanjodori y se empieza uno a meter en el parque Nara Koen, enseguida te das cuenta de donde estás. Culpa de ello la tienen los ciervos que empiezan a aparecer por la calle, que al igual que perros o gatos deambulan a su aire buscando las galletas con las que les alimentan los turistas. La verdad es que aunque ya vas sobre aviso, impresiona eso de ver tantísimos ciervos a su aire por la calle. Por su practicidad y por tocar todos los lugares de interés de Nara, escogimos seguir la ruta a pie que recomienda la Lonely Planet de Japón en la página 414 de su edición en español, publicada en marzo de 2008. Nada más salir de la estación cogemos la calle Sanjodori y llegamos hasta la estación de tren de Kintetsu. Desde allí comenzamos el recorrido recomendado por la guía de viajes.

Lo primero que nos llama la atención es la cantidad de escolares que vemos por todas partes. Aunque ya estamos acostumbrados a encontrárnoslos en la mayoría de lugares que hemos visitado en Japón, aquí en Nara hay más que en ningún otro sitio, cosa que enseguida nos confirma que estamos en uno de los “high lights” del país. Nada más entrar en Nara Koen ya empezamos a ver ciervos de todos los tamaños, a los que nos acostumbramos enseguida, ya que nos acompañarán durante toda la mañana. En los tiempos anteriores al budismo, el ciervo era considerado como el mensajero de los dioses, motivo por el cual estos animales campan a sus anchas por todo el recinto de Nara Koen. Para nosotros, que el ciervo que más cerca hemos visto ha sido en el zoo, el hecho de que aquí se te acerquen y los puedas incluso tocar como si de un perro se tratara resulta chocante, pero muy agradable. El primer templo a visitar es el de Todaiji-Daibutsu den, al que se llega tras pasar la impresionante puerta de Toadaiji-Nandai mon. Esta puerta está custodiada por dos estatuas de madera magníficas, representando ambas a dos guardianes Nio. Pero la verdadera estrella del templo es el enorme edificio principal, que es la construcción de madera más gran del mundo, albergando en su interior al buda de bronce más grande del país. Desde allí subimos a las salas Nagatsu-do y Sangatsu-do, desde las que se tienen unas magníficas vistas del valle de Nara. Seguimos con el paseo en el que no paramos de hacer fotos a los ciervos en un entorno precioso y llegamos al templo de Tamukeyama. Este templo destaca por estar enclavado en un lugar impresionante, un frondoso bosque lleno de faroles de piedra. A partir de ahí, el camino ya es cuesta abajo y se convierte en un largo paseo hasta llegar de nuevo a la ciudad de Nara. Nos ha llevado media jornada hacer este recorrido y la verdad es que lo hemos disfrutado mucho. Comemos algo en la calle Sanjodori y cogemos el tren de regreso a Kioto.Esta noche habíamos quedado a cenar en Osaka con las dos chicas japonesas que habíamos conocido antes de ayer en una cafetería de Dotomburi. Así que, tras regresar de Nara, descansamos un poco en el hostel y cogemos un Shinkansen que en 14 minutitos nos dejó en la estación de Shin Osaka. De allí ya nos sabíamos el camino de memoria hasta Dotomburi de cuando estuvimos en Osaka, de esto sólo hace tres días, pero cuando estás haciendo un viaje de este tipo, parece que hubiera pasado un mes. A la hora que habíamos quedado allí estaban Miho y Naomi, nuestras dos nuevas amigas. Esa noche fue para recordar, ya que nos llevaron a cenar kushikatsu, una deliciosa especialidad de Osaka, a un restaurante de esos de los que no se ve ni un sólo extranjero. Después de cenar nos fuimos a tomar un café con unos dulces japoneses y así se acabó nuestra salida nocturna, cita 100 x100 japonesa. Ellas se fueron a dormir, porque las dos son enfermeras y trabajaban a la mañana siguiente y nosotros nos fuimos a Kioto.

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6 comentarios

  1. Mery

    Impresionante!!! me ha encantado! Muchas gracias, muy útil para mi próximo viaje a Japón!

    16 noviembre, 2011 en 18:04

    • Hola Mery,

      Muchas gracias por tu comentario. Disfruta de Japón y de su gente. Es una pasada!!!

      17 noviembre, 2011 en 10:12

  2. aaaa

    increible diario relatado a la perfeccion
    felicidades por tus viajes!!

    4 febrero, 2013 en 0:31

  3. Ari

    Acabo de organizar mi viaje a Japón gracias a vosotros.

    Gran blog. Que ganas de viajar!!

    3 junio, 2013 en 1:40

    • Muchas gracias Ari por seguirnos. Seguroque disfrutas de Japón. Es un país muy especial.

      3 junio, 2013 en 8:38

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