un mes en Myanmar y Singapur, octubre 2009

En este nuevo viaje al sudeste asiático queríamos visitar Myanmar, la antigua Birmania, un país muy peculiar. Como dijo Rudyard Kipling: “una tierra del todo distinta a cualquier otra conocida”. El aislamiento político, provocado por la dictadura militar por la cual está gobernado el país desde 1962, ha contribuido a mantener muchas tradiciones intactas, como es el caso del longyi y del thanakha. Pero sin duda, lo que toda persona que visita este gran país jamás olvida es a su gente. Y es que los birmanos calan hondo en el corazón. Son una gente encantadora, que a pesar de estar soportando una durísima represión de sus gobernantes, cosa que se palpa fácilmente en el ambiente, siempre tienen una amable sonrisa para el visitante. Para todos ellos, y desde este humilde blog va dirigido este saludo: MINGALABA!! 

  

lunes 5 octubre: ESTO EMPIEZA YA…

 

Nos levantamos temprano porque a las 8:00 h. viene nuestro gran amigo Fabri a buscarnos para llevarnos hasta la estación de Renfe de Castellón donde cogeremos el tren hasta Valencia.  Una vez en la estación nos despedimos de Fabri, quien al vernos con las mochilas, mapas, pasaportes, visados y demás nos dice que cree estar participando en el programa ese de “Pekín Express”, programa que prometo no haber visto en mi vida, pero que prometo ver alguna vez, aunque me huele que no me va a entusiasmar demasiado.  A las 8:50 h. cogemos el tren que nos dejará en la estación del Norte de Valencia en una hora de viaje aproximadamente. Desde allí ya sólo falta coger un cercanías que tiene su última parada en el mismo aeropuerto de Manises. Llegamos al aeropuerto con tiempo de sobra. Llevamos las mochilas hasta el mostrador de Ryanair (ya habíamos facturado on line) y pasamos directamente a la zona de embarque. El vuelo hacia Madrid sale puntual a las 12:45 h., y en poquito más de 25 minutos de vuelo estamos aterrizando en la Terminal 1 de BarajasPrimer traslado del día aprobado con sobresaliente. 

Dejamos las mochilas en la consigna (3,89 € cada taquilla las 24 horas) que hay en la Terminal 1 (justo al lado del parking de los rent a car), y nos acercamos a la Terminal 2 a coger el metro. Como hasta las 22:20 h. no sale nuestro vuelo a Bangkok, aprovechamos y comemos por el centro de Madrid a base de raciones de bravas, tortilla, oreja, etc…., lo que supone nuestra despedida de la “spanish food” durante las próximas cuatro semanas.

 

A la hora prevista despega nuestro avión de Qatar Airways con destino a Bangkok, previa escala de dos horas en el pequeño aeropuerto deDoha. Este año el vuelo Madrid-Bangkok (i/v) nos ha salido por 485 €, y es que estando atentos las ofertas y reservando con antelación cada año se consiguen mejores precios (esperemos que dure). Ya conocemos esta compañía, y nuevamente vuelve a cumplir con nuestras expectativas: aviones modernos, pantallas LCD en los reposacabezas, atención exquisita del personal de a bordo, buena comida, etc…..

martes 6 octubre: CENA EN BANGKOK CON DIEGO Y MARÍA JOSÉ

Aterrizamos en el aeropuerto de Bangkok a las 19:00 h. Nada más salir de la Terminal nos recibe esa humedad pegajosa del sudeste asiático ya familiar para nosotros, la cual ya no nos abandonará durante todo el viaje. Bajamos hasta la última planta del aeropuerto y cogemos un Bus express (150 THB) que nos dejará en Khao San Road en 35 minutos. Antes este autobús tardaba más del doble, la verdad es que merece la pena coger este medio de transporte para desplazarse desde el aeropuerto hasta la ciudad.

Aterrizamos en el aeropuerto deBangkok a las 19:00 h. Nada más salir de la Terminal nos recibe esa humedad pegajosa del sudeste asiático ya familiar para nosotros, la cual ya no nos abandonará durante todo el viaje. Bajamos hasta la última planta del aeropuerto y cogemos un Bus express (150 THB) que nos dejará en Khao San Road en 35 minutos. Antes este autobús tardaba más del doble, la verdad es que merece la pena coger este medio de transporte para desplazarse desde el aeropuerto hasta la ciudad.

Nos alojamos en Sleepwithinn , en Rambuttri Road, una calle paralela a Khao San Road. Esta guesthouse de reciente inauguración está genial. Habitaciones muy bien decoradas con todas las comodidades, piscina en la azotea y con un precio bastante ajustado (1.050 THB). Nosotros, nada más llegar le pedimos a la chica de la recepción que nos dejara bañarnos en la piscina, puesto que era tarde y ya estaba cerrada. La chica acedió y nos dimos un bañito que nos sentó genial después de la paliza del viaje. 

Después del bañito bajamos a la recepción y allí estaban Diego y María José, dos amigos de Valle que estaban de luna de miel y con los que habíamos quedado para cenar esa noche. Cenamos en el restaurante Mayompuri, en el mismo barrio de Banglamphu, un lugar muy cuco con una terraza muy bonita, y que ya conociamos de otros años. Disfrutamos mucho de esa cena, tanto de la comida como escuchando las aventuras de Diego y María José por Tailandia y Camboya. Era su primer viaje por el sudeste asiático y nosotros les habiamos ayudado a organizarlo. y la verdad es que se lo estaban pasando de miedo, un diez para ellos!!Después de tomar algo después de cenar, nos fuimos a la cama derrotados, acabábamos de aterrizar y a la mañana siguiente había que madrugar para coger el vuelo a Yangon.

miércoles 7 octubre: LLEGAMOS A YANGÓN, UNA CIUDAD MUY AUTÉNTICA

A las 04:30 h. de la mañana nos recoge un taxi (470 THB) en la puerta de la guesthouse  y nos lleva hasta el aeropuerto de Suvarnabhumi. Nuestro vuelo de Air Asia  (con poquísimos turistas) sale a las 07:15 h.  Este vuelo lo habíamos comprado por internet por 32 €, no me cansaré de recomendar esta compañía. En cuestión de 45 minutos estamos aterrizando en el aeropuerto de la capital birmana. Al llegar nos recibe un aeropuerto practicamente desierto, con solo 3 aviones en las pistas. Desde el principio empiezan a percibirse los estragos que los sucesos de Septiembre de 2.007 (La revolución de los monjes) produjeron en el turismo y que aún perduran. Desde entonces el numero de visitantes extranjeros se ha reducido un 90%, y teniendo en cuenta que ese numero no era muy elevado “gracias” al boicot internacional que sufre el país… de repente, es como encontrarse en un lugar muy lejano al que la mano del “hombre blanco” no ha llegado todavía.

Por eso, el llegar a Myanmar es llegar a otro mundo. El régimen al que están sometidos hace que el único contacto que tengan con el mundo exterior, además de los canales de televisión (bastante censurados), sean los pocos turistas que hasta allí llegan. Por ello las tradiciones perduran mucho más que en otros países del entorno. La mayoría de los hombres de todas las edades visten todavía el longyi, una especie de pareo-falda. Casi todas las mujeres y niños llevan en sus rostros y brazos la thanakha, una especie de protección solar compuesta por el polvo de la raiz del arbol thanakha.

Durante nuestra estancia en Myanmar voy a equiparar los precios locales al dólar en lugar de al euro, ya que es la única moneda con la que puedes pagar (o cambiar) a parte del Kyat.  Sólo nos aceptaron cambiar euros en Yangon. Es muy importante tener en cuenta que no disponen de cajeros automáticos o establecimientos preparados para el pago con tarjeta en ningún sitio, por lo que es necesario llevar en metálico todo el dinero que pienses que te vas a gastar. El cambio esta a unos 1100 K por dólar. Tampoco hay casas de cambio, por lo que tienes que cambiar en las tiendas o a los ganchos que encuentras por la calle, pero la verdad es que ésto no supone mayor problema, puesto que en el centro de Yangon cada dos por tres se te acercan ofreciéndote cambiar dinero. Esa misma tarde cambiaríamos nuestros primeros 100 doláres en una joyería del mercado de Bogyoke a 1.100 K. El billete de más valor es de 1.000 K, por lo que en ese primer cambio nos dieron 110 billetes. Te sientes algo así como millonario, no sabiendo donde meter tantísimo billete.

Una vez fuera del aeropuerto cogemos un taxi (5 dólares) que nos lleva hasta el hotel Thamada. Lo habíamos reservado en Edreams, y fue el único de todo el viaje. Lo hicimos para no tener que estar buscando alojamiento nada más llegar. Las habitaciones están bien, son todas de teca con cuadros y fotografías antiguas birmanas. A destacar el baño que es enorme. Nos acomodamos en la habitación, descansamos algo y salimos a patear un poco la ciudad. El hotel está muy bien situado, a un paso del Bogyoke Market.  Lo primero que llama la atención de Yangon son los numeros parques y la gran cantidad de árboles que hay por toda la ciudad. Eso sí, la ciudad en sí es un gran caos, hay zonas que parecen recien devastadas por un terremoto: aceras destrozadas, edificios ruinosos….Y al lado altas torres de cristal albergando oficinas de empresas birmanas.

Damos un paseo por el mercado y enfilamos Shwedagon Pagoda road hasta llegar a la impresionante  Shwedagon Pagoda. Es el icono de la ciudad, y junto con Bagan, de todo el país. Tiene un significado profundamente religioso. Allí acuden, al menos una vez en su vida, todos los birmanos.  Como todavía no habíamos comido, antes de entrar tomamos algo en el “Mynt Zu yi Cafe”, justo enfrente de la escalera sur de la Shwedagon. Es un café muy económico, donde nos atiborramos de noodles y arroz por 800 K el plato. Los camareros se pasan toda la comida practicando inglés con nosotros, hablando de fútbol europeo. Uno de los entretenimientos principales de los jóvenes es ver fútbol de las ligas europeas en los canales internacionales de televisión a los que tienen acceso. Enseguida me ponen al día de equipos, resultados y jugadores de fútbol españoles. Yo la verdad es que de fútbol, lo justito, así que intento hacer un esfuerzo por memorizar toda la información que ellos me dan. Al pasar al interior de la Shwedagon (entrada 5 dólares) quedamos maravillados de la majestuosidad de su gran stupa dorada, coronada por un hti chapado de oro y plata y rodeado con más de 1.100 diamantes. El lugar está plagado de birmanos , junto con los que nos sentamos en uno de sus rincones a contemplar el atardecer. 

Después de esa experiencia, bajamos paseando hasta la zona de la Sule Paya , segundo centro religioso más importante de la ciudad. Con dos mil años de antiguedad, es otro ejemplo de la extraña incongruencia del desordenado urbanismo de Yangon, y es que está situada enmedio una rotonda, rodeada de organismos oficiales y comercios.

Esa noche cenamos en un restaurante tailandés llamado “Laminu Lamin” situado en una calle perpendicular a Anawrahta road. De allí nos vamos al hotel y justo al lado, en la calle Boyar Nyunt descubrimos el “Santino”, un garito muy majo donde nos tomamos un shake de frutas y unos pastelitos. Después de ese “postre” nos vamos a la habitación derrotados.

jueves 8 octubre: DESCUBRIENDO YANGÓN

Desayunamos en la cafetería del hotel. Está en los bajos del hotel, se llama “Café 365”, y sin ningún género de dudas es lo mejor que tiene el hotel. Se trata de una moderna cafetería con mucho ambiente al que acuden jóvenes locales de lo más modernos, y que permanece abierta las 24 horas.

Después de un reconstituyente desayuno (deliciosa sopa de noodles con verduras y pollo empanado), nos disponemos a patear un poco la ciudad. Bajamos paseando por Sule Pagoda road hasta las oficinas de la agencia de viajes Gulf Travels & Tours, situada en el número 69 de esa avenida. Allí compramos los billetes de avión a Heho, para el día siguiente. Volamos con Air Bagan y pagamos 78 dólares por cada uno. En el centro de Yangon y en todos los lugares turísticos hay numerosas agencias de viaje donde poder comprar billetes de avión para vuelos domésticos. El precio del billete de avión de una agencia a otra siempre se va en unos pocos dólares. Si uno se quiere asegurar el mejor precio conviene preguntar en varias agencias. Es importante comentar que actualmente en Myanmar existen cuatro compañías aéreas: Air Bagan, Yangon Airways, Air Mandalayy la desastrosa Myanmar Airways. Y digo desastrosa, porque así está catalogada en todas las guías de viaje que puedas leer, sumando esta compañía numerosos accidentes aéreos, de hecho está incluida en la lista negra internacional de compañías digamos, “chungas”.

Seguimos paseando por las atestadas calles que rodean Anawrahta road y llegamos hasta la calle Strand, próxima al muelle y al río Yangon, disfrutando del tremendo ajetreo y de ese caos organizado que hace de Yangon una de las ciudades más exóticas del sudeste asiático. Nos tomamos un refrigerio en el “Café Aroma” que hay al lado de la torre Sakura. Elegimos este garito porque tiene aire acondicionado y el calor es sofocante. Desde allí nos pegamos un buen tute y llegamos andando hasta el lago Kandawgy. El lago Kandawgy es un lugar ideal para pasear, es algo parecido al”Retiro de Madrid”. En un extremo del lago hay una reproducción en hormigón armado de un barzaca real idéntica a las utilizadas por la monarquía real birmana hace más de dos siglos.

Comemos en un restaurante del lago, justo al lado de la barcaza real, zona conocida como Karaweik. Hay varios restaurantes y un parque con juegos para niños. Después de comer somos testigos de como ruedan lo que parece un vídeo musical. Vemos a la pareja protagonista discutiendo, a la chica llorando, para después abrazarse, mirarse a los ojos y pasear de la mano por el lago, vamos, el típico video musical que puedes ver en los autobuses birmanos. Esa noche, después de descansar un rato en el hotel volvemos a recorrer la superanimada Anawrahta road cenamos en el restaurante “New Delhi”, recomendado en la Lonely. Comida típica del norte de la India muy económica: 4 platos con bebidas por 4.500 K.

Depués de cenar subimos a la planta 20 de la torre Sakura, en Sule Paya road. Allí hay un restaurante de lujo, el “Sky Bistro” desde donde hay unas vistas de la Shwedagon Pagoda espectaculares. Nos tomamos un café disfrutando de ellas antes de retirarnos al hotel.

viernes 9 octubre: VOLANDO A HEHO, PUERTA DE ENTRADA AL LAGO INLE

Esa mañana, después de meternos otro pedazo de desayuno en la cafetería del hotel, sólo nos da tiempo a dar una vuelta por el Bogyoke Market y cambiar algo de dinero, antes de coger el taxi que nos lleva al aeropuerto. Recomiendo calcular el dinero que vas a poder gastar durante la estancia en Myanmar y cambiar el máximo posible en Yangon, puesto que es, con diferencia, donde mejor cambio se consigue.

Al llegar a la terminal de vuelos domésticos del aeropuerto de Yangon, alucinamos. Parece que ha habido un terremoto o algo parecido antes de ayer. Está fatal, muy dejado y bastante sucio, es el peor aeropuerto que hemos visto en la vida, y puedo prometer que hemos estado en aeropuertos muy chungos. Basta un ejmplo: Para avisar del “delayed” (retraso) de un vuelo, utilizaban una pizarra colocada encima de un mugriento taburete de plástico. (se adjunta foto como prueba),

This is Myanmar….

Nuestro vuelo de Air Bagan, sale con media hora de retraso con destino a Heho. El avión está bastante bien, incluso te dan hasta de comer, y eso que el trayecto apenas dura una hora. Al llegar al minúsculo aeropuerto de Heho, desembarcamos del avión los pasajeros que nos quedamos allí y suben los que se dirigen a Mandalay, próxima parada del vuelo, y eso en plena pista de aterrizaje . Y es que en este país volar es como viajar en autobús, con dos o tres paradas en distintos aeropuertos antes de llegar a tu destino, y sin avisar, o sea, que sabes cuando sales, pero no cuando vas a llegar.

Además, el equipaje facturado te lo dan en la misma pista de aterrizaje, me explico: cuando el avión aterriza, las azafatas dicen el nombre del aeropuerto, y si es el tuyo, te bajas, abren el maletero de la nave y te dan tu mochila, sin más. Gente muy práctica estos birmanos. En el aeropuerto de Heho, por extrañas razones, no dejan a los taxistas entrar al mismo, así que hay que salir andando hasta el exterior, donde eres asaltado literalmente por los taxi-drivers.

En el avión hemos conocido a una simpática pareja de viajeros de mediana edad: él australiano, ella japonesa, quienes nos proponen compartir taxi hasta Nyaungshwe, a lo que nosotros por supuesto aceptamos.  No es la primera vez que aterrizan en Heho y van al lago Inle, así que sabedores de que estamos ante expertos en la zona, nos dejamos llevar, y vaya si resulta el jodido australiano “experto”.  Nada más salir del aeropuerto y como he apuntado antes, una nube de taxistas se nos echa encima, ofreciéndonos sus servicios hasta Nyaungshwe, por 45.000 K el taxi, jurándonos y perjurándonos que es el precio más ajustado para ese trayecto. Nuestro amigo australiano dice que sólo vamos a pagar 15.000 K y que hasta luego. Si, literalmente les dice: “We’re going to pay only 15.000 K, See you later…..”.  Ahí empieza el juego del regateo puro y duro!!

Los taxistas ponen cara de flipaos y nos dicen que estamos locos y que por ese precio nadie nos va a llevar a Nyaungshwe y seguidamente todos ellos se van. Nos quedamos solos en el aeropuerto sin ningún medio de transporte a la vista para llegar a nuestro destino y comenzando a oscurecer. Pero el as que se guardaba debajo de la manga el aussi, y muy bien asegurado por no ser la primera vez que allí estaba (como diría aquel, es lo que tiene el conocer…….), era que sabía a ciencia cierta que nuestro vuelo era el último del día y que todos los taxistas que acababan de desaperecer “muy cabreados”  eran de Nyaungswe, por lo que con, o sin pasajeros tendrían que regresar al pueblo, y que mejor que hacerlo con unos kyats de más en el bolsillo. Y efectivamente eso debieron pensar todos a la vez, porque no pasaron más de cinco minutos, cuando primero uno, y luego todos aceptaban llevarnos a nuestro destino por los 15.000 K que habíamos dicho en un principio, vamos, que hasta elegimos coche y todo, jejeje. Un 10 por el aussi!!!!

El trayecto hasta Nyaungshwe dura poco más de media hora y se hace a través de una carretera bastante decente para lo que es la media nacional. Nyaungshwe es una pequeña población situada a 3,5 kilómetros del extremo norte del lago Inle. Allí se encuentran todos los alojamientos económicos de la zona. Eso, unido a lo fácil que desde allí resulta planificar cualquier treking o excursión por la zona, hace que mucha gente permanezca alarguen su estancia allí.  La verdad es que el sitio es muy chulo, se respira tranquilidad por todos lados, y está lleno de tranquilos restaurantes donde se come bastante bien y barato. La mayoría de la gente va en bicicleta y la temperatura por la noche es muy agradable.

Bueno, siguiendo con nuestra ruta en taxi, al llegar a Nyaungshwe los extranjeros tienen que pagar una “tasa” de entrada al área del lago (3 dólares). Está así impuesta por el gobierno y no hay forma de escaquearse de ella. Aconsejados por nuestros nuevos amigos, le decimos al taxita que nos lleve a la guest house Teakwood. Después de regatear con la dueña unos minutos, conseguimos la habitación doble, con baño, ventilador y desayuno por 15 dólares. Esta Guest house aparece en la Lonely y la verdad es que está muy bien, las habitaciones son de teca y la comida es buena. También es cierto que es de las más caras de la zona, puesto que por 10 dólares había bastantes donde elegir. Lo que si es cierto es que la dueña de la GH es un poco agobiante, y es que todo el rato está intentando venderte excursiones y trekings la zona, billetes de avión , autobús, etc…., pero vamos, con pasar de ella un poquito basta.

Esa noche cenamos en el restaurante”Smiling Moon”. Disfrutamos de la cena, y como ya sería habitual en el transcurso del viaje, de la compañía de los jovencísimos camareros. Son geniales los birmanos, no paran de preguntarte cosas sobre tu país, tu viaje, los lugares que vas a visitar en Myanmar, etc… Allí conocemos a Kokogi, un chaval muy simpático que nos ofrece alquilarnos su moto para conocer los alrededores de Nyaungshwe. A continuación detallo el menú para resarcimiento de mis papilas gustativas, y para que el lector compruebe lo bien que se come en la zona y lo baratito que es: entrantes de ensalada de aguacate y patatas paprika. De plato principal una fuente de pollo con patatas al curry, un creps de queso, huevo, tomate y cebolla y una fuente de tagliatelli con carne, queso y tomate. De postre un creps de banana y chocolate. Todo eso más un par de Myanmar beers y un botella de agua mineral por 12.000 K (unos 7 euros).

sábado 10 octubre: INLE LAKE, DESCUBRIENDO A LOS BIRMANOS, UNA GENTE MUY ESPECIAL

El desayuno en la guesthouse es a base de creps y fruta. A las 10:00 comenzamos nuestra excursión contratada en la misma guesthouse (18 dólares). Serán 7 horas de paseo en canoa por los canales que rodean Nyaungshwe y un trekking hasta un templo situado a las afueras de Kaung Daing. Si uno se acerca hasta el embarcadero, regateando diectamente con los barqueros, se pueden conseguir excursiones por los canales o al lago más baratas. Nuestro guía es un simpático chaval de 15 años, de nombre inpronunciable: “Mghtwe”.

El primer sitio en el que paramos es en un poblado donde sus habitantes se dedican a la fabricación de cigarros envueltos en hojas de babanero. Nos pasamos un rato observando su trabajo y jugando con los niños de la aldea. El resto de la mañana la pasamos navegando por los estrechos canales que rodean Nyaungshwe. Es superinteresante observar la vida de esta gente con sus casas enmedio del agua.

 

A la hora de comer, Mghtwe nos lleva a casa de sus tíos, situada enmedio de un arrozal. La comida con su familia es inolvidable. Nuestra conversación en inglés-birmano es superdivertida y quedamos encantados con la hospitalidad de esta gente, que a pesar de nuestra negativa, nos saca todo lo mejor que tienen en su despensa para nosotros. Les hacemos algún regalo, nos despedimos de ellos y seguimos ahora con un trekking hasta una montaña cercana, bajo un sol abrasador.

En la cima de la montaña hay un templo shan desde el que hay unas vistas preciosas del pueblo de  Nyaungshwe y de parte del lago. Al ser sábado el templo está lleno de jóvenes jugando y manteniendo alegres conversaciones, los cuales enseguida advierten nuestra presencia y vienen a hacerse fotos con nosotros. La bajada del templo la hacemos atravesando campos de cultivo de maiz y estrechos caminos por los que nos cruzamos con más de un”búfalo de agua”, tan presentes en todo el sudeste asiático. Al llegar al pueblo, Mghtwe nos invita a pasar a su casa y nos presenta a sus padres. El padre de Mghtwe ha sido toda su vida guía en la zona y nos sentamos en el suelo alrededor de un té y unas pipas de soja a ver fotos de su trabajo y su familia. Cuando empieza a anochecer y destrozados por el día, que ha sido durillo, nos despedimos de Mghtwe y de su familia y nos retiramos a la guesthouse.

Después de descansar un rato, esa misma tarde compramos los billetes de avión para Mandalay por 37 dólares en “Inlay Comet”, un garito situado en Phaungdaw Seiq road, que además de funcionar como agencia de viaje, dispone de ordenadores con conexión a internet. En este local conseguimos conectarnos a hotmail, cosa algo complicadilla en Myanmar. Damos un paseo por el pueblo antes de cenar y nos llama mucho la atención observar la simpática imagen de jóvenes monjes jugando a la video consola en los numerosos locales de “play-station 2” que hay por el pueblo.  Vemos a Kokogi, el chico que conocimos en la cena de ayer,o mejor dicho, él nos ve a nosotros, y nos tomamos un té con chapatis en una de las tea-shop que hay junto al mercado. 

Nos vamos a cenar al “Unique” (aparece en la Lonely), acompañados por Kokogi. Allí la comida está muy elaborada y el sitio es muy tranquilo, pero al estar un poco alejado de la calle principal y con el poco turismo que hay, no hay nadie, estamos nosotros solos. Siguiendo con nuestra ruta gastronómica cuento que cenamos una crema de calabaza, ensalada de tofu, pollo braseado a la menta y un curry de pescado riquísimo. (12.500 K)

domingo 11 octubre: EN BICI POR LOS ALREDEDORES DE NYAUNGSHWE

Desayunamos en la guesthouse. Hoy es nuestro segundo día en el lago Inle y decidimos alquilarnos unas bicis.  Lo hacemos en la misma guesthouse por 1.000 K cada una todo el día. Enfilamos tranquilamente el camino hasta Kaung Daing y al pasar por el embarcadero, quedamos con un pescador que nos llevará a eso de las 16:00 a ver el atardecer al lago (5.000 K).  El camino desde Nyaungshwe hasta Kaung Daing está muy bacheado, pero yendo tranquilito es muy agradable, todo rodeado de arrozales y gente trabajando en el campo. Como ya he dicho en más de una ocasión, los birmanos son muy amigables, y todo el rato nos estamos parando para charlar con ellos, lo que hace el paseo muy entretenido.

El camino de tierra que sale desde el embarcadero de Nyaungshwe llega hasta una carretera asfaltada, que es la que va desde la carretera principal que va a Heho, hasta Kaung Daing. Al encontrar esta carretera, hay que tomarla a la izquierda. Desde ese punto hasta Kaung Daing es un paseo de unos 20 minutos en el que se pasa por varios templos y algún hotel de lujo, ya muy cerca del lago. También se pasa por delante de unos “hots springs”, o baños termales (5 dólares por barba). Lo primero que hacemos al llegar a Kaung Daing es dejar las bicis en el arcén y subir por unas empinadas escaleras que nos conducen hasta una pagoda con unas vistas espectaculares del lago. En la pagoda sólo hay una joven pareja de japoneses muy simpática. Nos cuentan que han estado en México y nos sueltan unas palabras en español. Son unos cachondos los amigos japos. Cada día estamos más seguros que el país del sol naciente tiene que ser uno de nuestros próximos destinos.

Continuamos nuestro camino en bicicleta y tras dejar a la izquierda los baños termales llegamos al centro de Kaung Daing. Es un pueblo muy pequeño y excesivamente tranquilo, con calles sin asfaltar y gente trabajando secando pescado al sol. Nos damos una vueltecilla y volvemos a comer a un garito que hemos visto justo enfrente de la entrada de los baños termales.  Se trata de una minúscula cabaña donde venden snacks y que tiene una mesita con un par de bancos. La mujer nos atiende de maravilla y nos hace unos exquisitos “noodles shan”. Una botella de agua, unos dulces caseros y el típico té por 2.500 K.

Después de comer, y como se estaba haciendo tarde, comenzamos a regresar tranquilamente y a las 16:00 h. llegamos al embarcadero de Nyaungshwe, donde nos estaba esperando como un clavo el señor con el que habíamos regateado el paseo hasta el lago esa misma mañana. Nos coge las bicis y las mete en su propia casa, muy cerca del embarcadero. Al entrar a su casa todos mnos saludan y se rien. Da gusto con estos birmanos, no hemos conocido un país más seguro ni una gente tan simpática en nuestra vida.

Una vez en el bote, y con el sol empezando a caer, el barquero pone rumbo al lago que dista de Nyaungshwe unos 3,5 kilómetros. Nos lleva hasta el pequeño poblado de Maing Thauk. famoso por sus plantaciones de tomates enmedio del lago. Este pueblo esta divido en dos mitades: la terrestre y la flotante. Ambas están unidas por un largo puente de madera de medio kilómetro de largo. Nos bajamos de la barca y nos damos una vueltecilla por las calles del pueblo. Se está poniendo el sol y el ambiente es muy chulo: el lago y las montañas al fondo y el puente lleno de niños haciendo volar sus cometas, mientras jóvenes monjes con sus túnicas azafrán regresan a las pagodas después de pasar el día por las aldeas de los alrededores.

Ya casi de noche nuestro amigo el barquero nos lleva de regreso a Nyaungshwe. Por el camino nos ofrece un taxi para llevarnos mañana hasta el aeropuerto de Heho. Después de un breve regateo, quedamos con él mañana en nuestra guesthouse. Nos deja el taxi a 15.000 K, el mismo que pagamos por el taxi que nos trajo, o sea, un precio que consideramos justo. Es nuestra última noche en Nyaungshwe, y decidimos ir a cenar al restaurante “Mee Mee’s”. Cenamos en la terraza y disfrutamos de una ensalada de aguacate, un pollo con cacahuetes, pancake de tomate y queso y dos Myanmar beers por 10.000 K.

lunes 12 octubre: DE NYAUNGSHWE A HSIPAW, UN LARGO DÍA DE TRASLADO

Hoy nos vamos de Nyaungshwe. Nos levantamos más tarde y después de desayunar paseamos por el mercado del pueblo. A la hora convenida tenemos al taxista esperándonos en la puerta de la guesthouse. Tardamos unos 45 minutos en llegar al aeropuerto de Heho. El taxista que no habla nada de inglés, incluso nos para en un par de sitios con buenas vistas para que hagamos un par de fotos. Al llegar al aeropuerto, como vamos con tiempo de sobra, comemos algo en los restaurantes que hay en la explanada del exterior de la terminal. Me meto para el cuerpo unos vermicheli con verdura y pollo riquísmos.

A la 16:30 h. despega con algo más de media hora de retraso nuestro vuelo de Yangon Airways con destino a Mandalay.  Ello es debido a la impresionante tromba de agua que cae en Heho justo cuando íbamos a embarcar en el aparato. En apenas 25 minutos estamos aterrizando en el reluciente aeropuerto de Mandalay. Y digo reluciente, porque éste es, con diferencia, el mejor aeropuerto del país. Son cerca de las 17:30 h. y queda poco para anochecer. Queremos ir hacia Hsipaw y pasar allí un par de días. Para llegar allí, desde Mandalay hay diariamente autobuses y trenes. El problema es que a estas horas ya no salen, además estamos todavía en el aeropuerto, a 45 km.  de Mandalay. Después de sopesar los pros y los contras, y para no hacer una noche suelta en Mandalay, decidimos regatear el precio de un taxi en el mismo aeropuerto para que nos lleve hasta Hsipaw en ese mismo momento. Al principio los taxistas del aeropuerto nos dicen que no se puede, porque Hsipaw está muy lejos y va a empezar a anochecer, pero después de un breve regateo deciden llevarnos por 60 dólares. Así que de esta forma comenzamos una nueva aventura….mochilas al maletero del coche y ala……., 5 horitas de viaje por carreteras birmanas!!!! (casi nada).

Hsipaw está situado a unos 170 km. al noreste de Mandalay. Es una tranquila población enmedio de la ruta comercial China-Birmana, por lo que la carretera nacional que atraviesa el pueblo está siempre atiborrada de camiones cargados hasta los topes.  Sus espectaculares puestas de sol, sus estrechos senderos entre arrozales, las pagodas diseminadas en los alrededores, etc… le dan un pintoresco aspecto a la zona, motivo por el cual algún que otro viajero se acerque desde Mandalay y pierda allí unos días. Hsipaw en otra época fue la capital de un pequeño estado Shan independiente.

Llegamos a Hsipaw pasadas las once de la noche, hora bastante intempestiva para Myanmar, y más para Hsipaw, por lo que aquellas calles parecían las de un pueblo fantasma. Queríamos ir a la guesthouse Mr Charles, recomendada por la Lonely. Por supuesto que nuestro joven conductor no tenía ni pajolera idea de donde estaba, así que allí estábamos, buscando algún alma que nos indicara donde estaba la guesthouse. Al llegar a la GH se encontraban todos durmiendo, por lo que nosotros derrotados por el viaje, y la chica de origen chino de la recepción (en pijama por supuesto), nos pusimos a regatear el precio de la habitación que al final se quedó en 10 dólares con baño, ventilador y desayuno incluído.

Esa noche creo que fue, con diferencia, la peor de todo el viaje: cansados por el día que habíamos tenido, tardamos en dormirnos, y cuando ya estábamos en ello, un grillo metido en la habitación, dios sabe donde, empezó a hacer de las suyas. Además, a eso de las 5:30 h, comenzaron a recitar sus lecciones (cantando) los niños de una escuela que hay justo al lado de la GH, y como colofón, a las 06:30 h. empezaron a currar los obreros que estaban reformando uno de los edificios de la GH.

Una noche de locos!!!

martes, 13 octubre: TREKKING EN HSIPAW, UN LUGAR ALEJADO DE TODO

Desayunamos en la baranda de la GH. Decidimos alquilarnos una moto para conocer los alrededores del pueblo. En el mismo desayuno acordamos con un chaval de la GH el precio de la moto (8 dólares todo el día). En la recepción nos dan un papel fotocopiado, que es una especie de mapa del pueblo y alrededores, muy básico, pero práctico. Una de las chicas de la recepción habla algo de español, es muy simpática y nos recomienda sitios donde ir.

Nos damos una vuelta por los caminos que hay alrededor de Hsipaw y visitamos un par de pagodas. Al sur del pueblo, y siguiendo la carretera que va a Mandalay, nada más cruzar un puente, hay un camino de tierra a la derecha. Siguiendo ese camino se llega hasta un monasterio, donde dejamos aparcada la moto. Desde allí, y siguiendo un sendero indicado en el mapa que nos han dejado en la GH, nos disponemos a hacer un trekking que nos llevará a la cascada de Nam Tok, situada a una hora aproximadamente de camino.

El camino hasta la cascada es espectacular, atravesando campos de arroz y minúsculas aldeas, donde sus gentes viven cultivando la tierra y cuidando de sus animales: pollos, cerdos, búfalos, etc…. es todo muy chulo. Al llegar a la cascada nos encontramos con una joven pareja que se aloja en nuestra misma GH( sólo hay tres GH en el pueblo). Ella es de Singapur, él holandes. El chico lleva siete meses viajando por el sudeste asiático y se han conocido hace unos días. Hablamos un poco acerca de nuestros viajes y nos deseamos suerte en nustros próximos destinos. Después de pegarme un refrescante baño debajo de la cascada, almorzamos algo de fruta y unas galletas que llevábamos en la mochila.

Cuando nos disponíamos a regresar al pueblo, aparece una pareja sudando la gota gorda que nos cuenta que llevaban un rato buscando el sendero que traía hasta la cascada. También se alojan en Mr. Charles, como no, y llevaban el mismo mapa que nosotros. Son Juan y Terín (BIKILA, para los foreros de Geoplaneta), una pareja de viajeros residentes en Sada, localidad muy cercana a La Coruña. Como en todo encuentro con personal viajero hispano en lugares remotos, enseguida nos vemos envueltos en una alegre conversación acerca de nuestras rutas seguidas por Myanmar, así como de antiguos y futuros viajes. Deseándonos igualmente suerte en nuestros respectivos itinerarios por el país nos despedimos. Lo que aún no sabíamos es que ese “adiós” pronto se convertiría en un simple “hasta luego”. Ponemos rumbo al pueblo, volviendo a pasar entre verdísimos campos de arroz, debajo de una solana aplastante. En el mercado de Hsipaw compramos algo de fruta y nos vamos a la GH a descansar algo. Decidimos que mañana nos iríamos a Mandalay y compramos en la misma GH los billetes de bus.  Nos cobran 4.500 K a cad uno, en un bus con AA de la compañía Ye Shin Express. La otra opción es el taxi compartido, que sale a 12 dólares cada asiento de atrás y a 14 el asiento del copiloto. Cómo ya habíamos venido en taxi, decidimos ir en bus y así ahorrarnos algo de pasta. La tercera opción para ir de Mandalay a Hsipaw o ala inversa, y la que nos quedamos con las ganas de hacer, es la de ir en bus hasta Pyin U Lwin, y de allí en tren hasta Hsipaw. Las vistas que hay en camino nos contaron que son espectaculares.

Esa tarde paseamos con la moto por la carretera que va al santuario de Bo Bo Gyi Nat y nos damos una vuelta por los alrededores. Llegamos hasta un campo de golf y la vieja fábrica de palomitas. Circulamos despacio disfrutando de un atardecer muy bonito, la gente es muy simpática y todos saludan a nuestro paso, y es que Myanmar engancha por eso, por su gente, no me cansaré de decirlo. Cenamos en un garito con barbacoa en Main road. La comida no es mala, pero parece que la limpieza no es su fuerte. Después de cenar, y de camino a la GH, en la misma Main road, nos paramos en un garito de los que hay al lado de la carretera. Ahí si que acertamos, y nos ponemos morados a creps y pastelitos recien hechos. Los chapatis de judias están de vicio. Por 400 K nos hinchamos, jejeje. Como referencia, diré que es el garito que hay junto al árbol más grande de la calle, donde hay un letrero luminoso con caracteres birmanos. Los jovencísimos camareros con una caña.

miércoles 14 octubre: CAMINO DE MANDALAY…

A las 5:30 h. sale el autobús que nos llevará a Mandalay, así que hoy toca madrugón. La parada de autobuses está en Main road, justo al lado del cine, a unos 10 minutos andando de la GH. Es nuestro primer viaje en autobús en Myanmar y será el mejor, es decir la mejor carretera que veremos y el mejor bus (autobús casi nuevo, con AA, asientos amplios y cómodos, pantalla plana gigante, botellín de agua…). Somos los únicos turistas del bus y la gente se pasa todo el viaje mirándonos, riéndose e intentando cruzar alguna palabra con nosotros. Así es el carácter de los birmanos.

Después de casi 6 horas de viaje con su correspondiente parada para comer, llegamos a la estación de bus de Mandalay. Está en las afueras, por lo que compartimos un taxi (1.000 K cada uno) hasta la “Royal GuestHouse”, en la calle 25. Aparece en la Lonely, y se ve que siempre anda abarrotada, así que, en temporada alta aconsejo llamar antes para reservar. Nos dejan la habitación por 10 dólares con AA y desayuno incluídos. Aprovechamos para lavar algo de ropa que ya hace falta. Después de descansar un rato salimos a patear un poco la ciudad. Mandalay, antigua capital del país, es mucho más tranquila que Yangon. El trazado de sus calles es plano y cuadriculado, o sea, que resulta muy fácil orientarse. La GH está muy cerca del Palacio de Mandalay, residencia de los últimos reyes birmanos hasta el año 1.885, cuando las tropas británicas entraron en la ciudad.

Tomamos algo en la misma calle 25, en el “Shwe Pyi Moe Cafe”, situado entre la GH y el Palacio. Está atiborrado de gente local y hay un ambiente muy majo. Allí tomando unos creps y un te, decidimos acercarnos al embarcadero desde donde salen los barcos hacia Bagan, a ver los precios. Las oficinas de la empresa naviera están en la calle 35, así que nos damos un largo paseo y aprovechamos para conocer un poco la ciudad. Al llegar a las oficinas de la “Inland water” nos recibe un funcionario con pocas ganas de hablar y nos informa que los barcos lentos hacia Bagan salen los lunes, miércoles y viernes. Cuestan 10 dólares el billete (12 dólares en las agencias y la GH) y salen a las 5:30 h. El viaje tarda unas 15 horas. De allí, ya de noche, volvemos caminando hacia la GH por la calle 82. En esa misma calle, muy cerca de la iglesia Baptista Judson nos tomamos un refrigerio en un garito muy moderno. Como en casi todos los restaurantes y cafes de Myanmar,está atiborrado de personal, es decir, que hay un montón de jóvenes camareros encantados con que un par de turistas despistados entren en su local. Pasamos un buen rato hablando y riendo con ellos.

Esa noche nos apetece cenar algo más occidental, para descansar un poquito nuestro paladar de curris y picantes. Buscamos el restaurante “BBB”, que aparece en la Lonely, pero se ve que ha cerrado, porque en la dirección donde aparece en la guía hay un local en ruinas. Como teníamos ganas de comida occidental nos decidimos por el “UCafe”, en la misma calle de la guesthouse. Es un restaurante moderno con una carte bastante decente y con unos precios muy ajustados para las instalaciones que presenta. Está en el cruce de las calles 25 y 80, justo enfrente de la cara oeste de la fortaleza. Recomiendo la ensalada de aguacates con langostinos (los langostinos son enormes). Al final, los camareros obsequian con una bandeja de frutas.

jueves 15 octubre: VISITANDO LAS CIUDADES ANTIGUAS

15/10/2009: Después de desayunar en el pequeño salón de la guesthouse (está a tope), salimos a la calle con la intención de alquilar un taxi para que nos lleve a las ciudades antiguas. Y es que los alrededores de Mandalay son bastante mejores que la ciudad. Antiguamente, la capital fue alternando entre cuatro ciudades de diversos puntos ribereños del río Ayeyarwady y sus proximidades, donde se ven algunas de las imágenes más espectaculares del pais. Nosotros visitamos Sageing, Inwa y Amarapura. La ciudad de Mingun la dejamos porque había que visitarla en barco y hacer todas en un sólo día se hace un poco pesado.

Para visitar estas ciudades, la junta militar que gobierna el país ha creado la “entrada combinada para la zona arqueológica de Mandalay” que sale por 10 dólares y que van a parar directamente a las arcas de este corrupto gobierno. Aleccionados por otros viajeros y por la Lonely, decidimos “esquivar” esa tasa contratando los servicios de un taxi “azul”. Y es que sus conductores y guías son especialistas en entrar en las ciudades antiguas por la “puerta de atrás”, es decir, sin pagar el susodicho impuesto. Pues bien, acordamos un precio con un simpático guía y su conductor. Nos llevará a las tres ciudades que queremos ir, incluyendo además la colina de Mandalay. Estaremos desde las 10:00 hasta las 18:00 por 20 dólares, un precio razonable.

Lo primero que visitamos es la colina de Mandalay.  Está situada al norte de la ciudad y es el único lugar que rompe la llanura uniforme del terreno. Se puede subir por escaleras mecánicas y por escaleras “tradicionales”.  La subida a pie es un poco dura, pero sin duda, el esfuerzo realizado es recompensado por las espectaculares vistas que hay desde lo más alto. La colina está plagada de santuarios donde rezan los habitantes de Mandalay.

De allí nos llevan hasta Sageing. Es un lugar muy tranquilo a orillas del Ayeyarwady. Desde lo alto de su colina se divisan las más de 500 estupas diseminadas por los alrededores. En uno de los templos nos acompaña un joven monje con el que hablamos un buen rato sobre política, un tema tabú entre los birmanos. Nos cuenta como es la vida en su país, los abusos del actual gobierno, recuerda con lágrimas en los ojos la dura represión que sufrieron los monjes en octubre de 2.007 durante la “revolución azafrán” y se despide de nosotros con un: who help us? que nos deja pensativos y un poco cabizbajos.

La siguiente ciudad a visitar es Inwa. Está situada en una pequeña isla, desconectada de las carreteras, por lo que para llegar a ella hay que coger una barca (1.000 K por barba) qua tarda dos escasos minutos en llegar. Una vez en Inwa, el único medio de transporte para moverse por la isla es el coche de caballos (4.000 K), lo que da a la visita un cariz más auténtico. Damos un paseo con el carruaje por los estrechos caminos sin asfaltar de la isla y subimos a la torre vigía de Namyin. Esta torre fue duramente sacudida por un terremoto y está bastante torcida, de lo que enseguida se percata uno al subir sus escaleras.

De allí, y ante la proximidad del atardecer, enfilamos carretera hacia Amarapura, el lugar donde se encuentra el puente de teca más largo del mundo (1,2 km.). El puente de “U Bein”, construido en 1.849, es uno de los lugares más fotografiados del país y a esas horas está lleno de vida: pescadores, niños jugando, monjes cruzándolo en bicicleta, etc… Nos sentamos en el puente mientras disfrutamos de una animada conversación con una niña que pinta a Valle la cara con Thanaka, viendo como se va poniendo el sol en el horizonte, todo muy bucólico. Antes de llegar a la GH, el conductor nos lleva a las oficinas que la agencia de viajes “Seven Diamonds” tiene en la calle 82, entre la 26 y la 27. Allí cambiamos dólares a 1.040 K, un poco más bajo que en Yangon, pero no tanto como esperábamos.

Después de una reparadora duchita nos vamos a cenar al restaurante indio “Marie-Min”, en la calle 27, entre la 74 y a 75. Regentado por una familia india-católica, está en la planta de arriba de su propia casa, donde tienen también una interesante tienda de antiguedades. La comida está de vicio, recomiendo el dhal de lentejas. Por 8.000 K nos ponemos las botas. Después de cenar llueve, así que cogemos un rikcshaw para ir a la GH. Su conductor nos da un par de paraguas para que nos tapemos, la imagen no puede ser más extraña, jejeje.

viernes 16 octubre: EN BUSCA DE LAS PITONES DE PALEIK

Hoy nos levantamos y decidimos alquilar una moto para conocer los alrededores de Mandalay. Alquilar una moto en Myanmar, al contrario que en otros países del sudeste asiático, no resulta tarea fácil. No hay empresas que se dediquen a ello de una manera profesional, por lo que se tiene que negociar con la gente de la calle, que en principio se muestra algo reacia, ante el temor de que el binomio “moto-turista” pueda sufrir algún daño, lo que le ocasionaría algún que otro quebradero de cabeza. De todas formas no tardamos en conseguir una en la puerta de la GH. Un chaval nos deja su moto de 110 cc, hasta las 14:00 h. (unas 5 horas), por 5 dólares.

Siguiendo las indicaciones de la Lonely así como la de algún lugareño, ponemos rumbo a Paleik, una localidad distante unos 20 kilómetros de Mandalay. Aunque Paleik se encuentra dentro del circuito de las ciudades antiguas, son pocos los visitantes que hasta allí se acercan. Lo más destacado de esta tranquila localidad de carretera es la pagoda “Yadana Labamuni Hsu-taung-pye”, más conocida como “la pagoda de la serpiente”. Su nombre se debe a las tres pitones gigantescas que duermen enrrolladas a la imagen principal de Buda. Diariamente son lavadas y alimentadas por los monjes a las 11:00 en punto.

Pues nada, tras un paseo de poco más de media hora, con parada de la policía incluída, llegamos a “la pagoda de la serpiente”, para ser testigos de tan curioso ritual. Vemos, como efectivamente, a las 11:00 en punto, los monjes cogen las serpientes y las llevan hasta unas bañeras habilitadas en el interior del recinto y comienzan con el proceso de lavado y adecentado de los impresionantes bichos. El lugar está lleno de jóvenes birmanos con ganas de fiesta haciéndose fotos con las pitones. Es una auténtica locura porque hasta hay parejas con su bebés de pocos meses posando al lado de las serpientes. Si una de ellas abriera la boca, el bebé sería engullido en cuestión de segundos. Ellos sólo hacen que sonreir y mirarnos orgullosos de sus serpientes.  Es una verdadera pasada lo diferentes que somos los humanos, el choque cultural es brutal. Después de esos momentos de tensión decidimos ir en busca de un garito donde tomar algo.

Paramos en un local de carretera de camino a Mandalay y nos tomamos un refrigerio. Al llegar a la ciudad nos vamos a comer al “Shwe Pyi Moe Cafe”. El local siempre está abarrotado y se come muy bien y a muy buen precio. Degustamos unos rollitos exquisitos, unas gambas rebozadas y un par de creps por sólo 2.000 K. Esa tarde la pasamos deambulando por los mercadillos que se montan alrededor del “Zoioke Market”. No dejamos de hacer fotos, el ambiente es muy auténtico y una vez más, no vemos a ningún turista por la zona. Nos tomamos un lassie y un helado en el “Nylon Ice Cream Bar”, en la calle 83, muy cerca de nuestra GH.

Como necesitamos imprimir unas cosas, preguntamos por un local de internet que tenga acceso a hotmail, y nos recomiendan el “Tri internet”, en la calle 24, entre la 82 y la 83. El garito es muy recomendable aunque hay muchos ordenadores y el calor dentro es insoportable. Nos cobran 500 K por hora de conexión y 200 K por cada página impresa. Antes de cenar nos damos una vuelta por el barrio indio donde están celebrando una fiesta religiosa y tienen montada una especie de feria con atracciones, juegos y hasta un cine enmedio de la calle, donde están proyectando, como no, una peli de Bollywood. Esa noche, nos pegamos nuestro último homenaje en el “U Cafe”. Siempre recordaré sus ensaladas de aguacates con langostinos.

sábado 17 octubre: BAGÁN, QUE ATARDECERES!!

Hoy abandonamos Mandalay para dirigirnos hacia Bagan, principal destino turístico del páis. Al final hemos decido ir en autobús, porque el viaje en barco nos parecía demasiado largo. El autobús sale a las 8 desde la estación de buses de Mandalay, situada a las afueras de la ciudad. El viaje dura unas 7 horas y la carretera, si se le puede llamar así, está fatal. En la GH conocimos a un chico español que decidió ir de Mandalay a Bagan en avión, por unos 35 dólares y poco más de 20 minutos de vuelo. Pero como la aventura es la aventura, ahí estamos Valle y yo a las 7 de la mañana esperando al taxista indio con el que el día anterior habíamos quedado, y que nos llevará hasta la estación de autobuses. En unos 20 minutos estamos en nuestro destino. Por el camino hacia la estación hago una de las fotos que mejor recoge nuestro viaje por Myanmar. Se trata un grupo de monjes subidos en el techo de una camioneta La foto es “made in Myanmar” 100×100.

El billete de autobús hasta Bagan cuesta 7.500 K en la misma estación. En las GHs y agencias de la ciudad lo pagas a unos 9.000 K. Viajamos con la compañía “Shwe Min Thu”, que se supone que es de las mejores…Volvemos a ser los únicos extranjeros en un autobús bastante viejo, el cual está abarrotado y que circula todo el camino con las ventanas y las puertas abiertas. Nada más salir de Mandalay, la carretera se convierte en un camino de tierra sin asfaltar, que debido a las últimas lluvias caidas, se encuentra totalmente encharcado.  Juro que al principio pensé que se trataba de obras que se estarían realizando en la carretera, pero no, ese camino de tierra, era la carretera que une la segunda ciudad más importante del país con el principal destino turístico, sólo hay que imaginar como serán las demás.

Después dos paradas para comer, y haber atravesado, por lo menos dos ríos en los que pensé que el autobús se quedaría, a eso de las 15:00 h. llegamos a Nyaung U. Nyaung U es una de las tres poblaciones que hay dentro del complejo conocido como “Zona Arqueológica de Bagan”, y es donde más ambiente y más guest houses hay de toda la zona. Los otros dos núcleos de población son “Bagan Antiguo” y “Nuevo Bagan”, pero en ambos sólo hay hotelazos y resorts, vamos, ahí es donde pernoctan todos los viajes organizados que llegan a Bagan.

Antes de entrar en Nyaung U nuestro autobús para en la entrada del pueblo para que Valle y yo nos bajemos a pagar la tasa de 10 dólares de entrada a la “Zona Arqueológica de Bagan”. Esta tasa la tienen que pagar los extranjeros, es recaudada por el gobierno y no hay forma de esquivarla. Como desde la GH de Mandalay habíamos reservado por teléfono en la GH “Inn Wa Ga”, al llegar a la estación de autobuses de Nyaung U, nos estaban esperando con el habitual medio de transporte de la zona: el coche de caballos. Una vez en la recepción, nos recibe el simpático chavalín de la GH, quien con su sempiterna camiseta del “Arsenal”, nos da la bienvenida y nos deja la habitación con AA y desayuno por 10 dólares.

Esa tarde nos conectamos en el “Cherry Land” (dispone de conexión a hotmail) y cenamos en “A Little bite of Bagan”, una comida india deliciosa. Antes de cenar conocemos a un profesor muy majo que nos lleva a su escuela. La visitamos y nos quedamos impresionados con la labor que esta gente hace para que los críos más pobres tengan una educación con algo de calidad. Hacemos un pequeño donativo y prometemos enviarle las fotos que hemos tomado con él y los pequeñajos. Ha sido una grata experiencia.

domingo 18 octubre: HACEMOS AMIGOS Y NOS VAMOS AL MONTE POPA

Al subir a la terraza de la GH para desayunar nos encontramos a Juan y a Terín, la pareja que conocimos en Hsipaw. Está con ellos también Susana, una mallorquina muy maja que conocimos en la GH de Mandalay. La verdad, es que, en este viaje es donde nos hemos reencontrado con más gente en los diferentes lugares que íbamos visitando, y muchos de ellos españoles. Está genial que los “made in spain” cada vez salgamos más. Quizás sea por el poco turismo que había, que siempre nos encontráramos los mismos. Durante el desayuno intercambiamos vivencias y aventuras en el país y nos dicen que han alquilado una furgoneta con conductor para acercarse hasta el monte Popa. Sin pensarlo mucho nos unimos a ellos y por 5 dólares por cabeza nos llevarán hasta el “Monte Olimpo de Myanmar”, centro de culto de los nat más importante de todo el país.

Mientras estamos esperando a la furgoneta en la puerta de la GH, somos testigos de como un buen número de monjes comienzan el día mendigando por los diferentes establecimentos de la calle principal del pueblo. El personal de nuestra GH les da algo de comida y bebida.

Pasamos por otra GH a recoger al resto de la “spanish expedición” y en poco más de una horita estamos en el monte Popa.  El monte Popa en sí es un impresionante peñasco situado en la sierra que se eleva por detrás de Bagan, coronado por un conjunto de monaterios, stupas y santuarios accesibles mediante una pasarela cubierta y sinuosa. En esta pasarela hay un grupo de monos bastante traviesos, vamos, que tienes que ir con mil ojos si no quieres que te “levanten” algo.  Las carreras y gritos detrás y delante de los monos son continuas.

La subida hasta la cima no se hace excesivamente pesada, a pesar del calor y la humedad que reina en el ambiente.  Al llegar a ésta, las vistas recompensan los sudores. Al bajar nos premiamos con unos refrescos en unos de los garitos que hay al pie de la montaña. Como una de nuestras nuevas amigas tenía su vuelo por la tarde, decidimos volver a Nyaung U para comer. Lo hacemos en el “Shan Kabar”, un restaurante italiano recomendado por la Lonely.  Al parecer fue en este restaurante donde nació la pizza en Bagan. La comida es buena, pero el servicio es lentísimo.

Después de una sobremesa animada, seguimos con nuestro intercambio de experiencias viajeras en el “Novel”, un restaurante muy majo con un personal superagradable. Allí nos tomamos algún refrigerio. Hablando y hablando se nos pasa el tiempo volando y como ya casi está atardeciendo decidimos alquilar un coche de caballos para que nos lleve hasta algún templo cercano a disfrutar de la puesta de sol. El hombre nos lleva hasta un cercano templo pegadito al río y disfrutamos de los continuos cambios de colores en los templos y en la selva mientras el sol va cayendo lentamente, es una auténtica pasada la sensación de tranquilidad y de paz.

Regresamos hasta la GH en el coche de caballos. Cómo eramos cinco personas y el escuálido caballo tuvo que hacer trabajo extra, le dimos al conductor algo más de lo pactado a ver si le daba cena doble al animal. Después de una reparadora ducha y consultar nuestras cuentas de correo en el cibercafé de “A little bit of Bagan”, (1.000 K la hora) quedamos a cenar en el “Novel”. La comida es buenísima, yo cené un pescado con piña, lo recomiendo. Después de cenar, el personal, que ya conocía a Juan y a Terín, obsequió a ésta con unos caramelos de tamarindo. Estos caramelos resultaron estar buenísimos, así que todos nos propusimos encontrarlos y llevarnos unos cuantos para casa.

lunes 19 octubre: EN BICI POR LOS TEMPLOS DE BAGAN

Hoy tenemos ganas de recorrer los templos a nuestro aire. Bagan nos está gustando más de lo que esperábamos, así que seguramente nos quedaremos un par de días más. Después de desayunar en la terracita de la GH, alquilamos un par de bicicletas (1.000 K todo el día). Se pueden alquilar bicis en un montón de locales por todo el pueblo, incluso en la misma GH. Entre un mapa de los templos conseguido en el pueblo y el que viene en la Lonely nos situamos y decidimos empezar por la zona de la llanura central. El calor es sofocante y algunos caminos son de arena, por lo que circular por ellos con las bicis es bastante complicado. De todas formas, creo que visitar los templos en bicicleta te proporciona una libertad que el coche de caballos no te la da.

Nos perdemos por las sendas y estrechos caminos de la zona central de Bagan y visitamos los templos de Sulamani Kyaung, Thabeik Hmauk y Tawagu. Después de dejar estos templos, seguimos la senda de tierra y llegamos al pueblecito de Pwasaw. En estos pueblos perdidos en la llanura de Bagan parece que se haya detenido el tiempo.  Son aldeas de casitas de madera unidas por estrechas calles de arena donde no se ve un alma. La poca gente que vemos alucina con nosotros y todos quieren que les hagamos fotos. Lo que si nos resulta realmente curioso es la pedazo de antena parabólica que se gasta unos de los vecinos tal y como se puede observar en la foto de abajo.

Como practicamente se puede decir que nos hemos perdido, preguntamos a los locales de la aldea la forma de salir a la carretera asfaltada que lleva hasta “Nuevo Bagan”, y que según el mapa, debe de estar cerca. Éstos nos hacen señas (por supuesto, no hablan nada de inglés) de como coger el camino correcto de entre la maraña de caminitos de arena que hay a la salida del pueblo, y en unos minutos estamos en el camino asfaltado. De camino hacia “Nuevo Bagan” Valle se da cuenta de que lleva la rueda trasera pinchada. Menudo marrón con la solana que está cayendo y sin ningún “taller” cercano.  Pasamos por los templos de Hsu Taung Pye y Dhammayazika Paya. Desde la parte de arriba de éste último hay una vistas muy chulas de la llanura central. En el camino que va desde la carretera hasta el Dhammayazika Paya hay un grupo de casitas donde preguntamos donde podemos arreglar el pinchazo. Enseguida uno de los chicos que allí viven se ofrece a reparar él mismo la rueda por menos de 1.000 K.

Una vez el pinchazo arreglado nos dirigimos pedaleando hasta “Nuevo Bagan”. Se nota que es temporada baja y que el volumen de turistas que llega a Birmania ha descendido. No se ve un alma por la calle. Comemos en un restaurante, donde, por supuesto, somos los únicos clientes, y todas las atenciones de la gente de allí son para nosotros. Como a esas horas el hambre ya aprieta, enseguida damos buena cuenta de unos deliciosos “Shan noodles” (4.000 K ). Después de comer, nos tomamos un refrescante shake de frutas en el lujoso restaurante “Sithu”, situado a la ribera del río. Desde la terraza del restaurante las vistas del otro lado del río son alucinantes. Después de comer, cogemos las bicis y ponemos rumbo a “Bagan Antiguo” por el camino asfaltado. Visitamos los templos Seinnyet Ama Pahto, Somingyi Kyaung, Nagayon y Abeyadana Pahto.

Después de pasar estos templos llegamos hasta Mynkaba, un pueblecito donde se hallan algunos templos importantes. Allí visitamos el de Mauha Paya, y justo a la salida de este templo encontramos a una mujer que vende los exquisitos caramelos de tamarindo. Le compramos un par de bolsas (1.000 K la bolsa). Como a empieza a ponerse el sol, decidimos subir a uno de los templos más altos e importantes de Bagan, el de Shwesandaw Paya. Desde allí las vistas son increibles. El único problema es que es uno de los templos elegidos por lo tours organizados que hay en los hotelazos de “Bagan Antiguo”, así que, toca compartir atardecer con unas cuantos turistas. Vuelvo a incidir en que las vistas desde este templo son la leche y nuestras conversaciones y juegos con los niños birmanos que hasta allí suben a ver si le pueden vender algún souvenir a los turistas son igual de interesantes y divertidas. Ya de noche, enfilamos camino hasta la GH, donde nos pegaremos una reparadora ducha, para, entre tras cosas, dejar los kilos y kilos de arena que llevamos pegada al cuerpo.

Esa noche se nos hace un poco tarde y sólo encontramos abierto el restaurante “Myitzima”. Cenamos a base de pizzas y creps, escuchando de fondo a Café del Mar.  Nos vienen recuerdos a nuestras cabecitas de esas calas baleares donde en verano habíamos flipado haciendo snorkel. Cenando nos encntramos con nuestros amigos viajeros y quedamos con Juan y Susana para el día siguiente ver el amanecer, lo que conlleva levantarse a eso de las 5:30, por lo que, derrotados por el día, después de cenar nos vamos a la GH, donde caemos dormidos en cuestión de segundos.

martes 20/10/2009: AMANECER EN BAGÁN…

Hoy madrugamos más de la cuenta para presenciar la salida del sol desde alguno de los templos. El sol comienza a salir poco antes de las 6 en punto, por lo que hay que darse prisa para llegar pedaleando hasta alguno de los templos más altos. Nos han recomendado uno en concreto, pero no somos capaces de dar con él. Cuando ya comienza a despuntar el sol, subimos a un pequeño templo, cercano al abarrotado Mingalazedi, y somos testigos de un amanacer espectacular, con los cantos de los pájaritos como musiquita de fondo.

Después de hacer un millón de fotos al horizonte, según éste va adquiriendo diferentes tonalidades, y una vez ya abierto el día del todo, nos vamos a desayunar a los garitos que hay en la entrada de “Bagan Antiguo”. Nos tomamos un café y unas “palakas” buenísimas. Las “palakas” son una especie de churros o porras que desayunan los birmanos. Mientras estamos desayunando aparece un joven birmano y con la mejor de sus sonrisas nos ofrece el libro “Los días de Birmania”, de George Orwell. El chaval era muy majete, tenía 15 años y se ofreció para hacernos de guía. Aunque en un principio le dijimos que no hacía falta, él se vino con nosotros igual y de una forma desinteresada nos prometió llevarnos a los mejores templos. No tuve la picardía de apuntar su impronunciable nombre para ponerlo en esta página, y por supuesto, ahora no me acuerdo.

Así que, en compañía de Susana y de nuestro jovencísimo guía, comenzamos esa mañana nuestra ruta por los templos de Htilominlo Pahto, Shwegugyi, Thatbyinnyu Pahto, Dhammayazika Paya y el Sulamani Kyaung. En uno de estos templos se une a nosotros un simpático japonés que viaja en solitario. Está aprendiendo español y nuestras conversaciones son la mar de simpáticas. Casi que nos da el empujoncito que nos faltaba para decidirnos a visitar su país en futuro cercano.

Cuando ya aprieta el hambre, nos decidimos por el restaurante “Sarabha”, situado en el “Bagan Antiguo”. Es un poco más caro que los demás, pero nos lo habían recomendado. El cachondo de nuestro guía nos decía que fuésemos a otro que ese era muy caro. Le invitamos a comer, y aunque al principio era reacio, luego se pidió un arroz con pollo al curry (superpicante),y se puso morado. Hasta dos coca-colas se bebió.  Después de comer, y hasta que el sol comenzó a bajar un poco, nos tiramos a descansar en el jardín del restaurante.

Dejándonos guiar por nuestro amigo birmano, éste nos llevó a un templo (Shwesandaw Paya) donde apenas habían unas pocas personas, para presenciar el atardecer. Fue magnífico el disfrutar del último atardecer en Bagan. De vuelta a Nyaung U Valle vuelve a pinchar, es el colmo de la mala suerte. Pero como ya estamos casi en el local donde alquilamos las bicis, no hay problema. Después de una reparadora duchita nos tomamos una cerveza en el “Cherry Land”, donde intercambiamos nuestras aventuras del día con Juan y Terín. Esa noche cenamos en un restaurante chino de la calle principal, muy cerquita de nuestra GH.  Las gambas al ajillo estaban buenísimas.

miércoles 21 octubre: BAGÁN- YANGÓN- PATHEIN- NGWSE SAUNG BEACH, UN DÍA INTERMINABLE

Hoy nos vamos de Bagan. Queremos intentar llegar esta noche hasta la playa para pasar unos días de relax.  Las aguas del Golfo de Bengala y del Mar de Andamán bañan la costa del país, y aunque ésta es bastante escarpada, existen algunas playas de arena blanca y palmeras. En Myanmar, la playa más famosa y donde acuden casi todos los turistas es la de Ngapali. Luego están las de Chaungtha y la de Ngwse Saung. La primera de éstas es donde suelen veranear los birmanos y la segunda es una larga playa bastante virgen donde están haciendo hoteles para intentar competir con la de Ngapali. Finalmente nos decidimos por la de Ngwse Saung, a la que tendremos que llegar yendo primero a Yangon y desde allí en bus hasta la playa. Todo ésto, en un país como Myanmar supone toda un aventura.

Pues bien, nuestra aventura comienza a las 6:30 h. en la puerta de la GH, donde nos espera un taxi compartido (4.000 K) que nos llevará hasta el diminuto aeropuerto de Bagan. Volamos con Air Bagan con destino a Yangon. El billete (75 dólares) lo compramos en la agencia Sun Far Travels, situada justo a lado de nuestra GH. Como en todos los sitios en Myanmar, hay que preguntar en unas cuantas agencias, porque los precios siempre varían de unas a otras. Y es que no viene mal ahorrarse unos pocos dólares en un viaje tan largo. Despegamos a las 07:20 h. de Bagan y aterrizamos a las 09:20 h. en Yangon, previa escala de 10 minutos en el aeropuerto de Mandalay, como ya dije anteriomente, como si fuera un viaje en autobús.

Al llegar a la ruinosa Terminal de vuelos domésticos de Yangon, lo primero que hacemos es salir a la calle e ir caminando hasta la Terminal Internacional, donde hay un puesto de Información y Turismo, a ver si nos echan una mano con nuestro propósito de acabar ese día en Ngwse Saung Beach. Nos indican que debemos coger un autobús hasta Pathein y desde allí otro hasta Ngwse Saung. También nos dicen que cuando lleguemos a Pathein será difícil que haya autobuses a esas horas para llegar esta misma noche hasta Ngwse Saung. Y es que las distancias en Myanmar son larguísimas. Con el firme propósito de dormir esta misma noche en la playa comenzamos a regatear con un taxista para que nos lleve hasta la estación de autobuses de Hlaing Thar Yar, situada al este de la ciudad. Conseguimos bajar el precio inicial hasta 5 dólares, así que tras despedirnos de Juan y Terín, que habían volado desde Bagan con nosotros, metemos las mochilas en el maletero del taxi y nos sumergimos de lleno en el caótico tráfico de Yangon.

Nada más entrar en la estación de autobuses, y sin parar aún el taxista el coche, nos asaltan a través de la ventanilla del vehículo una decena de ganchos con la intención de vendernos el ticket del autobús. La verdad es que son un poco pesados, pero conseguimos comprar unos billetes por 5.000 K cada uno en el último autobús que salía con destino a Pathein. En el autobús viaja con nosotros un chico holandés que habíamos conocido en Bagan, el resto son todos locales.  Éste chico había comprado su billete en una agencia de Yangon el día anterior por 10.000 K, con esto quiero volver a advertir de la necesidad de comparar precios. La carretera de Yangon a Pathein no es que sea mala, sencillamente no existe. Es un camino polvoriento lleno de piedras. El viaje, de unos 200 kilómetros, se hace en unas 5 horas. Llegamos a la estación de buses de Pathein sobre las 16:00 h. y nos informan de que el último bus hacia Ngwse Saung había salido a eso de las 15:00. El bus diario de Pathein  a Ngwse Saung cuesta 4.000 K y sale dos o tres veces al día (cuando se llena)desde las 6 de la mañana. Otra forma de llegar a Pathein desde Yangon es en avión, pero tampoco sale todos los días.

Después de pasar cinco horas dando botes en un asiento estrecho e incómodo, sólo queríamos llegar hasta la playa y alojarnos en un buen hotel, ese iba a ser el capricho del viaje. Así que, comenzamos a regatear con un chaval para que nos llevara hasta Ngwse Saung Beach.  El chico nos ofrecía llevarnos junto con otro amigo, en sus motos por 15.000 K cada uno.  Ese precio era bastante elevado, y más contando que había que recorrer 47 kilómetros de paquete en una moto con las mochilas y por una carretera birmana. A todo esto, comenzaba a caer la noche y en el cielo se dibujaban unos relámpagos bastante sugerentes. Por fin, cuando ya casi nos habíamos hecho la idea de pasar la noche en Pathein, el chico accede a nuestras pretensiones y baja el precio a 5.000 K por cabeza, hecho!!  Cuando ya estábamos encima de la moto, me acuerdo de que apenas me quedan Kyats, así que antes de salir de Pathein, le digo a mi motorista que me lleve a algún sitio donde pueda cambiar.  Éstos paran las motos delante de su casa para repostar, resultando que son hijos de policías y viven en una especie de Cuartelillo donde campan a sus anchas un grupo de cerdos y gallinas. La situación es bastante surrealista, puesto que el cambio de moneda en Myanmar es ilegal, y nosotros estábamos dentro de una comisaría de policía. Pero el chico enseguida me lleva en su moto hasta un hotel regentado por una familia china donde me asegura que me cambiarán el dinero. Y allí se queda Valle, en esa especie de comisaría con sus cerdos, sus gallinas y rodeada de curiosos birmanos.

 Al llegar al hotel, la chinita de la recepción llama por teléfono y en un par de minutos aparece un chaval de origen indio vistiendo el tradicional longyi, el cual me dice que me puede cambiar los dólares a 950 K. No está nada mal contando que estamos en el quinto pino. Así que, con toda la confianza del mundo le entrego 100 dólares y éste desaparece en un segundo montado en su bicicleta cochambrosa.

En cuestión de 10 minutos el chico vuelve con mis Kyats. Le doy 1.000 K de propina y volvemos a donde había dejado a Valle. Desde ese punto iniciamos nuestra última etapa del día que nos llevará hasta Ngwse Saung Beach. El trayecto, dentro de lo cansados que estábamos es precioso. Atravesamos una selva por una carretera donde hay más de un letrero avisando de que en cualquier momento se puede cruzar un elefante, con un horizonte de fondo de un color rojo intenso realmente espectacular.Como la aventura no podía quedar ahí, cuando llevábamos unos 20 minutos de trayecto, a mi motorista, su moto le comienza a hacer unos ruidos raros hasta que al final se para. Pero los birmanos son gente de recursos y en una chabola que había junto a la carretera, en cuestión de minutos le dejan la moto como nueva, vamos!!, ni los mecánicos de Fernando Alonso.

Poco después, y ya de noche cerrada, el motorista de Valle, que era el único que hablaba inglés, nos dice que no han cenado, y que como se tendrán que quedar a dormir esa noche en Ngwse Saung, puesto que se les hará bastante tarde para regresar hasta Pathein, querían parar a cenar en algún sitio. Les decimos que aceptamos, pero que por favor no se demoren mucho puesto que a esas horas del día estábamos ya hechos polvo. Les explicamos nuestro viaje de ese día, desde que habíamos salido de Bagan por la mañana temprano y alucinan. Cuando han terminado de cenar continuamos con el viaje, y cuando ya parecía que no quedaba mucho, el motorista de Valle pincha la rueda. Aunque serían las 6 o las 7 de la tarde, era ya noche cerrada y las aldeas que pasábamos por la carretera carecían todas de luz, por lo que encontrar un taller abierto a esas horas se presentaba misión imposible.  Después de darle unas cuantas vueltas a la moto el chico que lleva a Valle decide llevar él mismo las dos mochilas y manda a Valle a mi moto.  De esa guisa recorremos los últimos kilómetros de nuestro trayecto y llegamos por fin hasta el pueblo de  Ngwse Saung.

Aunque nuestros motoristas nos habían asegurado que sabían llegar hasta la playa donde estaban los hoteles, tuvieron que preguntar en el pueblo porque no tenían ni idea.  Le indico que nos lleve hasta el Sunny Paradise Resort . Este hotel aparece en la Lonely y lo habíamos consultado por internet durante nuestra estancia en Bagan. La llegada al hotel fue espectacular, de los momentos que no se nos olvidarán en la vida. Se trata de un hotel resort de esos con unos jardines supercuidados, con vigilante en la puerta, cochecito eléctrico para llevar a los huéspedes a sus bungalows, etc…. y ahí estábamos nosotros, entrando los tres en una moto y el otro chaval con la otra moto llena de mochilas, empapados de sudor, sucios y agotados. Ahora quedaba convencer al chico de la recepción para que nos dejara la habitación a un precio aceptable. Comenzó pidiéndonos 70 dólares la noche con desayuno incluído y acabamos bajándola a 55. El hotel es una pasada y en recepción nos dicen que sólo somos 8 huéspedes, así que las atenciones eran de auténtico lujo. Después de una necesaria ducha cenamos en la mesa más lujosa, con diferencia, de todo el viaje.

jueves 22 octubre: CONOCIENDO NGWE SAUNG BEACH

22/10/2009: Hoy nos levantamos un poco más tarde de lo normal, y es que el día de ayer fue muy largo. Desayunamos en la terraza del hotel, junto a la piscina, y lo hacemos sólos. Parece que esté todo el hotel para nosotros. El desayuno es realmente espectacular, una mezcla entre continental y asiático de la que puedes repetir cuantas veces quieras.

En Ngwe Saung Beach hay una serie de hoteles desperdigados por la larga de casi 15 kilómetros. El nuestro es uno de los que están más cerca del pueblo, así que en un breve paseo de 5 minutos nos encontramos en el centro del pequeño pueblo de Ngwe Saung. Paseamos por sus estrechas calles en las que no se ve ni un solo turista. Más tarde nos enteraríamos de que se estaban preparando para la temporada alta, que empieza en el mes de noviembre, con la esperanza de recibir más turistas que el pasado año. Salimos a la playa y paseando por la orilla en dirección sur llegamos hasta Lover Island. Nos tomamos un refresco en el “Central Hotel”, situado enfrente de la isla y hasta nos bañamos en su piscina.

Después de visitar la tranquila Lover Island, volvemos en un largo paseo hasta nuestro hotel. En Myanmar las playas son muy tranquilas, nada parecido a lo que nosotros entendemos por una playa turística, a pesar de que en un futuro las autoridades quieren que compita con la famosa Ngapali Beach. Eso aún queda muy lejos, puesto que paseando por la playa puedes ver a la gente bañándose con el longyi, a grupos de pescadores, carros con bueyes, etc…

Al llegar al hotel nos quedamos en la piscina disfrutando de la puesta de sol, bañándonos y tomando unos zumos de frutas. Esa noche cenamos en el pueblo. Es una pasada, ya que al no haber turistas, todos los camareros de los restaurantes salen a buscarnos a la calle para que cenemos en su garito, ofreciéndonos descuentos y bebidas gratis. Finalmente nos decidimos por el “Golden Heart”. Subimos a la terraza de la segunda planta y disfrutamos de una cena a base de pescado. Recomiendo las gambas con salsa agridulce.

viernes 23/10/2009: EN MOTO POR LA PLAYA, Y CUANDO DIGO “PLAYA”, LO DIGO LITERALMENTE 

Hoy después de desayunar decidimos alquilar una moto para visitar los alrededores de Ngwe Saung. En la calle principal del pueblo hay un local donde organizan visitas a los pueblos e islas de los alrededores. En ese lugar alquilamos al dueño su moto para todo el día por 8 dólares. Nunca hay que alquilarla en el hotel, puesto que nos pedían 5 dólares la hora, una auténtica barbaridad. El chico nos aconseja visitar el pueblo de pescadores de “Sinma”, situado al sur de la playa, y nos aconseja llegar hasta él circulando por la orilla de la playa, puesto que la carretera está totalmente impracticable debido a las últimas lluvias. El camino hasta llegar a Sinma es una auténtica aventura, tenemos que cruzar un par de ríos subiendo la moto a una canoa, otros pasando por estrechos puentes de madera, vamos auténticos Indiana Jones.

Al llegar a Sinma, vemos que se trata de un pequeñísimo poblado habitado por pescadores, donde tienes que ir con sumo cuidado por sus calles para no pisar el pescado o el coco que tienen colocado en el suelo secándose al sol. Como en todos los pueblos birmanos, pasamos un rato jugando con los niños, y es que son realmente entrañables. Al ver a dos extranjeros llegando en moto por la playa se quedan alucinados. Al regresar a Ngwe Saung, nos pegamos un bañito en la piscina y aprovechamos esa tarde para descansar y poner un poco la ropa al día. Esa noche nos pegamos un homenaje cenando en la piscina del hotel en una mesa con velitas y todas las pijadas esas. Nos metemos entre pecho y espalda una sopa de calabaza, ensalada thai de verduras, un pescado al estilo khmer, una parrillada inmensa con calamares, langostinos, almejas y cangrejo, unos brownie de chocolate de postre, con un par de cervezas Tiger por 23 dólares, con diferencia, la comida más cara de toda nuestra estancia en Myanmar.

sábado 24 octubre: FIESTA DE LA DONACIÓN

Como hoy es nuestro último día en la playa, nos lo queremos tomar como auténtico “día de relax”. Por eso pasamos toda la mañana en la piscina del hotel leyendo, por lo que aprovecho para poner al día todas las notas del viaje, y como no, disfrutando de la playa y la piscina. Y es que para ser un hotel de esta categoría, los refrescos en la piscina sólo cuestan 1 dólar.

Comemos en la cafetería del hotel y uno de los camareros nos cuenta de que esa misma tarde hay una fiesta en el pueblo, conocida como la fiesta de la “Donación”. Nos explica que se trata de una especie de pasacalles donde todos los hoteles del pueblo montan una carroza y ofrecen regalos y dinero a los monjes del templo local. Así que justo después de comer nos acercamos hasta el pueblo y somos testigos de una auténtica fiesta birmana. La gente bebe, ríe y se divierte como en cualquier otra parte del mundo. Son unos cachondos los birmanos con un par de copas de más y como somos los únicos guiris que hay en la calle, hasta nos invitan a subir a sus carrozas y se ponen a bailar con nosotros. La verdad es que vivimos una experiencia muy divertida.

domingo 25/ octubre: DE VUELTA A YANGÓN. NUESTRA ETAPA BIRMANA SE ACABA

Hoy nos vamos de Ngwe Saung hacia Yangón. Para ello debemos coger un autobús en el pueblo. Lo hacemos a las 6:30 de la mañana. Salen a varias horas. El autobús está en la calle principal del pueblo y sale hacia Pathein cuando se llena. Conviene comprar el billete el día anterior para asegurarse la plaza. Nos cobran por el billete 8.000 K. Nosotros desde nuestro hotel vamos andando, pero si estás alojado en otro más lejos, hay que gestionarse un motero que te lleve hasta el pueblo. El autobús está que da pena verlo. En cuanto se llena de gente con su carga: sacos, bolsas, artilugios de lo más raro y hasta un motor, el conductor sale con destino a Pathein.

Al llegar a Pathein paramos a estirar las piernas y nos cambian a un autobús un poco mejor que el anterior y nos preparamos para dar botes, porque la carretera está igual que cuando vinimos. Después de un par de horas dando botes y tragando polvo hacemos una parada para comer. Me pido un bol de “mohinga”, una especie de sopa que comen los birmanos bastante nutritiva. Cuando salimos para continuar el viaje, el autobús sufre una avería en medio de la nada. Otra hora más hasta que el conductor y sus ayudantes son capaces de repararlo. La verdad es que en estos viajes en autobús acabas derrotado, pero contactas de verdad con la sociedad birmana y su día a día.

A las 14:30 horas llegamos a la estación de autobuses de Hlaing Thar Yar, enYangón, después de 8 horas de viaje. Allí cogemos un taxi y le decimos que nos lleve hasta la zona de la Sule Paya. El conductor nos pide 7 dólares, pero acabamos dejándolo por 4, y es que somos los únicos turistas que hay en ese momento en la estación, por lo que no tiene mucho margen y nosotros nos aprovechamos de la situación. Una vez en el centro, echamos un vistazo a un par de guest houses y nos acabamos quedando en la “Garden GH”, situada en la misma rotonda de la Sule Paya. Viene en la Lonely, es bastante básica, pero nos dejan una habitación con AA, baño y desayuno por 10 dólares, y lo mejor de todo es su situación.

Después de pegarnos una ducha y soltar kilos y kilos de arena nos damos una vuelta por el centro, que al ser domingo, está atiborrado de gente. Nos tomamos un refresco en un local lleno de jovencitos birmanos, justo detrás del ayuntamiento. El garito se llama “Mr. Brown” y tienen comida preparada. Paseamos por el barrio indio en dirección a China Town y nos conectamos en un ciber a internet, ya que durante nuestra estancia en Ngwe Saung no nos hemos podido conectar. El sitio se llama “Virus II”, está en la calle Anawrahta y cobran 400 K la hora. Además tiene conexión a hotmail.

Esa noche acabamos cenando en el restaurante “Noodle House”, en la calle Phoone Gyee. Las gambas con piña son muy recomendables. De regreso a la GH por la calle Mahabandoola, cerca ya de la Sule Paya, hay varias heladerías indias con unas terrazas muy animadas. Nos sentamos en una de ellas y nos pedimos un lassie y una faruda. El lassie es un yogurth indio con hielo y la faruda es una mezcla de helado, yogurth y frutas muy dulce. Disfrutamos de ese momento de relax viendo pasar la gente por la ajetreada calle Mahabandoola. Parece mentira que en ese mismo lugar, hace dos años, reprendieran de una manera tan brutal aquella revuelta de los monjes.

lunes 26 octubre: SULE PAYA Y CINE INDIO, UN COCKTAIL EXPLOSIVO

Vamos a estar un par de días más en Yangón antes de volar hacia Singapur, así que aprovecharemos para recorrer la ciudad y conocerla un poco más. Yangón suele ser un lugar de paso entre los viajeros que llegan a Birmania, pero si se tienen tiempo de sobra, creo que merece la pena perder unos días en ella para conocerla un poco más a fondo. Nada más desayunar visitamos la Sule Paya, que la tenemos justo debajo de la GH. Después hacemos alguna compra por los animados barrios chino e indio. Vamos picando unos rollitos y unas samusas en los puestos de la calle, que de verdad están de vicio. En Birmania, al igual que en el resto de países del sudeste asiático en los que hemos estado, la gente come a todas horas. Estamos todo el día paseando por la zona del centro y por la noche decidimos ir al cine, ya que en nuestros dos primeros días en Yangón nos habíamos quedado con las ganas.

Para los amantes del cine, o simplemente, para los que quieran vivir la experiencia de entrar a una sala de cine en Birmania (recomendable) ahí va la siguiente explicación: En Yangón hay varios cines: en los cines Thamada (junto al hotel del mismo nombre) proyectan películas birmanas en VO sin subtítulos, en los cines Shae Saung que hay en Sule Paya Road, justo enfrente del hotel Traders ponen películas de Bollywood en VO con subtítulos en inglés y en los cines Mingalar Theatre, enfrente del mercado de Theingyi Zei, en Shwe Dagon Pagoda, proyectan películas americanas en VO sin subtítulos. Nosotros esa noche nos decidimos por el cine Shae Saung ya que Valle es una enamorada de la cultura india. La verdad es que nos lo pasamos como enanos comprando la entrada, y es que muy pocos turistas deben ir al cine en Yangón. El cine es un teatro con sus palcos, anfiteatros, etc…..La entrada más cara cuesta 1.600 K y es en la planta de arriba. Disfrutamos de la peli y del contacto con el resto de espectadores que están todo el rato mirándonos y riéndose con nosotros. Vuelvo a repetir que esta gente es una pasada de agradable y está ansiosa por descubrir cosas y gente nueva. Al acabar la peli nos vamos dando un paseo por las oscuras y solitarias calle del centro de Yangón.

martes 27 octubre: MÁS BARRIOS DE YANGÓN Y MÁS CINE…

Mientras estamos desayunando en la GH, por cierto, con unas maravillosas vistas de la Sule Paya, nos enrrollamos a hablar con una madura pareja de viajeros. El es inglés y ella neozelandesa, acaban de llegar a Myanmar y van a estar un mes por el país. Nos preguntan por los lugares que hemos visitado y les hacemos algunas recomendaciones. Damos un paseo por Boioke Market y aprovechamos para cambiar los últimos Kyats del viaje. Cambiamos a 1.040 K cada dólar. Hoy los euros nos los cambian a 1.500 K, la verdad es que el cambio en este país es una auténtica locura. Cogemos un taxi para que nos lleve hasta la Chaukhtatgyi Paya (1.500 K). Se trata de una pagoda alojada en una gran nave, al nordeste de la ciudad. Alberga un Buda de dimensiones enormes, sólo superado por la figura de Bago.

Después de contemplar un rato la enorme figura de Buda, nos vamos paseando hasta el People’s Park. Desde allí cogemos un taxi (1.500 K) hasta Chinatown, donde comemos. Compramos unas entradas para los cines Mingalar Theatre para esta noche (1.200 K). Nos vamos a descansar al hotel un poco y esa noche vemos la última de X-Men, junto a un montón de jóvenes birmanos pegando gritos en cada una de las escenas de acción.

Esa noche, después de la peli, damos un último paseo por Chinatown y comemos algo en los puestos callejeros. Tras esto, subimos por última vez al último piso de la torre Sakura para despedirnos de ésta forma de la ciudad. Las vistas de la Shwedagon Pagoda desde la cafetería de la torre son realmente espectaculares.

miércoles 28 octubre: DE MYANMAR A SINGAPUR, “REGRESO AL FUTURO”…

Hoy madrugamos porque a las 08:30 sale nuestro vuelo que nos llevará a Bangkok, para desde allí, empalmar con otro hasta Singapur. Cogemos un taxi desde la GH hasta el aeropuerto (5.000 K). En 20 minutos, y sin nada de tráfico, estamos en la terminal de vuelos internacionales del aeropuerto de Yangón. Las tasas de salida del aeropuerto son de 10 dólares por barba. Ojo, porque sin haberlas pagado no se puede facturar. Despegando nuestro avión de Air Asia nos despedimos por la ventanilla de Myanmar, un país muy auténtico que ha calado hondo en nosotros, sobre todo por su gente.

En el aeropuerto de Bangkok, para nosotros ya bastante familiar, esperamos la salida del vuelo que nos llevará hasta Singapur, donde pasaremos los últimos tres días de nuestro viaje. Volvemos a volar con Air Asia, no me cansaré de repetirlo, la mejor compañía para vuelos por el sudeste asiático. A la hora prevista estamos aterrizando en el moderno aeropuerto de Changi. Sin lugar a dudas, es el mejor aeropuerto que hemos visto jamás. En las zonas de embarque dispones de sala de masajes, internet, play-station, bus turístico a Singapur, piscina, hotel por horas…… y casi todas esas cosas gratis, una auténtica pasada!!

Y es que Singapur está a otro nivel. El cambio de Myanmar a Singapur es como haber viajado más de 100 años en el tiempo. Dicen que Singapur es la ciudad de las prohibiciones, y es que está prohibido tirar cosas al suelo, fumar en sitios cerrados, cruzar la calle fuera del paso de peatones, etc……y vaya que si lo cumplen, fuimos testigos de cómo una policía denunciaba a una cola de gente que cruzaba una calle con el semáforo en rojo para ellos. El resultado de todo eso es una ciudad modelo, es decir, un sitio en el que todo está limpio y ordenado. La moneda que utilizaremos durante nuestra estancia en la ciudad del León será el dólar de Singapur. El cambio actual es: 1 euro = 2 dólares de Singapur.

Sin salir aún del aeropuerto ya se nota a que tipo de país has llegado. El funcionario de inmigración que te a de sellar el pasaporte te recibe con la mejor de sus sonrisas con un “Welcome to Singapur”, y te da un caramelo. Al salir al exterior de la terminal todo está ordenado: hay shuttle bus, taxis y autobús para ir a la ciudad. El shuttle bus (9 dólares) sale cada 45 minutos y va dejando a cada uno en su hotel, pero acababa de salir y había que esperar un buen rato. El autobús tenía la parada lejos de nuestro hotel, así que cogemos un taxi (18 dólares). En poco más de 20 minutos estamos en el Hangout Hotel. Lo habíamos resrevado por internet y nos salió a 40 euros la noche la habitación doble con desayuno e internet gratis. También tienen habitaciones compartidas más económicas. Aunque es una especie de albergue, está muy bien, todo muy limpio y muy moderno. El aspecto desde el exterior es una pasada. Además, está muy bien situado, a un paso del barrio indio y de la calle Orchard. Esa noche cenamos en el restaurante Shish Mahaj, en Little India, junto al Albert Court Hotel. Comida india muy buena, aunque un poco caro para lo que es Singapur.

jueves 29 octubre: CONOCIENDO LOS BARRIOS DE SINGAPUR

Nos levantamos algo tarde por lo que no llegamos al desayuno del hotel, ya que es hasta las 09:30 h. Tomamos algo de fruta en el Sophie Center, un centro de comidas que está abierto las 24 horas, justo al lado del hotel. La fruta en Singapur la verdad es que entra por los ojos, con sus vivos colores y aún mejores sabores. En general la comida en Singapur es muy barata. Junto a las compras, es el primer pasatiempo de los habitantes de esta pequeña ciudad-estado. Aunque algo aburrida para algunos (el término anglosajón “Singabore” ya lo define), la verdad es que Singapur es una isla con un montón de posibilidades. Es como estar en un parque temático todo el tiempo, con sus colores, limpieza, orden, etc…. Sus habitantes son una mezcla de indios, malayos, chinos y occidentales. La ciudad está dividida en barrios: Little India, China Town, barrio árabe, Distrito Colonial y Marina Bay.

Después de desayunar ponemos rumbo a Little India, muy cerca del hotel. Todos los edificios son de unos colores muy vivos y alegres. Está lleno de guets houses y comercios regentados por indios y por todos lados huele como a jazmín. Visitamos el templo de Veeramakaliamman, en la calle Serangoon, el templo más importante del barrio. Después, y sin abandonar el barrio indio entramos en el centro comercial Mustafa Centre, realmente inmenso. Cuando entras te cierran con unas bridas las mochilas por motivos de seguridad.

Seguimos caminando y llegamos por Arab street hasta el barrio árabe. Está todo muy limpio y ordenado. Visitamos la gran mezquita del Sultán, para lo que nos tenemos que poner unas batas. Están orando dentro y por supuesto no se puede entrar. Nos dan una explicación sobre su historia y construcción. Tomamos un refresco en un bar enfrente de la gran Mezquita y ponemos rumbo a Bugis street. Es una calle muy animada llena de centros comerciales, donde comemos.

Ya por la tarde, y cuando estamos hartos de tanto centro comercial y tanto consumismo, paseamos hasta el famoso hotel Raffles, un verdadero monumento arquitectónico, testigo del pasado colonial de la ciudad. Fue allí donde en 1902 se inventó el “Singapore Sling”, el famoso cocktail, y al parecer, todo ello sucedió en la sala de billar, mientras en el exterior se daba caza al último tigre de Singapur. También paseamos por la Universidad, Museo de Arte de Singapur y por el Monumento a los caídos en la II Guerra Mundial. Después ponemos rumbo a Marina Bay, atravesando la calle St. Andrew’s road por lo que pasamos por el Ayuntamiento y la Catedral de St. Andrew’s. Enfrente está el Padang, antiguo campo de cricket fundado por los ingleses en 1852. Ahora, además, se juega al fútbol y al rugby. Pasamos por delante del teatro Victoria y el imponente Museo de las civilizaciones asiáticas hasta llegar al hotel Fullerton, el hotel más caro de la ciudad. Los alrededores del hotel Fullerton están plagados de rascacielos y es donde se celebra el Gran Premio Nocturno de F1 de Singapur. Detrás del hotel, y en Marina Bay está el Merlión, mitad pez, mitad león y símbolo de la ciudad. Y enfrente del Merlión aparace imponente el Esplanade Theatres on the Bay, un edificio modernísimo, cuya forma recuerda al durión, y que alberga en su interior un teatro, restaurantes y salas de conferencias.

 

Nos hinchamos a tomar fotos del atardecer en la bahía juntos a decenas de personas que hacen exactamente lo mismo. Desde allí continuamos andando por Boat Quay y la calle circular hasta llegar a Chinatown. En Boat Quay hay un montón de restaurantes de esos pijillos para cenar. Nosotros lo hacemos en Chinatown. Cenamos pato y pescado, que por cierto, están buenísimos. Después de cenar, como ya es tarde y estamos derrotados, cogemos el metro para llegar hasta el hotel. El billete son 2,20 dólares pero devuelven 1 dólar al entregar la tarjeta. El metro es muy moderno, exageradamente limpio y con el aire acondicionado puesto hasta los topes, no se como esta gente no se refría más a menudo.  La parada de metro de Little India está a escasamente 5 minutos andando del hotel.

viernes 30 octubre: DE COMPRAS POR ORCHAD ROAD

Hoy es nuestro último día en Singapur, y como ayer nos pateamos casi toda la ciudad, para hoy hemos pensado hacer unas comprillas, y que mejor que hacerlo en la calle Orchad. La calle Orchad está llena de centros comerciales, vamos, una auténtico “shopping paradise”. Aunque algunas cosas sí que están más baratas que en casa, Singapur ya no es el chollo que se ve que era hace unos años. Después de un durísimo día de tiendas nos vamos a cenar a Clarke Quay, una moderna zona de ocio llena de restaurantes y pubs. Antiguamente esta zona eran unos cochambrosos canales llenos de almacenes chinos. La verdad es que han dejado el sitio de maravilla, muy asiático, con sus lucecitas y esas cosillas tan americanas que tanto les gustan. Queremos cenar en el restaurante Jumbo, que lo habíamos visto recomendado por otro viajero en un foro, pero al no tener mesa reservada nos hacen esperar una hora.

Mientras esperamos, cruzamos a la otra parte del canal y nos tomamos un Singapur Sling en la terraza del restaurante japonés Tizakaya Tomo. Cuando ya tenemos la mesa, pedimos unas gambas de entrante y como plato principal, el plato estrella de Singapur: CRAB CHILI. Hay que pedir un único cangrejo para los dos, puesto que el nuestro pesa más de 1 kg. Está un poco picante, pero buenísimo. Luego pedimos un plato de fruta de postre. Todo eso más dos coronitas nos sale a 45 euros, que no está nada mal, si tenemos en cuenta el sitio tan bonito donde estamos.

sábado 31 octubre: Y COLORÍN, COLORADO, ESTE CUENTO…

Hoy regresamos a casa, así que después de desayunar cogemos un taxi (16 dólares) y nos lleva hasta el aeropuerto. Una vez en la zona de facturación, el tiempo de espera se nos pasa volando consultando internet y haciéndonos un masaje de pies y espalda, todo ello gratis. Tras volar con Air Asia hasta Bangkok, allí enlazamos con el vuelo de Qatar Airways que nos llevará hasta Madrid. Una vez en la capi, cogemos el último vuelo hasta Valencia donde Fabri y Elena vienen a recogernos. Ahora toca lo de siempre: pasar un par de días o tres en una nube, hasta que la rutina del trabajo y el día a día entre del todo en nuestras mentes y pasemos a ver el viaje como uno más en nuestras mochilas. Lugares y gentes que hemos conocido y que no olvidaremos jamás.

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13 comentarios

  1. Maria Rosa

    Acabo de leer vuestro impresionante viaje, qué maravilla y qué ganas de adentranos en Myanmar.

    Como os comentaba en otro post sólo tenemos 12 dias. Qué ruta nos recomendariais? Iríamos desde Bangkok y vuelta.

    Muchísimas gracias!

    11 enero, 2011 en 21:32

    • Hola María Rosa, ya vi tu otro post. En un correo personal te hablo sobre el viaje.

      11 enero, 2011 en 21:39

  2. marifé

    Gracias chicos, me acabo de leer de cabo a rabo vuestro blog. Planeo viajar a Myanmar este verano. Espero que me vaya tan bien como a vosotros. Estoy segura de que así será. Gracias por compartir la experiencia.

    30 mayo, 2011 en 19:01

    • Hola Marifé,

      Espero que disfrutes de Myanmar y de su gente, es un país diferente y maravilloso. SI quieres enviarme una foto de tu viaje la publicaré en la sección “viajeros agradecidos”

      Un saludo y ya sabes donde estamos.

      31 mayo, 2011 en 17:57

  3. Acabo de descubrir vuestro blog y acabo de recordar mi viaje por Birmania del 2007 (sí, estuve cuando las manifestaciones… im-pre-sio-nan-te). El caso es que estas navidades vuelvo otra vez y no hay nada como leer un relato como el vuestro para que me vengan a la memoria todos los buenos recuerdos del anterior viaje.

    Una abraçada des de València! (i per cert, ja vos he ficat un link del vostre blog a la nostra pàgina. Els nostres lector m’ho agraïran)

    24 julio, 2011 en 8:26

    • Hola Toni,

      Myanmar es un país de esos que no te dejan indiferente. Menuda vivencia tendrías en 2007 con la que se lio en Yangón, ufffff. Ahora mismo voy a poner un enlace a tu página, es buenísima!!

      Un saludo desde Benicassim

      24 julio, 2011 en 9:18

  4. jaime y ele

    gracias por toda la info q dais , mucho mejor q las guias,,:)), por cierto q os parece este itinerario? dos noches en yangon, dos en inle, dos en mandalay , tres en bagan. ¿quitariais una en bagan y la pondriais en inle?, asi nos sobrarian al final dos o tres dias para hacer algo de playa……..que tal las playas de myanmar ,? son bonitas? se puede hacer snorkeling..etc? , habiamos pensado (dependiendo de como vaya ) q ya que volvemos de bangkok a lo mejor hacer playa en tailandia, ¿habeis estado en las playas de tailandia?, ¿alguna recomendación?

    muchas gracias y a seguir viajando….

    9 octubre, 2011 en 18:54

    • Hola Jaime, me alegro que nuestro blog os sirva para organizar vuestro viaje. Ahora mismo te contesto a tus dudas en un email

      18 octubre, 2011 en 14:37

  5. olga

    Hola, felicitaciones por vuestro blog, interesantísimo y mejor que cualquier guía.
    Estamos preparando un viaje a Myanmar en febrero y como todo es un poco precipitado os agradeceríamos alguna información como el tema de visados, presupuestos, y que, por favor, nos aconsejarais una ruta para dos semanas y cualquier cosa que penseis que deberíamos saber.
    Muchas gracias y muchos viajes!!!

    1 diciembre, 2011 en 9:18

  6. olga

    Hola, gracias por este relato, que sin duda sirve de mucha ayuda a la hora de preparar un viaje.
    Estamos preparando un viaje a Myanmar para febrero y necesitaríamos de algunos consejos en el tema visados, itinerarios, presupuesto…..
    Si pudierais poneros en contacto conmigo vía mail os lo agradecería.

    Muchas aventuras!!!!

    Gracias.

    2 diciembre, 2011 en 9:11

    • Hola Olga,

      Muchas gracias por tu comentario. Te envío un mail y te intento ayudar un poquito con tu viaje a Myanmar.

      3 diciembre, 2011 en 12:45

  7. Comentarles que su blog nos vino muy bien para nuestro viaje este año a Myanmar. Actualmente hemos comenzado nuestro propio blog contando las experiencias de nuestro viaje y por supuesto hacemos mención a su blog.

    Hemos viajado del 24 de Mayo al 16 de Junio de 2012, si alguien quiere visitarnos estamos en:

    http:\\memoriamyanmar.blogspot.com

    Saludos y gracias ; )))

    27 junio, 2012 en 17:51

    • Hola Daniel,

      Me alegro que nuestro relato del viaje a Myanmar os sirviera para organizar el vuestro. Muy bueno el blog y os pongo un enlace en “Gente Viajera”.

      Un saludo

      28 junio, 2012 en 17:42

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