fin de semana en Marrakech, agosto 2009

Hacía tiempo que queríamos visitar Marruecos y teníamos claro que la primera ciudad a conocer sería Marrakech. Así que rebuscando en internet, encontré un vuelo económico con Easyjet, saliendo desde Barajas. Para llegar hasta Madrid sólo bastó consultar la web de Ryanair, y por 7 euros por barba compré unos billetes a la capi. Marrakech es una ciudad de más de 1.500.000 de habitantes. Está situada al pie del Atlas (sur del país) y posee el zoco más grande del país y una de las plazas más concurridas de África y del mundo, la plaza de D’jemaa El Fna, lo que hace que se haya convertido en el principal enclave turístico del país. A este viaje se apuntaron Rodri y Vicky. Era su primera salida fuera de Europa, así que la cosa prometía.

viernes 07/08/2009: VALENCIA-MADRID-MARRAKECH Y CENITA EN LA PLAZA D’JEMAA EL FNA ENTRE TAMBORES, COBRAS Y MUCHO HUMO

Salimos de Manises a las 07:05 h. con destino a Madrid. Como llegamos a Barajas con tiempo de sobra, nos da tiempo de desayunar tranquilamente, eso sí, a precio de aeropuerto, y es que cada vez se pasan más.A las 09:50 h. despega nuestro vuelo de Easyjet con destino a Marrakech. Tras un cómodo vuelo de 1 hora y 40 minutos, a la hora prevista estamos aterrizando en el pequeño aeropuerto de Menara. Nada más salir del avión, el calor sofocante del sur de Marruecos en agosto, nos da su particular bienvenida. Tras sellarnos el pasaporte la policía de inmigración marroquí y cambiar algo de dinero (1 €=11 MAD), salimos al exterior del aeropuerto. Comentar que en inmigración son bastante estrictos con la correcta cumplimentación de la ficha de entrada al país.

Una vez en el exterior del aeropuerto hay dos opciones para ir a la Medina, que es donde están la mayoría de los riads. Se puede ir en taxi o en autobús.

Al salir de la terminal hay un montón de taxis con sus conductores esperando la llegada de turistas y sus dirhams recién cambiados. Ellos solitos vendrán a por tí y te empezarán a ofrecer precios para llevarte a la plaza D’jemaa El Fna, que es donde te suelen dejar, ya que por las calles de la Medina no circulan coches.

La segunda opción es ir en autobús. Están bastante bien y salen cada media hora de la parada que hay nada más salir de la terminal del aeropuerto, justo a la izquierda. El precio del bus es de 20 dirhams el billete de ida y 30 dirhams el de ida y vuelta. La parada en la Medina la tienen justo enfrente de la Koutubia, al lado de la plaza D’jemaa El Fna.

Cuando nosotros llegamos se había ido ya el autobús, así que mientras esperábamos la llegada del siguiente, se nos acercaron un par de taxistas a ofrecernos sus servicios. Después de un breve regateo nos fuimos en un “grand taxi” los cuatro por 50 dirhams, un precio cojonudo por lo que más tarde comprobaríamos. En Marruecos hay dos tipos de taxis: los “petit taxis”, vehículo pequeño para 3 personas y los “grand taxis”, que suelen ser mercedes antiguos y son para 4 ó 5 personas. Éstos últimos pueden salir de los límites de la ciudad.

En el taxi tenemos nuestro primer contacto con el caótico tráfico de Marrakech: motos por todos lados, toques y toques de claxon, poco respeto por las señales de tráfico, peatones que cruzan las grandes avenidas a tumba abierta, etc…

En cuestión de 10 minutos el taxista nos deja en plena plaza D’jemaa El Fna. Antes de salir del taxi, el conductor ya nos estaba ofreciendo un tour por los alrededores para el día siguiente, pero como va a ser un viaje relámpago, le decimos que no, que con conocer un poco Marrakech tendremos suficiente, el resto lo dejaremos para otra ocasión. Bajamos andando por la pintoresca rue Riad Zitoun el Oedim hasta llegar hasta nuestro riad.

Los riads son el alojamiento tradicional de los antiguos marroquís. Básicamente son grandes casas situadas en su mayoría en la medina, las habitaciones están dispuestas alrededor de un bonito patio con fuente y decorado con mosaicos. En la planta baja suele haber un gran salón donde recibir los invitados. Las habitaciones de un riad suelen tener grandes ventanas hechas de forja o de madera tallada.

Habíamos reservado dos habitaciones en el Riad Carina, en la rue Berrima Derb Touareg, 76. Un alojamiento acogedor con un personal de primera. La culpable de la elección fue Vicky, que fue la encargada de la ardua tarea de elegir un riad en Marrakech, y es que hay tantos y todos son tan bonitos que es difícil decidirse por uno. En la decisión final por el Riad Carina pesó mucho el haber leído comentarios de otros viajeros que hablaban muy bien del trato recibido. Más tarde comprobaríamos que fue todo un acierto.

Tras acomodarnos en la habitación y después de una refrescante ducha nos disponemos a buscar un sitio para comer. Una vez en la plaza D’jemaa El Fna, centro neurálgico de la Medina, nos decidimos por el restaurante Chez Chegrouni. Comemos en la planta de arriba, desde donde hay unas magníficas vistas de la plaza, pero a cambio de soportar un calor que a esa hora del día empezaba a ser insoportable.

En nuestra primera comida marroquí elegimos un par de ensaladas de la tierra, un par de cuscús (pollo y cordero), unas brochetas y kefta con huevo. La verdad que está todo muy rico, aunque meterse para el cuerpo el cuscús ardiendo con esa temperatura resulta costar más de lo esperado.

Tras nuestro primer encuentro con la rica cocina árabe nos damos una vuelta por el zoco.

El zoco de Marrakech es el mercado más grande de todo el Maghreb y se accede directamente desde la plaza. Inmediatamente percibimos el bullicio y la animación en las callejuelas laberínticas, algunas cubiertas por lamas de madera para protegerse del sol, donde comerciantes y artesanos intentan cada día hacer su negocio con locales y turistas. Alli puedes encontrar básicamente de todo, desde las famosas babuchas bereberes hasta lo último que se pueda uno imaginar.  Estamos por allí un buen rato hasta que nos retiramos agotados hasta el riad a descansar un ratillo.

Después de descansar en la habitación, volvemos a la plaza D’jemaa El Fna a cenar. Ya ha anochecido, por lo que la plaza se encuentra en su punto álgido.  Los encantadores de serpientes que están durante todo el día a la caza de la foto con el turista han dejado paso a los contadores de cuentos, maestros exponiendo sus enseñanzas, danzantes, dentistas, vendedores de zumos de fruta, acróbatas, escritores de cartas, aguadores… un infinito número de actividades y personas que se juntan y van abarrotando la plaza y sus callejas adyacentes según va llegando la noche.

Los puestos de comida especializados, inundan con la noche una parte de la plaza, que queda iluminada por cientos de lucecitas e inundada de humo con multitud de olores.

Dejándonos aconsejar por los comentarios leídos en un foro de viajes, buscamos el puesto de comida número 31, y debe de ser cierto que es de lo mejorcito de la plaza, porque está abarrotado. Después de esperar un ratito, por fín nos sentamos en los estrechos banquitos que rodean el puesto. En este puesto sólo sirven salchichas, hígado encebollado y brochetas. Lo acompañan de una salsa de tomate natural y como no, de coca colas, ya que en Marruecos, al ser un país islámico, es un poquito difícil encontrar un lugar donde te sirvan una cerveza. Cenamos los cuatro por unos 200 dirhmas (estafilla del espabilado lugareño incluída), que no está nada mal, contando con que salimos hinchados de comida. (y de humo de la inmensa barbacoa del puesto). Si alguien quiere repetir la experiencia, ruego encarecidamente que antes de sentarse observe la dirección del viento.

Después de cenar nos tomamos un zumo de naranja (3 dirhams) en uno de los puestos que abundan en la plaza. De allí nos vamos dando un paseo hasta el Café Árabe, en la rue Mouassine, muy cerca de la plaza. En la última planta de este moderno garito hay una terracita muy “cool”, donde sirven cerveza fresquita, eso sí, a precio europeo. El plan era seguir la fiestecilla yendo a un garito a fumar algo de shisha, pero como ha sido un día duro, entre cerveza y cerveza vienen los primeros bostezos, por lo que decidimos dejar las cachimbas parael día siguiente y nos retiramos a la paz de nuestro riad.

sábado 08/08/2009: DE LOS PALACIOS Y TUMBAS DE LOS ANTIGUOS SULTANES AL MARRAKECH MÁS COSMOPOLITA

A las 08:00 estamos desayunando en la terraza del riad. La verdad es que tanto el chico que lleva el riad, “Badr”, como su ayudante, el simpático “Padre del Viernes” (traducción al español de su impronunciable nombre en árabe) son una gente encantadora. Llegar al riad es llegar a un oasis de paz y tranquilidad después de pasar un día en la bulliciosa y laberíntica Marrakech. Para muestra, un botón: durante los tres días desayunamos donde y cuando nosotros quisimos, por no decir el homenaje que nos pegamos en la cena del último día en la terraza del riad, la cual adornaron con pétalos de rosas, velitas, etc…..todo ello amenizado con las llamadas a oración que se escuchan cada dos por tres desde los minaretes de las cercanas mezquitas…. vamos, de película!!

Después de un reconstituyente desayuno nos vamos a ver el Palacio El Badi (entrada 10 dirhams), situado justo detrás del riad Carina. El Palacio El Badi fue construido en el siglo XVI bajo el mandato del sultán Ahmed al-Mansur Ed-Dahbi (El Dorado). Éste emprendió la construcción de un palacio monumental dedicado a las grandes recepciones y audiencias reales. Esta profusión en la ornamentación dio al palacio el apodo de El Badi, « el incomparable ». Cerca de un siglo después, el sultán Moulay Ismail decidió borrar de Marrakech todo vestigio de la dinastía precedente, y así fue como mandó desmantelar el palacio.  Así que, de los restos del antiguo Palacio, hoy en día sólo quedan sus muros desgastados sobre los que anidan las cigüeñas, que es lo que puede ver el visitante, junto con una sala donde se exponen los tronos de la Koutubia (entrada 20 MAD).

 

De allí nos vamos paseando hasta las Tumbas Saddies (entrada 10 dirhams). Éstas son una especie de cementerio de lujo para los miembros de la dinastia Saadi, parte de la historia de este pais. Es un mauselo donde reposan los restos de varios miembros de esta dinastía.

 Y la última visita cultural del día se la dedicamos al fastuoso Palacio Bahia (entrada 10 dirhams). “Bahia” es un termino que significa “lo mas bello” y es que el palacio debe su nombre a una concubina de Ba Ahmed, visir de Marruecos entre 1894 y 1900, de la cual se cuenta fue la más bella entre todas las damas de palacio, y de cuyos favores disfrutaba el visir constantemente, de ahí el nombre. ¡¡Anda que no se lo montaban mal los visires éstos!!.

 

La verdad es que la construcción impresiona. Extendiendose más de 8 hectáreas el palacio posee un montón de apartamentos suntuosamente decorados. Una de las curiosidades de su construcción es que todo el marmol procede de Italia y fue canjeado a los marroquies por kilos de caña de azúcar. ¿Que cosas, no?

Desde el Palacio Bahia subimos caminando por la animada rue Riad Zitoun Jaid, llena de tiendas y comercios de todo tipo, donde nos sentamos en una tetería a disfrutar de un refrigerio. De allí vamos al Zoco a hacer unas comprillas y a pensar donde vamos a comer hoy.

Nos decidimos por meternos para el cuerpo un shawarma, y lo hacemos en un garito de la rue Bab Agnaou (una calle peatonal bastante ancha que sale de la plaza). Después de comer nos compramos unos helados en la heladería Ice Legend. De allí nos vamos dando un paseo hasta el riad para descansar un poco.

Después de quitarnos un poco las horas de más calor en el riad, y tras dejarnos aconsejar por “Padre del Viernes”, cogemos un par de “petit taxis” (25 dirhams cada uno) para que nos lleven hasta la zona más moderna de la ciudad. Allí flipamos un poco con las grandes Avenidas Mohamed V y Mohamed VI, puesto que no nos imaginábamos un Marruecos así para nada: edificios modernos, hotelazos de lujo, cochazos, restaurantes y cafeterias de la leche, etc…

Cuando ya se hace un poco tarde para cenar, nos decidimos por el restaurante Le6, en la Avenida Mohamed VI. Tiene una terraza muy acogedora con sus velitas y todo ese rollo romanticón. Además de turistas, por allí se ve a lo más “cool” de Marrakech. Después de cenar nos vamos al cercano pub Actor’s Lounge, enfrente del hotel Mounseur Edabhi, donde nos fumamos una cachimba. De allí cogemos otro taxi y nos retiramos al riad a descansar. Esta vez nos montamos los cuatro en un “petit taxi” con un conductor que está como una cabra y le dice a Valle que se agache para no ser descubierto.  Al final nos lleva así a los cuatro pendiente todo el rato de que no le vea ni la policía ni el resto de compañeros de gremio. ¡¡Esto es Marruecos!!, jajaja…

domingo 09/08/2009: EN MOTO POR MARRAKECH, COMIENZA LA AVENTURA!

Nos levantamos temprano y después de desayunar en el riad decidimos alquilarnos un par de scooter para tener más libertad de movimientos.  Es verdad que no se ven muchos turistas en moto, pero con un mínimo de precaución, sin duda es el mejor medio de transporte para moverse por la ciudad. Tras preguntar a los chicos del riad, éstos nos recomiendan un par de sitios en la parte nueva de Marrakech donde poder encontrar motos de alquiler.

Cogemos un taxi y le pedimos que nos lleve hasta la Plaza de la Libertad. Allí, junto a una gasolinera hay un par de scooters con un cartel donde anuncian que se alquilan. El precio es de 250 dirhams por moto y día. Tras cumplimentar un pequeño contrato y hacernos las fotos de rigor, nos disponemos a sacarles todo el jugo a las motos por las concurridas calles de Marrakech.

El primer sitio al que nos dirigimos es a los Jardines Majorelle (30 dirhams), en la Avenida Yacoub el Mansour . Es un gran jardín botánico diseñado por el artista expatriado francés Jaques Majorelle en 1.924, Durante el periodo colonial en el cual Marruecos estuvo administrado por Francia. Tras su fallecimiento en 1.962, los jardines quedan abandonados, hasta que en 1.980 son comprados por Yves Saint Lurent, quien los hace restaurar.

De allí nos vamos a ver a Luis, el hermano pequeño de Valle, que casualmente está pasando dos semanas por Marruecos con unos amigos.  Son unos cuantos amigos y se están recorriendo Marruecos en coche, ¡¡que envidia!!.

Ese día comemos en el Chez Bahía, en la rue Riad Zitoun el Oedim, una de las que salen de la Plaza. Es un restaurante de aspecto bastante humilde, pero con un tagine de pollo a la miel y tomate con almendras de muerte. De primero tomamos sopa berebere.

Hace mucho calor y Valle parece tener un bajón, así que cogemos las motos y nos vamos a un moderno café con aire acondicinado en la Avenida Mohamed V a tomar un refrigerio.  Después nos vamos a descansar al riad un ratito que el cansancio empieza ya a acusarse, y es que el calor es agotador.

Esa tarde, y aprovechando que tenemos las motos, nos perdemos por la ciudad metiéndonos por las estrechas callejuelas de los alrededores del zoco, descubriendo así el Marrakech más auténtico, aprovechando para hacer las última compras.

Esa noche celebramos el cumpleaños de Vicky cenando en el riad. Nos preparan una mesa muy romanticona con pétalos de rosa y luces indirectas. Comemos unas hamburguesas de verduras muy ricas seguidas de un tagine de pollo y otro de pescado buenísimos. Todo ello acompañado de vino marroquí. Nos ponemos las botas, todos, menos Rodri y Valle, que no parecen disfrutar de la cena. El primero, por las olivas que acompañaban a los tagines y la segunda porque dice estar harta de tanto comer, ayyyyyyyyyyyy, que juventud…….

lunes 10/08/2009: INTENTO DE ESTAFA Y REGRESO PARA CASA

Hoy es nuestra última mañana en Marrakech. Después de hacer el check out en el riad, nos dividimos: Rodri y yo vamos a devolver las motos y Valle y Vicky se van al zoco de compras, y es que no se por qué, pero siempre nos pilla el toro.

Lo que en principio era únicamente devolver las motos y recoger nuestros DNIs, que se habían quedado como fianza, se tornó en un episodio un poco desagradable. El simpático chico de la casa de alquiler de motos, nada más vernos llegar comenzó a dar vueltas en torno a las motos con gesto preocupado. Nos empezó a hablar en árabe señalando la rueda trasera de una de las motos. Ya no era tan simpático como el día anterior. Estaba claro que nos decía que a una de las motos le faltaba el guardabarros trasero y que en el contrato que firmamos se especificaba que cualquier daño o sustracción sufrido por la moto corría a cargo del cliente. Lo que no estaba tan claro era que el dichoso guardabarros nos lo hubieran robado a nosotros, es decir, que seguramente la moto ya nos la alquilarían sin el guardabarros.

Así que defendiendo esa postura comenzamos a discutir, él en árabe y yo en español, por lo que íbamos a tener para rato, y el avión no esperaba. Con esa baza y la de la intimidación, (gritos en árabe y gesto agresivo) juegan ellos.

En un momento de la discusión y viendo que nos iba a resultar imposible saber si a la moto ya le faltaba el guardabarros cuando la alquilamos, le pregunté cuando costaba la pieza, y el espabilao me dijo que 300 dirhams. Le dije que si quería las cosas serias, yo le pagaría lo que costaba el guardabarros, pero con una factura del taller de repuestos. Así que nos fuimos al concesionario más cercano y allí la pieza resultaba que costaba 170 dirhams, la cosa ya iba bajando.

En el trayecto de vuelta se me éncendió la bombilla y pensé que el día anterior, cuando estábamos alquilando las motos nos hinchamos a hacer fotos. Llamé a Valle que estaba con Vicky en el zoco haciendo las últimas compras y casualmente llevaba la cámara. Para poner más emoción al asunto resulta que tanto la cámara como el teléfono de Valle estaban con la batería a punto de agotarse. Ahora faltaba que Valle viera en las fotos tomadas ayer si la moto tenía su guardabarros trasero, contando con que Valle no terminaba de tener claro lo que era exactamente el guardabarros trasero y con que su teléfono se quedó sin batería y se apagó. Así que viéndolo todo perdido, y a punto de pagar ya la pieza, recibí un sms en mi móvil con el siguiente texto: la moto no tenía el guardabarros, te están engañando….

Pasados cinco minutos Valle consiguió llamarme desde una cabina y me dijo que en un momento estarían con nosotros. Y así terminó la aventurilla de las motos: enseñando la foto donde se demostraba que nos estaban intentando timar, justo antes de que se agotara la batería de la cámara. El encargado de la “empresa” de alquiler no pudo hacer otra cosa que poner cara de tonto y devolvernos nuesros DNIs. Les dijimos que así no deben de tratar al turista y aquellos asentían, pero supongo que al siguiente guiri le volverían a hacer lo mismo. De todas formas, de los países árabes que conocemos es el más “suave”, nada comparado con Egipto o Túnez.

Y con esta aventurilla nos despedimos de Marrakech. Han sido casi 4 días muy intensos, en los que nos hemos acercado por primera vez a la cultura marroquí. Ahora sólo queda volar hasta Madrid, y de allí a Valencia en un vuelo que resultaría más ajetreado de la cuenta por culpa de las dichosas turbulencias.

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Una respuesta

  1. Increíble! Estuve unos días en Marrakech y me encantó! EStuve alojada en Riad Shambala y es un lugar alucinante: trato, comida, alojamiento… sin palabras! Espero volver pronto! Os dejo unas fotos en http://www.riadshambala.com

    20 enero, 2014 en 21:15

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